YA NO HAY CRÍMENES COMO LOS DE ANTES…

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España es un país de grandes criminales. Mejor aún, es un lugar de grandes crímenes. Crímenes que han pasado a la historia, ¡qué digo a la historia!; no… a la Historia. Así con mayúsculas. En España se ha matado a gente muy curiosa y de forma aún más curiosa. Siempre, oiga usted, con herramientas y a traición. Parece como si, la manufactura y la emboscada fuese la firma patria.
Por ejemplo Vjekoslav Luburić, general croata conocido también como Maks Luburić o Maks el carnicero, quien, en la Segunda Gran Guerra, dirigió el Campo de concentración de Jasenovac, considerado uno de los campos de exterminio más crueles de todos los tiempos.
El criminal Luburić, una vez acabada la guerra emigró a España donde el terreno era abonado para nazis y otras lumbreras. En España recibió el nombre falso de Vicente Pérez García y pasó los últimos años de su vida en Carcagente (Valencia) protegido por el régimen. En Carcagente se casó con una española con la que tuvo cuatro hijos. Don Paco, el del Ferrol de Sí Mismo, le puso una imprenta y le daba trabajillos para fuera tirando, algo así como lo de los EREs pero en Valencia, que además de ser la tierra de las flores, las mujeres y del sol también lo es de pelotazos, bolsos, trajes y otras corrupciones menores.
Una tarde, en la que estaba tomando el fresco a la puerta de su casa, un tal Ilija Stanic, espía de Tito a quien dio trabajo en su imprenta (para que te fíes de los soldados…) le dio matarile arreándole candela con una llave inglesa en la cabeza sin que ni los grises ni la benemérita hicieran nada por echarle el alto. Aquí paz, y después gloria, debieron pensar.
En la acera de enfrente, Lev Davídovich Bronstein, alias León Trotski, fue asesinado por el catalán Ramón Mercader, alias Jacques Mornard, un agente de la NKVD –la policía política soviética-, aunque esta vez fue en Méjico. Al Ramón Mercader le ayudo su mamá, doña Caridad (que ya es nombre para una asesina). Nuestro compatriota, como cantó Machado, lo hizo de una manera muy española, se liga a su secretaria –todo un clásico-, la Silvia Ageloff, quien era algo pendón y tirando a sucia y poco afeitada encima del belfo superior. El caso es que el Mercader se hizo amigote del León Trotski y un día, con el aquel de pedir un vaso de agua, subió al despacho y, por la espalda (también muy nacional) le arreó tal pioletazo que para qué le voy a contar.
No debió entrar a matar por derecho porque el Trotski daba unas voces que para que…
¡Nos ha jodido!, que le claven a usted un piolet en la nuca a ver si aún canta el Cucurrucucú, Paloma.
Pues, como le decía, el Trotski, que se vino arriba con el pico en todo lo alto, aún tuvo fuerzas para salir de la habitación y dar el queo a su mujer y la identidad del criminal. Una vez dicho esto cayó en coma y murió al día siguiente.
Hay gente, oiga usted, don Dimas, que tienen una encarnadura del carajo ¿verdad?
Ya lo creo, don Matías.
Ya no hay muertes como las que había en la antigüedad en nuestra patria. ¿Se acuerda? Don Favila, que recibió el abrazo del oso y se lo merendó sin soltar, tan siquiera, un regüeldo de agradecimiento.
Eso eran osos y eso eran reyes, ¡sí señor!
España, país de grandes traidores y grandes asesinatos. Vellido Dolfos, aquel felón que traicionó al rey Sancho en las mismas barbas de El Cid y todo por echar un polvo a doña Urraca que era, como la otra, pero sin color magenta. Aún se escucha por Zamora, al ulular del viento y por las esquinas…

¡Rey don Sancho, rey don Sancho!, no digas que no te aviso,
que de dentro de Zamora un alevoso ha salido;
llámase Vellido Dolfos, hijo de Dolfos Vellido…

Paco Pizarro, aquel conquistador analfabeto que dejó la piara de guarros en la dehesa trujillana para marchar a conquistar las Indias Orientales. Don Paco murió, como vivió, espada en mano; traicionado y de un tajo en la garganta, y otras tres navajás en los vacíos, en una celada en su propia casa. El pobre Juan de Escobedo, quien se compró el ¡Qué me dices!, de la época y se enteró que la muy golfa de la tuerta de Pastrana se beneficiaba a Felipe II, que muy católico, como su primo, el de la reina y yo…, pero sólo de cintura para arriba…
Oiga, don Matías. Una pregunta… ¿Se puede saber a qué viene esto de hoy?
Pues nada. ¿Ha visto usted lo del avión de Duseldorf? Pues eso pasa en España y, al día siguiente, tenemos a la novia del pilote en la portada del Interviú, en canicas y peleando con la Olvido Hormigos o, a unas malas, disputándose el libro del año con Belén Esteban o bajo un edredón tirándose a un mandinga.

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