MANOLÍN, EL DEL DALE-QUE-TE-PEGO

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La ciudad de Madrid vive bajo un manto sucio de polución y ruidos. Un manto que, en su centro histórico, es casi perpetuo. Ayer, don Dimas, don Matías y Soria, el del blog, lo sufrieron de primera mano. Aunque, en buena lid, hay que reconocer que también lo disfrutaron. Eso sí tuvieron suerte de que Manolín, el del dale-que-te-pego no estuviera activo.
Manolín el del dale-que-te-pego, al decir de don Matías era un muchacho algo crecidito ya para esos menesteres en los que se entretenía, día tras día y hora tras hora; masturbarse como un simio de la Casa de Fieras del Retiro a plena luz del día y tras el parapeto entornado de su balcón. Al parecer, Manolín el del dale-que-te-pego, gastaba un magué que no quiera usted ver. Algo así como un brazo de gitano con su azúcar glass y todo. Se conoce que, en cuanto músculo, al hacer ejercicio se potencia éste y Manolín el del dale-que-te-pego lo ejercitaba de una forma desaforada y contínua. Vaya usted a saber… El caso es que Manolín, el del dale-que-te-pego polucionaba sobre las tranquilas y desavisadas cabezas de los paseantes que, del bar El Abuelo a las Bravas y de estos a las tabernas de la calle de la Cruz, tapeaban con toda calma.
¡Anda!, ¿y esto?, se preguntaba un afectado extrañado.
Ya sabe usted, cosas de la polución. Sí, sí… la polución. Menuda polución…
La Historia en general y la Historia Sagrada en particular no explican nada de esto. La Historia en general y la Historia Sagrada en particular no explican nada de esto como no explican bien y claramente el motivo por el que Gomorra sufrió su desaparición. Los sodomitas, todos lo sabemos se dedicaban a las sodomías propias de su sexo y condición, como su propio nombre indica. Había sodomitas que tenían hasta desprendimiento de retina en el ojo del culo de tanto practicar pero ¿qué hacían los gomorritas? ¿De qué se les acusó? Hay cosas, decía el padre Braulio, que es mejor no preguntarse. Pues va a ser eso.
Manolín, el del dale-que-te-pego se entregaba en cuerpo y alma a aquello de que el buey solo bien se lame, sin tener en cuenta al Ecclesiastés: ¡ay del solo, que si cae no tendrá quien le levante! Pues bien, Manolín, el del dale-que-te-pego se levantaba el solo sin necesidad de ayuda. ¡Y lo que levantaba, verdad doña Úrsula.
Ya lo creo, Jesús, Jesús, qué manera de echar a perder aquello que dio Natura. Y luego decía Séneca que ningún bien se disfruta en soledad. ¡Qué yerro tan grande para un clásico!, ¿verdad doña Sole?
Y tanto, mi querida amiga. Y tanto.
El caso es que los tres amigos salieron bastante airosos y sin mácula para sus pelos o ropajes del cruce de calles. De las bravas –antes habían estado en Casa Revuelta comiendo bacalao- marcharon a la casa de comidas La Sanabresa, en la calle del Amor de Dios. Allí, al ver en el escaparate un cartel que decía: Hoy, cocido completo, se tiraron de cabeza a su interior. Pero el hombre propone y Dios dispone. Don Dimas, tras estar ya ocupando una mesa decidió cambiar a otra y Soria, el del blog, decidió que en lugar de cocido había que cambiar al codillo asado. Un error, como más tarde se comprobó. No porque el codillo estuviera malo, sino porque el cocido era de categoría. Mala suerte y barajar.
De allí y tras un paseíto que les llevó hasta Jesús de Medinaceli y vuelta por la calle de las Huertas, decidieron tomar una copita de Ojén en un velador de la plaza de Tirso de Molina. La plaza, no hace tanto, se recuperó de sus ilustres moradores con la llegada a la alcaldía de Botella, la del inglés por fascículos, y sus puestos de flores. Ahora, con la llegada de los de Podremos –de podredumbre, claro- han vuelto los borrachos, con sus botellas tiradas por el suelo, sus escandaleras, sus vomitonas y sus orines a plena luz del día en medio del mobiliario urbano. Será por eso que la plaza perdió el nombre de Progreso.
Seguramente, don Dimas.
Un nuevo paseo para que don Matías rebajase sus índices de azúcar y don Dimas se explayase convenientemente con el diputado Cantó, el que se quedó tonto con las collejas de Amparo Baró, nos llevó hasta la Puerta del Sol, donde no hay borrachos, ni bares. Tan solo pequeños sudamericanos embutidos en trajes de personajes de Disney, de los dibujos animados, de las series de televisión. Parece como si alguien hubiera dado vida a un tebeo. No hace tanto, lo vimos en youtube, se pegaban Mickey Mousse y Bob Esponja por un espacio de la plaza. Debe de ser algo común. Ahora también se pegan los de la Comunidad con los del Ayuntamiento por un quítame allá esas placas y monumentos franquistas. Y es que, donde no hay mata, no hay patata.
La tarde se fue apagando, como la sed de los tres viejos y, conforme se retiraban los últimos rayos de un sol extraño y forastero para esta época, los tres abuelos volvían para sus descansaderos. El uno a Las Tablas, el otro a Vasmojado de Cerveza y el último… ¡Ay, el último! El último tenía visita soriana en casa y tuvo que ir a buscarla al coche de línea.
Hasta la próxima, don Dimas. Y ya que se queda usted dando un paseo, tenga cuidado, le dijo don Matías. Esta es una hora muy mala para pasear por la calle de la Cruz. Manolín, el del dale-que-te-pego acaba de merendar y no sabe a qué dedicar, como José Luis Perales, el tiempo libre.

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Una respuesta a “MANOLÍN, EL DEL DALE-QUE-TE-PEGO

  1. La Aguela

    Lo dicho, se mejora con el tiempo o con la escritura, pero se mejora y mucho, queda poco para La Colmena 2.