EL ROPERO DE DOÑA OROSIA

20-Pans-dels-pobres

Haz el bien, dice el viejo adagio, y no mires a quien. Bueno está si finalmente se cumple, aunque no fue el caso de doña Humildad Magallón Pardillos, natural de El Poyo del Cid, provincia de Teruel en el partido judicial de Calamocha, comarca del Jiloca, Spain. Doña Humildad Magallón Pardillos, también conocida como Parches era soltera de vocación y vivía de forma holgada con las rentas que le había proporcionado la venta de la fábrica que su señor padre, don Macedonio Magallón, tenía en el pueblo. Don Macedonio tenía la patente de la fabricación de parches de caucholín que servía, en exclusiva, a Fajas Soras, su faja señooooora.
La doña Humildad una tarde puso el televisor para ver si ya habían bautizado al hijo de Paquirrín y se encontró con que, en Grecia y Macedonia, había gran cantidad de desplazados que huían de una guerra secular. Las mujeres Magallón, en esto de la solidaridad, siempre habían cumplido con creces. Su señora abuela, doña Nazaria, fue dama de la Cruz Roja cuando lo de Anual y su madre doña Orosia Pardillo de Magallón, pasaba los veranos empujando camillas y carritos en el santuario de Lourdes, en la France, soñando con que la Virgen, Nuestra Señora, podría en un momento dado aparecérsela sobre un espino, como le ocurrió a Bernardita Soubirous.
¡Anda! ¿Y por qué no, solía decir doña Orosia. Es que una, que no es pastorcilla, pero tiene piaras de cerdos ibéricos, con perdón, en Extremadura, no va a ser menos que estas francesas que son medio laicas?
En eso tenía razón doña Orosia. Nunca se ha escrito que la Virgen, Nuestra Señora, que siempre se aparecen en el sur de Europa haga ascos a las fieles adineradas. Si no, se decía, vendría en el Evangelio del Padre Ripalda. Además, se decía, todas las noches lleno yo un azumbre de lágrimas que ofrezco para la salvación de los chinitos y los moros que no sean negros. Porque eso sí, doña Tránsito yo, lo que es para los negros, ni una lágrima, que luego se comen a los seminaristas cocidos en una olla gigante.
¿No le parece a usted, doña Pánfila. Y perdón por llamarla así, pero es que a su padre, ya le valía con el nombrecito…
No se preocupe, doña Orosia. Mi casa ha sido, de siempre, de mucho Pánfilo y mucha Pánfila.
Ya, ya… dijo doña Orosia templando gaitas.
Pues verán ustedes, señoras. Que había pensado yo, que con esto de los desastres de la guerra en el Ifni…
No es en el Ifni, doña Orosia. Me lo ha dicho mi Panfilín, que es más a la derecha del mapa. Por debajo de Turquía.
¡Bueno!, da igual. Tierra de moros. Pues, como les decía, ver esos niños, con esos ojos tan negros y tan grandes y con esa pinta de pasar hambre. ¡Oiga!, como que hasta a mí, que estoy a plan de adelgazar, me hacen bascas pensar en lo mucho que tenemos y lo poco que tienen ellos.
Muy bien, aplaudieron las damas del ropero.
¡Sí señora!, así se habla, dijo doña Pomposa, que no es mote, sino nombre. ¡Vaya pico que tiene la doña Orosia!, ¿verdad usted que sí, doña Sancia?
Ya lo creo. Como que era hija del amo de los parches.
Sí, eso es cierto. Con dinero, ¡ya se puede gastar ese pico! Pero no crea, que una, dentro de su modestia, pues en fin, para que les voy a contar a ustedes…
Doña Orosia, como presidenta del ropero, y doña Pánfila, doña Silvestra y doña Tranquilina, como secretarias fueron comisionadas por la junta directiva del ropero, reunida en sesión ordinaria en el casino de Poyos del Cid, para entrevistarse con el subdelegado de la Junta de Aragón, el señor presidente de la Diputación de Teruel y el señor alcalde presidente del Ilustrísimo Ayuntamiento de Poyos para recaudar comida en una jornada que llamaron Día del Ayuno y Vigilia de Nuestra Señora del Líbano a beneficio de los huérfanos y de los pobres de la caridad
¿Y no les parece a ustedes, señoras, que es un título un tanto largo?
No, dijo doña Tranquilina. Cuanto más largo más alimentos facilitarán para el banco.
En tan solo una semana el banco de alimentos de doña Orosia había recogido más de seis mil kilos de fideos, donados por la fábrica El sorbetón sonoro de Torralba de los Frailes y otros tantos botes de tomate, pisto manchego y pimientos del piquillo. También varios cientos de kilos de alubia, garbanzo, lenteja y arroz. En total, en tan solo siete días, más de treinta mil kilos para el banco de alimentos.
Las señoras se volvieron a reunir en el casino y, para celebrarlo organizaron un chocolate con picatostes, pastas finas –nada de perrunillas que tan del gusto son de los pobres- y pellas de leche frita. Al final de la merienda doña Orosia se mostró encantada con la recaudación pero, se mostró triste y desolada cuando hizo saber que, ahora, el gran problema era trasladar el material hasta la tierra de infieles.
Nadie lo quiere mover y no encontramos empresas o instituciones que quieran gastar en transportar los alimentos. En esta tesitura, mis queridas amigas, dijo, ya me dirán ustedes qué es lo que tenemos que hacer. Finalmente se decidió que, ya que no podría enviarse a los moros y a los desplazados, lo mejor sería emplearlo en alimentar a los pobres de la localidad.
Poyos del Cid, como ustedes pueden suponer, no tenía más que dos pobres. No pobres de solemnidad, claro, sino chicos viejos que no se habían casado y que, ahora, viejos y solos, no se alimentaban convenientemente. Doña Orosia y doña Silvestra fueron comisionadas por la junta directiva para hacerles ver a los dos supuestos pobres de la conveniencia de comer y cenar, cada día, en el banco. Ellas, y el resto de señoras del ropero, les harían de comer. Los pobres -a la fuerza ahorcan- dijeron que sí y, para evitar que los alimentos caducaran, los inflaban a comer cada seis horas. Una noche, después de cenar una fabada y un pollo relleno por cabeza, los dos pobres, como dos pavos gordos ya y hermosos a más no poder, murieron de un hartazgo a la salida del ropero.
El señor juez del Juzgado de Primera Instancia de Calamocha abrió diligencias contra doña Orosia, doña Silvestra y el resto de la Junta Directiva del Ropero de Nuestra Señora del Líbano para investigar si, las señoras, con su comportamiento irreflexivo, no hubieran cometido algún tipo de delito o falta cebando a los dos pobres hasta causarles la muerte. Afortunadamente el señor alcalde y el resto de autoridades movieron los hilos suficientes como para que el juez fuese promocionado y trasladado a un juzgado más importante por sus muchos méritos. Doña Orosia, recordó el adagio que figura más arriba y se dijo que, por la caridad entra la peste y que mucho mejor estaba haciendo calceta para el ropero que poniendo el televisor y viendo los desastres que el hambre y la guerra hacen entre los pobres.

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2 Respuestas a “EL ROPERO DE DOÑA OROSIA

  1. Aplaudo y aplaudiré una y mil veces todo los relacionado con sus escritos, con su forma de transmitir al lector lo nacido de su grandísima imaginación, que por supuesto no tiene parangón. Me quito el sombrero, que ahora no llevo por estar en ma maison, pero que quede reflejado mi admiración por sus relatos Sr.Soria, el del Blog. Una vez más mi felicitación más entusiasta. PD. Admirable los nombres se las damas y de los pueblos de nuestra querida España, lo de Poyo del Cid, me ha dejado ojiplática…

  2. La Aguela

    Me ha gustado mucho de la mitad para abajo, lo de la comida a los 2 pobres, Genial nene.