DON LESMES EN PALMA DE MALLORCA

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Don Lesmes Batanero Carcadilla se metió en las cálidas y placidas aguas de Alcudia y se quedó allí, como si le hubiera dado un aire, sin que los socorristas de la Creu Roja pudieran convencerlo para que saliera. Bien es cierto que la bandera de color verde no anunciaba peligro, todo lo contrario, pero ya llevaba tres días en el agua y tenía los miembros –con perdón- como las cuerdas de una batea arousana: llenas de mejillones y alguna que otra ostra.
Que no salgo, ¡coño!, protestó don Lesmes. A mí me dijeron en el IMSERSO que podía estar los ocho días en la playa y de aquí no hay quien me mueva.
Los socorristas, que para estas cosas son muy tercos y puntillosos, avisaron a la autoridad quien, tras movilizar varios dispositivos municipales –antes coche patrulla- se presentó en el escenario del crimen y le sacaron del agua como Dios, Nuestro Señor manda; a porrazos.
Los españoles, se conoce que insuflados de ardor patriótico por aquel genovés que descubrió las Américas, se han vuelto muy viajeros y zascandiles. Antes, no ha tanto, un español de Alcobendas, pongamos por caso, podía morir sin visitar San Sebastián de los Reyes. Ahora no; ahora se jubila uno y se le queda el mundo pequeño.
Don Lesmes Batanero Carcadilla estaba muy contento con la subida de un euro con cincuenta que le había hecho el gobierno y decidió gastarlo de una vez, sin pararse en barras.
El dinero ¿para qué se hizo redondo?, se decía a sí mismo, para que ruede ¿no? Pues eso. Que si don Mariano se ha mostrado generoso con nosotros, los viejos, es para que no estemos todo el día vigilándole las obras al ayuntamiento. ¡Qué coño!, si además la alcaldesa tenía que estar ya en Benidorm, bailando los pajaritos, que para eso es de nuestra quinta, y no quitándole el sueldo a los jóvenes. Los españoles, cuando desarrollamos el magín, somos así: imparables y rotundos.
Don Lesmes Batanero Carcadilla cuando fue sacado del agua, ya se dijo, tenía hasta cañaíllas en las piernas. Cañaíllas y algún que otro bígaro junto a salva sea la parte. Esto, pensó, en cuanto llegue a la habitación me lo cuezo en el infiernillo con una hoja de laurel y me empujo seis o siete tercios del Mahou como hay Dios. Dicho y hecho. Don Lesmes Batanero Carcadilla montó tal zorrera con el infiernillo que tuvieron que mandar hasta un avión botijo para que apagara el incendio.
Al principio, se conoce que por aproximación, las autoridades pensaron que don Lesmes Batanero Carcadilla era gallego. Y es que, el funcionario, cuando mira el Telediario y se entera de que se queman los bosques piensa que todo incendio lo provoca un gallego. Pues no; don Lesmes Batanero Carcadilla es natural de Navalcarnero, en la provincia de Madrid, y no gallego como mal pudieron pensar los bomberos mallorquines.
Los españoles, por aquello también de haber conquistado tierras, personas y mares, piensan siempre que son como aquellos cacereños que, de porqueros y ovejeros, pasaron a engordar las propiedades de la Corona y se lanzan a las pistas de baile, al ritmo de “no sufras más mi pobre corasón”, del Coyote Dax, bailando con mucha enjundia su particular coreografía. Para ello es necesario llevar un pantalón vaquero y poner los dedos pulgares en sus bolsillos. También hay que llevar sombrero vaquero. Ahora la gente ya va de sombrero de forma habitual. En eso hemos ganado los iberos. Antes la gente iba más de gorra… no sé si cogen ustedes el sarcasmo.

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En fin. El caso es que con esta coreografía se pueden conquistar bastantes corazones tendidos al sol, que decía Victor Manuel. También ayuda mucho el haberse estudiado la estancia de Chopín, el tísico de los dedos de oro y la Amandine, o sea George Sand, en Valldemosa. Una excursión del IMSERSO con un tío que se sepa lo de Chopin ya es un bonus a la hora del encame. Y luego está lo de la visita a La Calobra. Si ya has visto La Calobra antes y le cuentas a tu compañera de asiento que el mar es de un color verdiazulado como sus ojos y sereno como su frente, tienes medio ligue asegurado. Al final, con un poquito de Coyete Dax y ya no hay quien te pare.
Don  Lesmes  Batanero Carcadilla sacó a bailar a doña Froilana Terol, sesentera –que no sesentona- recién enviudada, pelo azul-morado con reflejos color ciclamen, dos frascos de Myrurgia sobre el generoso escote, y botas vaqueras a media canilla bajo minifalda vaquera y chaleco también vaquero con forro de borreguito y sombrero tejano. Él, más serio el terno, camisa de la boutique de Alcampo que ahora, con esto de Iglesias -¡hey!- se ha puesto de lo más could, pantalón también vaquero, y gorra de baseball con el logotipo de Pepecar. Ella un Sanfrancisco con tres paraguas y dos bengalas echando chispas; él un tercio de cerveza Coronita, con un cuarto de piel de limón dentro.
Tras la copa, tomada en un claroscuro de la barra, don Lesmes Batanero Carcadillo se amarró a la cintura de doña Froilana y de allí no había quien lo soltase. No pudo explicar, claramente, si fue por la Coronita o por la Myrurgia el caso es que, mientras Barry White cantaba aquello de All around the world don Lesmes sintió un ansia y dobló la cintura de doña Froilana como en un tango sentido. Cuando fue a besarla la cara de doña Froilana mutó y se le apareció la cara de otra persona, que vive en la isla y que no viene aquí a cuento mencionar. El susto fue de tal calibre que doña Froilana se fue al suelo sin remedio. ¡La que se lió entonces…!
Don Lesmes fue detenido y puesto a disposición judicial. El juez de guardia visto el exceso de Myrurgia y que don Lesmes no había cenado más que un bocadillo de mortadela y dos botellines de cerveza mallorquina tuvo un arranque de generosidad y se limitó a mandarlo repatriado a la península donde fue puesto a disposición del juez de paz de Navalcarnero. El IMSERSO también ha tomado medidas y, al parecer, le ha puesto un asterisco junto a sus apellidos para no incluirlo jamás entre los visitantes de la isla. Doña Froilana, por su parte, fue operada de la fractura de las dos caderas y hoy, al cierre de esta noticia, sigue buscando a don Lesmes para ofrecerle su vida para siempre jamás.
Para mí tengo que esto de visitar la Cartuja de Valldemosa deja las meninges de nuestros abuelos al albur del romanticismo más añejo. Eso, claro y el Coyote Dax, que algo debe de tener de tóxico.

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Una respuesta a “DON LESMES EN PALMA DE MALLORCA

  1. La Aguela

    Ha sido casualidad que iba yo a demandarle, ya, no ha lugar, el que no se escribiera en este su blog y lo hiciera en forma de “notitas” en otros foros, bueno nunca es tarde si la dicha es buena y lo escribía con p, que decía mi mentor.
    Me alegro que haya escrito la noticia del “problema” que tuvo D. Lesmes, ya que me contaron dicha noticia y no daba crédito, pero al parecer fué verdad, pobre del Sr. Batanero Carcadilla.
    He sabido por fuentes dignas de crédito, que ya está preparando otra tourné, no me han dicho donde.