EL MISTERIO DE LAS MOLLEJAS y III

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Anteriormente, don Dimas, don Matías y Soria, el del blog, entran en un restaurante del barrio de las Letras. Allí, Soria y don Dimas desaparecen misteriosamente mientras, a don Matías, se lo lleva un policía de Departamento de Salud del Ayuntamiento de Carmena. Don Matías es ingresado en un hospital donde recibe el auxilio de doña Inés de Ulloa mientras es atendido por el doctor Zhivago…

y III

Don Matías, don Matías, repetía la enfermera mientras abanicaba, fuertemente, a don Matías con el Marca.
Ya vuelve en sí, dijo la enfermera.
Verá que contento se pone por salir de aquí.
Don Matías, dijo un enfermero chino. Despierte. Va a venir el director del hospital para darle el alta. Al parecer todo ha sido un error.
¿Quién es usted, dijo don Matías mirando al chino? ¿El señor Miyagi? ¿Chian-Kai-shek?…
No, dijo el chino sonriendo. Soy Maneiro. El Chino Maneiro, como me llaman aquí, en el hospital. ¿Se ha enterado de lo que le digo? Todo ha sido un error. Las mollejas eran de ternera; lo que era de ñu blanco era el jarrete de hacer el cocido. Se libró usted de buena.
Menos mal, dijo don Dimas. Pero, entonces, esas alucinaciones de ver a doña Inés del alma mía y al doctor Zhivago ¿a qué se deben?
Aquí, la enfermera, que le encanta la literatura y, como usted estaba siempre bajo los efectos de las inyecciones, habrá soñado mientras ella le leía en voz alta. Esté usted tranquilo. Aquí no hay más chino que yo, ni más monja que la de este libro, dijo señalándole un ejemplar de don Juan Tenorio y El puñal del Godo, de la colección Austral, que la enfermera estaba leyendo.
Les dejo que sigan con sus lecturas que voy a decirle al director que ya ha despertado.
Sí. Vaya, por favor. Estoy deseando volver a la calle y buscar a mis dos amigos. ¿Dónde se habrán metido esos cabrones que ni se han preocupado de mí?
¿Dos amigos, dice usted? ¿Uno de talla normal y el otro de talla cinco equis con el complementario y todo?
Efectivamente. Menudos amigos…
No diga usted eso. No sea injusto. Sus amigos han estado aquí hasta que se han enterado de que estaba fuera de peligro. Luego, claro, se han ido a tomar cañas para celebrarlo. Deben de estar bien contentos, porque de eso hace ya más de seis horas.
¡Ah!, ¿pero es que no llevo más que un día?
No un día no; siete horas. Lo que ha tardado usted en dormir la siesta. Al parecer las mollejas, los riñones al jerez y el cordero, han cumplido su función y, después de los traguitos pues se durmió la siesta, mientras le pusieron el gotero.
¿Y está usted segura de que no me había atendido el doctor Zhivago?
¡Claro! ¡Qué más hubiera querido yo, dijo ruborizándose, que hubiera aparecido por aquí Omar Shariff, aunque hubiera sido de viejo.
Pues no lo entiendo…
Verá usted. Según Coleridge, un poeta y filósofo inglés, que de esto saben lo suyo y más, las imágenes de alguien que duerme escuchando un texto recibe sentimientos que generan imágenes de una gran viveza entre la literatura y los sueños mientras se duerme por lo que, no es extraño que produzca, por tanto, la ilusión de convertirse en el héroe del texto. Yo le estuve leyendo el Tenorio y la televisión, aunque estaba con poco volumen, estaba dando, mientras usted dormía, la película del doctor Zhivago. No es extraño, pues, que con esa información recibida, de forma indirecta, haya soñado usted con ambos personajes.
Pues no sé si creerla, enfermera. Nunca me había pasado. Esto de confundir la literatura con la realidad.
Pues pasa diariamente. Más de lo que usted cree. Fíjese, sus dos amigos y la historia que me contaron de cuántos años llevan ustedes juntos. Cualquier persona relacionaría, enseguida, esa imagen con una de las obras cumbres de la literatura…
¿Con cuál?
De verdad no lo pilla.
Pues no, como no me lo diga usted.
Pues verá… Ustedes son dos: uno delgado y el otro más grueso; el uno alto y el otro bajo. El uno, a lo que usted decía, con la cabeza algo paradigmática –por decirlo a lo fino- y el otro con su lema favorito: si no lo veo, no lo creo. Él, persiguiendo a una imaginaria princesa del Toboso y usted soñando con su no menos imaginaria ínsula Barataria jaenera. Él ascético y poco comedor y usted siempre pensando en las bodas de Camacho. Y, por si fuera poco, el tercero es uno que escribe sobre la pareja de caballeros andantes. ¿Hay algo más cervantino, más literato que esta imagen de ustedes tres?
Pues, ahora que lo dice…
Es que el mamón del Soria siempre está escribiendo cosas raras. Para mí que nos hipnotiza con sus chorradas.
Calle, calle y vaya vistiéndose que ahí viene el director.
Después de su entrevista con el director del centro y de las escusas recibidas por el ingreso y la confusión, don Matías abandonó el centro. Mientras bajaba las escaleras hacia el hall de entrada sonreía con las ocurrencias de la enfermera.
¡Mira que decir que se sueña con lo que te leen! Qué cosas tienen estos médicos…
Perdón, caballero, le paró un militar ruso que llevaba una fotografía en la mano. Estoy buscando a mi sobrina. Se llama Tonya Komaróvskaya, y es hija de mi hermano Yuri y Larisa Antípova. Verá usted, es que tengo que entregarle la balalaika de mi hermano.
Buuuuuufalo, salió corriendo don Matías, como alma que lleva el diablo…

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2 Respuestas a “EL MISTERIO DE LAS MOLLEJAS y III

  1. La Aguela

    Se te bailan los nombres, unas veces es D. matías y otras D.Dimas o eso me parece, ya me lo explicarás.
    Si sigues estirando el día de marras, podemos llegar hasta aparecer en el Hall de un hotel de lujo, más que nada para que “alguien” pueda entrar en un water limpio. jaja

  2. Lo he dejado ahí para que no se sienta el Bufi incómodo