MERLÍN, EX MAGO

Cuando el paladín francés Guy Andouillette de Boeuf a la Bourgignon cabalgaba su caballo bayo camino de las justas, las damas –nobles, viudas, casadas y solteras medio virago- salían a cantar sus loas y canciones de ánimo.

Y si no se le quitan bailando,
los colores a la molinera…

Merlín el mago, que por aquellos entonces ya se había retirado de la magia y había puesto una mercería parisién en Chartres, en el departamento de Eure y Loir, semiesquina a París, cogía puntos a las medias con mucha fruición.
¡Qué tío el Merlín!, decían las señoras que le llevaban las medias para coger puntos. ¡Cómo suelda! Las medias, como es fácil colegir, por aquellos entonces, no eran de nylon, sino de plomo, con lo que la raya de en medio, la que parte el dos los jarretes de las señoras, había que soldarlas muy lentamente y con mucho pulso. ¡Qué tío!, cómo me ha dejado los panties, decían, y con una laña solo…
Viendo que el negocio flojeaba y lo bien que se le daba lo del estaño y el reparar paraguas se hizo afilador-paraguero y se recorrió toda Bouglonge sur Mer con su ocarina reparando alambiques para hacer orujo de sidra, que allí llaman calvados y, también, abriendo cinturones de castidad para las viudas que, al perder el marido, no recuperaban la llave. Entonces, claro, no había costumbre de devolver la llave, como las chapas identificativas de los marines.
Abrir cinturones de castidad es fácil. Se puede hacer con una radiografía. Pero, claro, por aquellos entonces no se habían inventado las radiografías. Lo difícil suele venir después. Una vez abierto el cinturón de castidad es como abrir la caja de Pandora. La dueña del cinturón explotaba como el Besugo.
¿Será el Vesubio, don Dimas?
Usted perdone, pero es que como se está haciendo la hora de comer, ya sabe…
Siga. Siga.
Una tarde, en que el calor apretaba y la humedad relativa del aire, según dijo Brasero en Antena 3, subió hasta el 97 por ciento, Merlín loqueó chocheando, como quien no quiere la cosa.
Hay que ver, sire, le dijo sir Gareth de Orkney, a Lanzarote del Lago, que era natural de Madrid, cómo se ha quedado el pobre Merlín. A poco más dobla la servilleta.
Oiga, don Dimas, ¿de dónde se sacó usted que Lanzarote era de Madrid?
¡Anda! Y de donde iba a ser. Era madrileño y había nacido junto al Batán, por eso le decían de El Lago.
Bueno, si usted lo dice. Continúe, por favor.
Eso. A ver si me deja. Pues bien, como le decía don Lanzarote le dijo: no le extrañe a usted, don Gareth, ¿sabe usted cuántas responsabilidades y qué cosas tan importantes tienen Merlín en la cabeza? A fin de cuentas son muchas las señoras que han gozado de sus mañas y de sus consuelos.
Cuando se le pasó el caloret, que decía doña Rita, la Apandadora, puso en Madrid un negocio con los chicharros y las sardinas que, por aquellos entonces, aún llegaban a la capital en carros de mano cubiertos de nieve de Guadarrama. Lo llamó Pescaderías Coruñesas y, todavía hoy venden junto a los Cuatro Caminos, sus pescados y mariscos. En paralelo le compró la panadería a Pio Baroja, que ya había decidido darse de alta como socio del Real Madrid y escribir libros de cuentos y sucedidos del País Vasco. ¡Cómo era don Pío! Siempre con su boina negra, su batín de boatiné y sus guantes sin dedos.
¿Usted le conoció?
¡No le habría de conocer! Fue cuando su hermana Carmen se casó con el editor Rafael Caro Raggio, en cuya boda estuvimos los tres amigos de siempre.
¿Don Dimas, don Matías y Soria, el del blog?
Quite, hombre, quite… Merlín, sir Lanzarote del Lago y José María Aldea.
¡Ah! Usted perdone es que, como me cambia usted de tercio sin dar pases de pecho, no sé cuando comienza una tanda y acaba la siguiente.
¡Anda!, que taurino me ha resultado usted, don Matías.
Pues sí ya lo ve. Uno, que en esto de la Tauromaquia tiene su corazoncito echado a espadas ¿Y qué fue lo que pasó en aquella boda.
Pues lo que pasa en todas. Yo le refería eso para hacerlo ver que sí que conocía a don Pío, así como a su sobrino Julio Caro, que nació del enlace al que asistimos y que, curiosamente, parecía más viejo que el tío.
Eso sí que es verdad, a don Julio, como era antropólogo parece que se le quedó cara de viejo. Parece que no pero esto de los oficios se pega a la cara como la de los perros a sus dueños.
Bueno, vamos a ver si yo me aclaro… ¿Cómo acabó, entonces, lo de Merlín el mago?
Pues como acaban casi todas estas historias. Se entregó de lleno a la Ginebra hasta que se cruzó por el camino Lanzarote, entonces Arturo…
¿El de la CEIM?
¡Qué coño!, el de la Tabla Redonda.
Perdone, hombre, perdone, estaba disperso…
Pues Arturo expulsó a Lanzarote y murió del disgusto. Ginebra, que llamó a Merlín para que le aliviase del cinturón de castidad se lió con Merlín y se marcharon a Torremolinos, donde pusieron un bar que llamaron Birra’s Corner Pub.
Bueno, don Dimas, que lleva usted ya folio y medio y le va a reñir Soria.
Vale, vale. Hasta mañana. ¡Qué cruz! Ya no le dejan a uno ni expresarse con entera libertad…

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2 Respuestas a “MERLÍN, EX MAGO

  1. La Aguela

    MUY BUENA la “tauromaquia”, muy buena. Hay que ver como nos recuperamos, eh? Don Dimas.

  2. Y tanto, Laguela