MÓNICA, TE QUIERO…

A

Esta mañana, como hago cada día, he caminado profusamente las calles y plazas de este albañal que llaman Madrid. He vuelto triste. No se preocupen; no. No me ha intentado asesinar ni violar un títere municipal; no. He vuelto triste porque cada mañana leo en un árbol la crónica amatoria, la epístola sexual de anónimos muchachos y muchachas que, con una pequeña navaja o la llave con la que abren su corazón al amor, plasman en el tronco añoso, lleno de nudos y desnudo de corteza de un platanero en la estación de Chamartín. Desdeño, por vanos, los mensajes políticos, las cruces gamadas o las bascas de la gentuza que insulta o veja a cualquiera o por diversos motivos. No; yo solo leo los mensajes tiernos, los mensajes de amor. Esos mensajes juveniles que, el tiempo que todo lo cura, devuelve a la cruda realidad cuando menos se espera. Gonzalo x Eva; Mónica, amor mío, te quiero, dice un anónimo amante… Este es mi mensaje favorito. Lo es, o lo era.
Hoy, en mi mensaje favorito, después de varios meses he visto una ampliación que me ha dejado las carnes heladas. Mónica, amor mío, te quiero. Así de sencillo. Pues bien hoy, la misma persona ha añadido la siguiente frase: dar por el culo, por cabrona y por golfa. ¿Qué le ha podido hacer Mónica al amante para añadir esta barbaridad? ¿Qué ha cabreado tanto al amante para poner a bajar de un burro a su, hasta ayer, idolatrada Mónica? ¿Tiene razón el amante o, por el contrario, es un celoso desmedido al que la chica ha dejado por otro o sin que exista otro que de todo puede haber?
El amor, dicen, es algo que se pasa con el tiempo. ¿Y por qué es así? Pues es así porque enamorarse es disfrazar al otro con lo que nosotros necesitamos. Y este engaño que nos hacemos lo convertimos en una exigencia hacia el otro, lo que es intolerable para la pareja. Así de sencillo. Porque tras el enamoramiento siempre, mal que nos pese, viene la realidad. Y ahí es donde hay que estar preparado y ojo avizor para acometer ese momento y no frustrarse con la cruda realidad. Ni el príncipe es siempre de color azul ni la mujer diez deja de ser –como el príncipe, por otro lado- impuntual, perezosa, vulgar o, lo que es peor, una persona normal, con sus pocas luces y sus muchas sombras, alejada de la idealización que uno se ha hecho de ella, o de él. Lo demás, se quiera o no se quiera, es tocar la ocarina de oído.
Algunas parejas, y no es el caso de la de Mónica y su cabreado amante, logran pasar de la fase de enamoramiento a la del amor y es entonces, cuando comienza lo bueno; lo real, no lo ficticio o lo que uno se ha imaginado, sino lo auténtico. Se pasa de una fase pueril o cuasi infantil –idílica e irreal- a otra plena donde el amor se vuelve generoso, gratificante, maduro y placentero. Se vuelve, en suma, pleno. Y ahí es donde se disfruta del amor.
¿Está usted seguro, Soria?
Pues no lo sé bien, don Dimas, pero a mí particularmente me gustaría que fuese así. ¡Qué quiere usted que yo le diga!
No, hoy no he podido finalizar mi paseíto con esa pizca de felicidad que me da el leer los mensajes optimistas, enamoradiscos y casi infantiles de los jóvenes que buscan, en la oscuridad de la alameda de la estación, ese momento ya tan lejano para este escribidor en que armado de una navajilla rascaba sobre uno de los negrillos que había a las afueras del pueblo donde veraneaba, grabando el nombre de aquella muchacha que vendía la leche o de aquella otra con la que soñó aquella calurosa tarde durante la siesta.
Mónica, te quiero, decía el mensaje antes de que el cafre del amante, cabreado y violento, haya prostituido ese amor que parecía eterno y que, hoy, desgraciadamente, ha dejado impreso en el árbol como una puñalada en el corazón de todos los que pasamos por el lugar. Ni nosotros merecíamos eso ni el cabestro de la navaja merece el amor de Mónica ni de tantas mónicas que por el mundo adelante caminan.

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Una respuesta a “MÓNICA, TE QUIERO…

  1. La Aguela

    Solo una cosita………….S U B L I M E
    Y precisamente hoy, muy apropiado.