LA EJEMPLAR HISTORIA DE BALTASARA LA PIORREA, BAILAORA FLAMENCA

flamenca

Don Baltasar Minglanilla Cheles respira profundamente agradecido al gobierno de su comunidad autónoma, Extremadura, por ser una administración tan moderna, respetable e igualitaria. Don Baltasar, desde bien joven, sufrió de periodontitis y de gengivitis, ¡vaya, que sufrió de piorrea!. Don Baltasar había acudido infinidad de veces a su médico para tratarse la enfermedad y, al paso, y vista la pérdida de inserción colágena, solicitar una dentadura postiza a cargo de la Seguridad Social. El problema era que este tipo de prótesis no está contemplado, como sí lo están otras prótesis (brazos, piernas, etc.) por lo que, el pago, deber ser realizado a costa del propio enfermo.
En vista de ello acudió a un abogado que le recomendó acogerse a la Ley de Igualdad Social y contra la Discriminación de Lesbianas, Gais, Bisexuales, Transgéneros, Transexuales e Intersexuales que la Junta de Extremadura iba a presentar a primeros del año siguiente. Don Baltasar acudió a la Consejería oportuna y se enteró. No podía inscribirse como lesbiana porque él era hombre, lo de bisexual y lo de gais, así, con i latina, le pareció poco oportuno y en lo referente al transgénero, transexualidad e intersexualidad no sabía, a ciencia cierta, si le resolvería el problema ni a qué se refería exactamente ya que, desde que militó en UPyD y le hablaron de la transversalidad no sabía a ciencia cierta a qué figura agarrarse.
Por lo tanto decidió cambiarse el sexo al objeto de inscribirse, definitivamente, como lesbiana, que era a lo que más futuro veía. El presidente Monago, que es un hombre muy viajado, y es aficionado a los carnavales canarios y a las dragcuines no se opondría. ¡Con lo modernos que son los populares con el dinero de todos!
El problema, le dijo el funcionario de la Junta, es que lo que se paga es el cambio de sexo y no las dentaduras postizas.
Don Baltasar, seguro de que el tiempo le daría la razón, calló y firmó la autorización correspondiente para cambiarse de sexo. Rellenó los papeles del Registro Civil y, para reafirmarse, se inscribió en el registro de artistas del espectáculo como Baltasara la Piorrea, bailaora flamenca, interprete de castañuelas, castañetas y otros crótalos, nivel premium. Un mes después, y ya retirados los puntos y enterrado el cuerpo del delito, doña Baltasara, que tal era su gracia ahora, solicitó la dentadura nueva. El funcionario volvió a denegarla pero, ¡he ahí la habilidad de La Piorrea!, que se apoyó en su condición de artista lesbiana y transformer. Ella no podía salir a actuar con esa tara en su imagen porque su nueva condición de mujer se vería afectada por las chufas de los hombres y demás simios erectos. Además, al ser lesbiana, existen especificidades que le son propias a las lesbianas que, como los helados, lo han sido al corte. Por tanto, añadió, si usted me niega mis derechos amparándose en una violencia psicológica, sexual y económica, la Junta estará incurriendo en una violencia de género que pretende abusar y dominar de la victima (o sea, de servidora) por motivos sexuales y por un trasnochado machismo fascista y centrípeta. Esto último lo dijo a bulto pues, pensaba, si no sería algún programa de la lavadora.
El funcionario, viendo que se avecinaba galerna, selló la petición y Baltasara la Piorrea se presentó en el dentista con una fotografía de Julia Roberts y solicitó esa misma dentadura pero, dijo, dos tallas más grandes; para que se vea bien desde la platea. Una vez puesta la dentadura y, con la asesoría del abogado de la asociación, denunció a la Junta de Extremadura por haber facilitado el cambio de sexualidad a un cuerpo que no se correspondía con el suyo y que le causaba extress y dismenorrea mental. La Junta, para evitar conflictos, pagó el retorno al sexo anterior pero, al no haber congelado convenientemente aquello que antes sobraba, tuvo que reimplantar parte de un miembro de un senegalés que fue operado de reducción por exceso de equipaje.
Baltasara la Piorrea, convertida nuevamente en don Baltasar Minglanilla Cheles, recuperó su puesto de trabajo en el negociado del Timbre, de la Delegación de Tasas del ayuntamiento de Cortegana, en la provincia de Badajoz. Desde entonces, don Baltasar es el héroe de toda la delegación municipal.
Enséñenos usted aquello, don Baltasar, le dicen los aprendices de primer año.
Va, va, señores. Aquí no, que hay ropa tendida, dice señalando con la cabeza a las secretarias. Vayamos al almacén de material.
Oiga, don Baltasar, le preguntó el ujier del ayuntamiento, y qué tal se sintió usted mientras disfrutó del otro sexo.
¿Es que piensa usted cambiárselo, Calzadilla?
Es que, ¿sabe usted? Yo querría que a mí me pusieran morros, como a la señorita esa del PP de Barcelona, ya sabe… Y pensé que para qué pagarlo yo si me lo puede financiar la Junta.
Pues nada, Calzadilla. Ya sabe usted, vaya al registro y ponga la correspondiente denuncia…

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