GUERRA ENTRE CLANES POR UN PEDO

Joseph_Pujol_(Le_Petomane)_at_concert

Dice la televisión –y así nos lo cuenta en facebook nuestra amiga Ana Parga- que en Torrent, provincia de Valencia, dos clanes rivales se han enfrentado a pedo limpio en sus calles como si fuera una película del far west. El resultado del enfrentamiento –siempre según el televisor- ha sido de cuatro heridos, uno de ellos en estado grave, tres detenidos y hasta un despliegue de cincuenta agentes. Y todo, por un pedo… o dos. Resulta, si es que es cierta la noticia, que a un joven se le escapó –o no, vaya usted a saber- una flatulencia que fue, inmediatamente, correspondida por otro joven del clan rival. Hasta ahí no hay más que digna pugna deportiva y disputa entre equipos, si acaso, por la tonalidad o el hedor, nunca por el hecho en sí mismo. Lo malo fue cuando a la discusión se sumaron dos mujeres. De nuevo el caso de Eva y su manzana envenenada…
Y es que en este país, que se llamó España, ya no quedan personas sensibles, educadas y caballerosas como don Camilo, el de los tres premios quien, en cierta ocasión, soltó un cuesco tremendo en una cena de gala. Don Camilo José echando pedos era como los tambores de Calanda rompiendo la hora. Pues bien, su compañera de mesa se quedó pálida la pobre y, don Camilio, que era todo un caballero, la tomó de la mano y fue y la dijo, dice: «No se preocupe, señora, diremos que he sido yo». Claro es que, don Camilo, autor entre otros, de “Gracias y desgracias del ojo del culo. Defensa del pedo” ha sido, de siempre, una autoridad académica y cultural en la oscura y aromática materia.
El pedo, el sonoro y rotundo cuesco, es gracia que el ser humano alcanza con algunas verduras –la lechuga, por ejemplo- y con casi todas las leguminosas. Pero producen eso; el pedo. El humilde y gratificante pedo muy distinto del tétrico, del quejumbroso y doloroso flato que produce el Coca-Cola y esas mierdas que nos envenenan el ron, la ginebra y la vodka. Eso sí que tendría que estar prohibido y ser motivo de disputas entre bandas y no el noble y castellano pedo como ha ocurrido en Torrent.
El pedo ha estado siempre en la cultura, a través de la literatura y otras nobles artes. Desde Aristófanes en Los Caballeros, hasta Milan Kundera y su Insoportable levedad del ser, pasando por Rabelais, Quevedo, Montaigne, Cervantes, Zola, Apollinaire, Joyce, Beckett y hasta el mismísimo Marqués de Sade. Todos han escrito –y queremos pensar que también lo habrán disfrutado- del pedo y el alivio de verlo escapar por su tronera natural del cuerpo. Todo ello sin que haya llegado la sangre al río, como ha ocurrido en Torrent. ¿Qué sería de Torrente, el personaje, no el pueblo, sin el pedo y la escatología del mismo? Nada sería igual, desde luego. Un gobierno, que encima es provisional, no puede movilizar cincuenta –ahora dicen efectivos- agentes por un simple y sencillo pedo, por muy sonoro que este hubiera sido. España, señores diputados y senadores, lo que queda de ella, no se lo puede permitir.
A principios del siglo XX hubo un humorista, don Joseph Pujol, hijo de picapedrero catalán y nacido en Marsella, France, al que llamaban Le Pétomane, o sea, el pedómano. Don Joseph, de forma natural y sin ningún tipo de boquilla de caña, como las dulzainas, era capaz de interpretar cualquier tipo de música con el propio viento de sus tripas a base de utilizar –sístole y diástole- sus músculos abdominales lo que le permitía soltar el gas a su voluntad. Vamos, que era una gaita con piernas. De esta forma, don Joseph realizaba número musicales con sus pedos y tocaba Au clair de la lune, colocándose en el sieso un flautín.

Au clair de la lune
Mon ami Pierrot
Prête-moi ta plume
Pour écrire un mot
Ma chandelle est morte
Je n’ai plus de feu
Ouvre-moi ta porte
Pour l’amour de Dieu…

También, y es cierto, conseguía apagar luces sobre el escenario. Don Joseph, no vayan ustedes a pensar que era un pedorro cualquiera, acabó actuando en le Moulin Rouge en el año de 1892 lo que, debido a su fallecimiento anterior, impidió que don Henry de Toulouse Lautrec lo plasmara en uno de sus cuadros. Pero, de haberlo visto actuar, ¡vaya que si le hubiera pintado…!
Don Joseph, -¡vaya por Dios!- nunca entendió que su profesionalidad estaba comprometida al Moulin Rouge y, una noche, por ayudar a un amigo decidió actuar en el Théâtre Pompadour, lo que le valió una demanda del carajo de la vela. Hasta ahí era de impresionante su arte. Luego, cuando llegó la gran guerra se retiró a Marsella y se metió panadero. Desde entonces, según cuentan las crónicas, don Joseph sólo se peía para sus amigos y familiares. ¡Qué gran pérdida para el mundo de la cultura!
El pedo, queridos amigos y vecinos de Torrent, nunca puede ser un motivo para desencadenar la tercera guerra mundial. Un pedo es una bendición del Señor y no debe utilizarse para molestar a los vecinos sino para unirlos y hacerles partícipes del buen funcionamiento de las tripas propias y del procomún. No está bien; no, que unos clanes, gitanos o payos, se enfrenten haciendo a la policía desplazar cincuenta miembros –con perdón de la expresión- al lugar de los hechos, lleven o no máscara antigas. España, como ya se dijo antes, señores senadores y diputados, no puede permitirse estos gastos onerosos.

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2 Respuestas a “GUERRA ENTRE CLANES POR UN PEDO

  1. Qué quiere que le diga don Usté, que el tema, aunque relevante en la zona de Torrent(Valencia) que tan bien conozco, no es santo de mi devoción… pero sí merece y mucho la pena, leerle, siempre aporta algo “ilustrativo” y “culto” a su escrito… Peloteo fuera, se entiende. Felicidades, por cierto. 🙂

  2. La Aguela

    Querido mío, afortunadamente se le está acercando, cada vez más a quien Ud. a mencionado y que era erudito en el tema como muy bien a reseñado. Grande hermano, grande.