DON DIMAS EN SEVILLA

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A don Trifón Berbedel Conejos no le libró su úlcera de ir a la mili. Las úlceras, cuando son de duodeno y no sangran se alimentan muy bien de vinagre, que dan a la cara una coloración cenicienta y pálida muy aparente y asustadora, pero don Trifón Berbedel Conejos no tuvo en cuenta este ardid y tuvo que pechar con los dieciocho meses de mili como todo hijo de vecino.
Oiga, Soria, ¿aquí también habría servido añagaza en lugar de ardid?
Naturalmente, y argucia, y señuelo, o artimaña, sin ir más lejos.
¡Qué tío!, cómo domina los sinónimos y los antónimos, parece a don Joaquín Calvo Sotelo pero con el pelo peinado a raya.
Don Trifón Berbedel Conejos, como iba diciendo, se presentó una mañana en el servicio médico del ejército para pasar revisión. En la sala donde le sentaron esperaban un sinfín de gentes de todo pelaje. La mayoría, tenía sus taras y menguas a la vista: cegatos, bajitos, patizambos y otros defectos del físico e incluso del intelecto. A las nueve de la mañana se abrió la puerta. El soldado sanitario citó primero a don Trifón.
A ver, tú, Blancanieves. Cógete a los enanos y vais entrando de uno en uno.
Los soldados, sobre todo si son de Sanidad o de la furrielería, son de natural puñeteros. También los de zapadores ferroviarios. Debe de ser porque, al viajar continuamente, ven mucho mundo y son de natural despabilados.
Don Trifón Berbedel Conejos, como no tuvo suerte con lo de su úlcera, fue encontrado apto para servir a la Patria. Don Trifón Berbedel Conejos, que tenía afición a la Tauromaquia se sintió defraudado y le dijo al coronel médico que a él lo que le gustaba era el toro y que si quería, por demostrárselo y de manera gratuita, le daba unas chicuelinas o unas gaoneras. El coronel médico –hay que ver la gente cómo se pone por nada- se sintió aludido y montó en cólera.
Va usted a torear a su padre de usted. Si es que se lo consiente, claro. A ver, asistente, dijo dirigiéndose a un soldado que bostezaba junto a la balanza de pesar quintos, anóteme usted al novillero que le va a tocar una mili curiosa.
Alain-René Lesage escribió en francés la curiosa y picaresca historia de Gil Blas de Santillana, y la tituló L’Histoire de Gil Blas de Santillane. El idioma francés, (allons enfants de la patrie, le tour de France est arrive…) cuando se habla bien, como dice la profesora Sanz, doña Isabel, da gusto de oírlo.
Don Trifón Berbedel Conejos había estudiado para fraile antes de que la geografía e historia se llamase conocimiento del medio y que los trabajos manuales se llamasen pretecnología. Su profesor en el seminario, don Abdón siempre se lo decía: Si usted quiere ver convertirse a España en un país de camareros descontextualizados no tiene más que quitar del currículo académico las Humanidades. ¡Qué gran verdad y cuán sabio era don Abdón!
Don Trifón Berbedel Conejos dejo el seminario y se colocó de fontanero en el convento de las Hermanas del Amor de Dios, en Toro, Zamora. Don Trifón disfrutaba tanto de sus lañas y soldaduras como de los sábados por la mañana en que la superiora mandaba a formar a las hermanas en el patio.
¡Firrrrrmés! ¡A cubrirse! ¡Alineación derecha, ar! ¡Alineación izquierda!, ar! Vista al frente. ¡Hermanas….! El himno. Y todas las hermanas, como si fueran una sola entonaban el himno de la Congregación

¡Viva el padre Usera! ¡Viva el fundador! ¡

Vivan las Hermanas del Amor de Dios!

Esto último no rimaba, también es cierto, pero mire usted, tampoco el himno nacional tiene letra y lo tocan en el fútbol.
Desde aquellas jornadas festivas de la Demostración Sindical en el estadio Bernabéu don Trifón Berbedel Conejos no había visto tanta marcialidad y tanta entrega en el cumplimiento de las órdenes. Esto solo lo da, en nuestro país la milicia, la tauromaquia y la causa de Dios, se decía. Como la religión no se le había dado bien don Trifón probó con la milicia aunque, como ya se dijo no lo hizo voluntario sino por su quinta. Lo que a él, en aquellos instantes le agradaba era el mundo del toro.
Don Trifón Berbedel Conejos se alistó en la cuadrilla del Pasmo de Algeciras como segundo banderillero. En el toro de su debut, que se llevó a cabo en la plaza de La Algaba, provincia de Sevilla, falló con los primeros rehiletes no encontrando toro y, con el segundo par, sí que lo encontró pero en sus cuartos traseros. ¡Qué coces tiraba el animal! El público, a quien no adorna nunca la caridad cristiana, le tiró hasta un botijo de los de color blanco, con su tapete de ganchillo en el agujero de llenar o boca y su palito de olivo en el pitorro. Don Trifón, que siempre fue muy echado para adelante se encaró con el público y le afeó su comportamiento.
Baje usted aquí a ver cómo las pone usted, tío listo.
El alcalde, por aquello de no hacer intervenir a los guardias, mandó que saliese del pueblo inmediatamente, junto con el resto de la cuadrilla y el Pasmo de Algeciras no tuvo más remedio que darle la carta de libertad.
De La Algaba marchó a Sevilla donde puso un negocio que tuvo mucho éxito. Vendía cintas de seda para coleteros en el barrio de Triana, justo al lado del bar Las Palmeras. Allí, una tarde, conoció a don Dimas de Vasmojado, el amigo de don Matías. Enseguida se hicieron amigos y, don Trifón, que siempre fue generoso, le regaló un cordón morado con el que se cogió la coleta a la rondeña ¡Cómo triunfó don Dimas entre Santa Cruz, entre la Catedral y el Alcázar! Las señoras le hacían corro y, como tenía el tipo agitanado y juncal le pedían que bailara por tarantas como si fuera Antonio Gadés en Los tarantos.
Tócame algo, le dijo una sueca que le confundió con un guitarrista. ¡En qué hora se lo dijo!
¿Y?
¿Cómo que y…?
¿Que qué es lo que pasó?
Pues pasó lo que tenía que pasar. Que la Torre del Oro, el estadio Villamarín y hasta la avenida de Kansas City se volcaron en ¡olés! Finalmente, y como no podía ser de otra forma le llevaron a hombros hasta santa Justa donde tomó el tren con dirección a Madrid.
¿Y lo de la sueca?
Pero miren que son cotillas, coño… Compren ustedes las revista ¡Qué me dices!, y se enterarán. Vaya patio de vecindongas que se ha vuelto este blog, Soria…
Oiga a mi no me meta en su líos. Eso dígaselo a sus colegas que cuentan y no paran.

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Una respuesta a “DON DIMAS EN SEVILLA

  1. La Aguela

    Que dice don Dimas de Vasmojado, que hasta pasado mañana no le llevan a hombros hasta Santa Justa y que mientras va profundizar en la cultura sueca, francesa, sevillana, vamos a profundizar, si se puede…………… en la cultura.
    Muy bueno Sr. Soria, ya nos vamos dejando de “pijotadas” ¿eh?, muy bueno hermano.