DON CASIANO POYATOS DEL CORRAL. HILATURAS.

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Don Casiano Poyatos del Corral (no es coña) se casó bien joven con su novia de toda la vida, la señorita Abdona Colmenilla, de profesión sus labores y sus dengues. Don Casiano Poyatos del Corral dirige con pulso firme el comercio Hijo de Poyatos. Hilaturas finas, dedicado a la fabricación de bieses, pasamanería, piquillo, reglas y gros grain. La Abdona Colmenilla de Poyatos, por aprovechar la gratuidad de los materiales, se ha especializado en patchwork y petite point. La Abdona Colmenilla de Poyatos está preparando una exposición de sus trabajos en los Almacenes de Pontejos, calle del Marqués Viudo de Pontejos, Madrid. Spain, donde habrá ambigú a base de galletas campurrianas, nevaditos Reglero y galletas Artinata de la afamada casa Artiach. Para hacer pasar la masa se servirán refrescos de Pepsi-Cola, Mirinda de ambos sabores y agua de seltz.
¿Y no van a poner macarrons de vistosos y diferentes colores?
Pues no señor. Eso, a la Abdona Colmenilla de Poyatos, le parece una francesada y un quiero y no puedo. Donde estén, dice, las galletas tradicionales, con sus canutillos, con sus envoltorios de colorines y fantasía y su copia de vino quinado Sansón que se quiten todas esas marranadas francesas.
¿Y foigrás y canapés fríos y calientes?
Tampoco
¿Y mantequilla de tres gustos?
No señor.
Pues vaya mierda de bufé.
El día de la inauguración la Abdona andaba como pollo sin cabeza. Se levantó de madrugada para preparar el cocido y, en lugar de garbanzos puso alubias blancas.
Bueno hija, ¡qué se le va a hacer! Pones cocido montañés y todo arreglado.
El don Casiano, que era un buenazo, se conformaba con cualquier cosa.
¿Qué es esto, Abdona, que sabe a rayos?
¡Qué horror!, perdóname Casi (la Abdona, cuando quería llevar el choto a su terreno llamaba a don Casiano por su medio nombre). En casa, Casi, lo mejor es quitemos el “ano”, que tan feo hace a tu nombre ¿no te parece?
Lo que tú digas, Abdona. Pero en la calle no me llames Casi que uno tiene una fama que salvaguardar.
Entonces te diré Poyatos.
Mejor. Eso está mucho mejor. Pero espero que luego no me quites medio apellido también y acabes llamándome Poya.
Mira que eres, Casi. Cuánto te gusta hacerme de rabiar. Pues eso que sabe a rayos, decía, es el café, que te lo he rebajado con achicoria, para que no te pongas nervioso en la inauguración.
Muchas gracias, Abdona. El don Casiano, sin que la Abdona se percatase, echó la taza completa por el fregadero.
¿Vas a salir, Casi?
Sí, Abdona. Voy a comprar La Hoja del Lunes
Pero si es martes.
El don Casiano cerró la puerta como si no hubiera escuchado el comentario de su esposa y se marchó al café donde pidió un doble en vaso y tres churros a los que regó con un sobrecito de azúcar por encima.
¡Toma diabetes! Chico, echa ahí un Machaquito del seco. ¡Toma tensión!. Chist, chistó al cerillero. A ver, una tagarnina bien retorcida. ¡Toma cáncer de pulmones! El don Casiano Poyatos del Corral, mojando su churro –con perdón-, unas veces en el café y las otras en el anís; y dando caladas al puro se sentía el mismo marqués de Salamanca redivido.
El don Casiano Poyatos del Corral se había quitado del tabaco y de los toros. De vez en cuando, y sin que nadie se enterase, se iba a Las Ventas a ver a Curro Romero, habano en mano, con su petaquita de coñac y su clavel en la solapa. Daba gusto de verlo calle Alcalá abajo en busca de la plaza.
La Abdona cree que su marido se retiró de los toros y del tabaco. La Abdona Colmenilla de Poyatos es más simple que el mecanismo de un chupete, pero con su pachtwork y su petite point, se lo pasa divinamente.
El don Casiano y la Abdona tienen dos hijos: el Luisito y la Petrita. La Petrita, como no valía para estudiar, se puso de encargada en el negocio familiar y mueve, como un ejército de soldados de terracota, la división de fornituras. No hay botón, presilla, mosquetón o abalorio que se le escape. Tiene media tienda en la cabeza.
¡Jo, qué tía!
Ya lo creo
El Luisito -ese sí que vale para estudiar- lleva ya doce años en Madrid matriculado en ingreso de ingeniero. Si al Luisito le pregunta usted en qué maña de ingeniería estudia le responde que en todas. Esto de la ingeniería, dice el Luisito, no tiene freno, parangón ni marcha atrás. Si se pone uno a estudiar para ingeniero hay que serlo en todos los frentes y no solo en Caminos, en Canales y Puertos o en Aeronáutica, ¡qué va!, un ingeniero es, por encima de todo, un ingeniero.
Este chico, dice el don Casiano, para mí que nos está tomando el pelo.
Sí, hombre, dice la Abdona. Tú, como nunca estudiaste, no te puede hacer una idea de cómo es estudiar una ingeniería. ¿O es que vas a saber más que él?
No, mujer, yo lo digo porque el resto de los hijos de los vecinos que fueron a Madrid, en cinco años acaban y este aún no ingresó.
Así han vuelto. ¿Tú crees que esos cantamañanas tienen cara de ingenieros? ¡Quita de ahí, hombre!. Esos gañanes parecen péritos, todo lo más.
Peritos, Abdona. Se dice peritos y el oficio no pone o quita caras.
¿Ah, no…? Y no tiene cara de funerario el don Catarino.
Es que es funerario, no es que tenga cara de ello.
Don Catarino del Hoyo (tampoco es coña) es funerario y enterrador. Don Catarino del Hoyo regenta con mucho fuste y aplicación la funeraria El Tránsito, del Grupo Óbito, (enterramiento, exequias, misas, réquiems, honras, velatorios y responsos).
¡Qué hay, don Catarino!, ¿se trabaja?
Algo se hace, don Casiano, pero en esta industria, cuando se mueve el género de verdad es por el otoño. Ya sabe, con las gripes, las corrientes y las reúmas.
Claro, claro.
¿Y lo suyo?
Pues lo mío, en parte, también. Con el cambio de las cuatro témporas se arreglan cremalleras, se cogen bajos (con perdón) y se meten o sacan costuras.
¿El chico ya ingresó?
Está en ello, don Catarino. Está en ello…
A las cuatro de la tarde se abren las puertas de los Almacenes de Pontejos, calle del Marqués Viudo de Pontejos, Madrid. Spain. La Abdona está nerviosa y, sin querer, se quita las cutículas con la uña del dedo gordo. Tiene la pobre todos los uñeros en carne viva. El don Casiano no; el don Casiano, como está acostumbrado a campear por toda la tienda pasea, arriba y abajo, con los dedos pulgares metidos en los bolsillos del chaleco. ¡Da gusto de verlo arriba y abajo con ese porte prócer! El don Casiano Poyatos del Hoyo, cuando pasea de esa guisa se acuerda, siempre, de su señor padre, el difunto Poyatos.
¡Si me viera ahora!, piensa ufano.
La Abdona paseaba, también, pero a contrapelo –esto es, cuando el uno subía, la otra bajaba- por el pasillo central de la tienda. La gente, que es muy desconsiderada y burra con los artistas, iba a lo suyo, revolviendo entre las cestillas de abalorios y buscando sus bieses en los carretes que había en las estanterías, y no se fijaba en las obras de arte colgadas en las paredes.
Mira esto, decía una señora a su acompañante, refiriéndose a uno de los trabajos expuestos. ¿Ves? Aquí tiene un punto suelto y aquí, lo ha terminado al tresbolillo. Lo que yo te diga, una chapucera la que haya hecho este cuadro.
A la Abdona se le saltaron las lágrimas y salió corriendo. Con la ofuscación y las prisas no vio venir al motorista que tomaba la curva a cierta velocidad. El motorista pudo esquivarla pero la atropelló, sin remedio, con el sidecar. La pobre Abdona entregó su vida y rindió su arte a la imprevista y traicionera parca en las mismas puertas de Almacenes de Pontejos, calle del Marqués Viudo de Pontejos, Madrid. Spain.
Mientras el SAMUR se llevaba anatómico forense el cuerpo sin vida de la Abdona, acompañada siempre, por su fiel y afligido esposo, el don Casiano Poyatos del Corral del comercio Hijo de Poyatos. Hilaturas finas, dedicado a la fabricación de bieses, pasamanería, piquillo, reglas y gros grain. A la derecha del don Casiano y poniendo el rostro aún más fúnebre que de costumbre, el don Catarino del Hoyo propietario y CEO de la funeraria El Tránsito, del Grupo Óbito, (enterramiento, exequias, misas, réquiems, honras, velatorios y responsos) andaba con el cansino y triste caminar del acompañamiento fúnebre.
No somos nadie, don Catarino, dijo don Casiano.
Así es, don Casiano, dijo don Catarino. Pero al menos usted, ahora ya célibe, podrá volver a los toros y al tabaco.
Eso sí, don Casiano. No hay mal que por bien no venga.

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2 Respuestas a “DON CASIANO POYATOS DEL CORRAL. HILATURAS.

  1. La Aguela

    Yo creo que me pones trampas a ver si las leo, “copia de vino”, copita, copita, “se llevaba anatómico”, al, querido, al. Muy bueno lo del CEO de la funeraria. 3 bien.

  2. Tengo los deos, rápidos, Laguela, ese es el problema. Te lo compensaré en el próximo.