EL BAJÍ AL-KANFORT Y SUS DESCONSOLADAS VIUDAS

CIUDAD-VIUDAS-2

Su Excelencia Muhammad al-Kanfort, bají y señor del califato del Maresme en la República Catalana Independiente y de las JONS, ha entregado su alma su Altísimo y se encuentra ya, rodeado de huríes que le bailan, en un Janah de palmeras cuajaditas de racimos de dátiles dulces y de fuentes de agua clara y cristalina, como los ojos de Sherezade, la danza del vientre y la de los siete velos, uno a uno mientras, del cielo mahometano y catalán le caen, copos de leche de camella y peluconas de oro y plata como las de cuando don Amadeo, pero con la efigie del Pujolet y la cruz blanca suiza.
La presidenta de la República, la Molt Honorable, senyora Colocao ha reunido a sus conseyeres (parientes todos en distintos grados de cercanía) y a la guardia de honor del ejército catalán popular –els mosus de corps- y les ha hecho vestir su uniforme de gala, con sus alpargatas de los domingos y una chistera de disfraz de mago para que formen, junto al féretro colocado en el Consell de Cent mirando a La Meca. La guardia de honor y el desfile que va a presidir el conseyer de Exteriores, el Semi Honorable –también en la nou Catalunya habrá clases, no crean- senyor Granuja.
Pero don Dimas que el de Esquerra no se llama Granuja, sino Rufián
¡Ah!, usted perdone. Es que con esto de la llengua uno no da una a derechas (con perdón por lo de derechas)…
Pues el senyor Rufián, como le iba diciendo, ha pasado revista, a los sones de baixan de la fot del gat, una noia y un soldat a los mosus. Ha presidido las exequias el abad de Montserrat y el Imán de la mezquita del Maresme quien, desde el interior del monumento al catalán Cristofol Culom, convertido, para la ocasión, en alminar, han rezado, siguiendo al almuédano, por el alma del finado. En La Vanguardia ex-Española varias esquelas impresas –Generalitat, FC Barcelona y TV3, entre otros. A La Piara, por motivo obvios no se le permitió imprimir su esquela- daban su pésame a sus deudos que, en este caso, eran tantos como deudas. Y no es que el moro, no, tuviera pellas a las que acometer; no. Las deudas eran sus veintitrés viudas. ¿Cómo lo ven? Y es que su Excelencia Muhammad al-Kanfort, bají y señor del califato del Maresme ha dejado, una tras otras, veintitrés viudas desconsoladas y vestidas de negro de pies a cabeza. Y no es frase hecha.
Si no fuera, don Dimas, por quedar machista le diría aquí que el merito del bají es grande… dejar desconsoladas a veintitrés viudas, casi una plantilla de fútbol, tiene su mérito ¿verdad?
Calle, calle…
Tras el discurso de la Muy Honorable haciendo hincapié en que los inmigrantes –máxime si son inmigrantas- tienen los mismos derechos, en tanto que catalanes de la otra color, que los naturales de Olot. Las viudas, decía, sin dejar pasar ni media hora, se presentaron en la Hacienda Pública Catalana a solicitar sus veintitrés pensiones de viudedad y varios cientos de pensiones de orfandad.
El funcionari, sorprendido por la presencia de toda una compañía de infantería, un estamento, una clase pasiva en pleno, una casta (¡por Dios, por Dios!) un oficio que espera su colegiación: el Ilustre Colegio de Viudas Enlutadas pidiendo en bloque la pensión. El funcionari, como debe de ser, al ver la masa compacta de negras viudas colgó el cartel de “ahora vuelvo” y se marchó al bar a desayunar.
Esto, que lo arreglen las mareas negras, se dijo para sí.
Las veintitrés viudas, con esa santa paciencia bereber que acompaña a las musulmanas, se sentaron en el sofá –unas solo, las otras estaban de pie, claro- soñaban con las montañas rifeñas mientras emitían el doloroso lamento y el crudo suspiro además de algún que otro zaghareet, ese grito agudo que emiten las viudas mientras penan su desconsuelo. El Ter y el Llobregat crecían con los ríos de lágrimas de las viudas. Sus caras, negras de la pasta de galena molina que llaman khol teñía, más si cabe, sus negras túnicas. Un llanto que, dada la tardanza del funcionari, fue cayendo de intensidad quedando, finalmente, en falso llanto cuando aparecía algún bedel.
Su Excelencia Muhammad al-Kanfort, bají y señor del califato del Maresme sonreía desde el paraíso de bailarinas esculturales y angelitos negros –Machín tenía razón- de felicidad como si fuera un héroe de Annual al verse tan gentil y apesadumbradamente recordado. Todos dejamos un vacío grande, y es normal, cuando se deja una viuda. Imagínense ustedes, mis queridos lectores, lo que debe de ser dejar veintitrés desconsoladas máquinas de penar. Las unas, llorando, las otras suspirando, otras más rasgándose las vestiduras –bueno, igual no tanto por si las moscas- por un solo caballero, por muy bají y señor de califato que se sea.
Esperemos que el dios clemente que gobierna los cielos y las estrellas, las constelaciones y los naranjales de Gandía y los fresales de Palos –sea el que sea- haya acogido al bají en su gloria pues, y esto es algo de mi coleto, mayor gloria que dejar veintitrés viudas ya va a resultar difícil de superar.
Pero oiga, don Dimas, ¿Y qué pasó con las pensiones?
Las pensiones, según dijo doña Colocao, eran cosas de España, que a fin de cuentas tenía la obligación de vigilar el paso de los inmigrantes por sus fronteras. Y, por ello, las montó en una camioneta de telas que iba camino de la frontera con Aragón y las soltó allí, como si fueran cabras.
Bueno está lo bueno, se dijo la Muy Honorable. Que tengamos que solventar también los problemas hereditarios de los españoles…

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3 Respuestas a “EL BAJÍ AL-KANFORT Y SUS DESCONSOLADAS VIUDAS

  1. Ala es grande! que dijo no sé quien… uis! perdón, perdón quería decir que usté don Angel el del Blog, es grande, que no se ya si en tamaño por la mengua de los kilos, pero si en escritura… Felicidades una vez más…

  2. Gracias a usted, joven. Por sus atenciones

  3. La Aguela

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