EL NEGRO DE FRANK SINATRA

Rat_Pack.CORTADA

Uno de los secretos mejor guardados de la música es que, como en la literatura, existen también los negros. Si, si… No los que cantan en diferido, o en playback, como se dice en inglés. No; en directo. Uno de los cantantes más famosos que tenía negro era Frank Sinatra. Como ustedes lo oyen. Frank Sinatra no cantaba, el que cantaba era un tío que iba dentro de un muñeco como el de esas películas esas de miedo que se arrancan la cara y aparece el monstruo por debajo. El negro de Frank Sinatra era de Beniparrell, en Valencia, y se llamaba Vicente Pallarés Negre y gobernaba una barca de esas que llaman albuferenc donde pescaba anguilas y otros peces de menor calidad.
El Vicente Pallarés Negre, que tocaba el bombardino en la banda municipal de La Pobla de Vallbona tenía también buena mano para la paella huertana, donde sacaba un socarrat ligero y suelto que daba gusto de verlo.
El Vicentet, que así le llamaba la mafia en Las Vegas, solía ponerles de comer a los Rat Pack, ya saben: Joey Bishop, Dean Martin, Samy Davis Jr., Peter Lawford y algún chusma más. Al Samy Davis le gustaba, especialmente el all-i-oli o ajoaceite que decía el Bishop. A Sinatra, no; a Sinatra lo que le gustaba era el arroz en paella. Con sus caracoles engañaos, con sus garrafots y con su poquito de conejo montaraz.
Una tarde, en la que el Vicentet estaba haciendo el sofrito y cantando, de forma engolada, porque él tenía una voz más de tenor, el Stranger in the night, fue el Dean Martir y va y le dice, dice:
Oye, Frankie, (al Sinatra siempre le decían Frankie) ¿has visto cómo canta aquí el Vicentet?
¿Eh?, dijo Sinatra, que no oía bien del derecho
¿Que si has escuchado cómo canta el Vicentet?
Pues no. A ver, cocinero. Canta algo
Y el Vicentet se arrancó por My way que él, claro, decía mi güey.
¡Oye, que tío!, dijo el Sinatra. ¿Tú has pensado dedicarte al bísnes of the miusic (los americanos, cuando menos se espera, hablan en inglés).
Yo ya me dedico a ello, dijo el Vicentet. Soy el tercer bombardino de la banda de La Pobla. ¡Tendrían ustedes que verme cuando le arreo el solo del Paquito el chocolatero…!
El Peter Lawford, que se dedicaba al cine, llamó a su cuñado, el John F. Kennedy…
¿El presidente?
¡Anda, claro! Estaba casado con la Paty, la hermana de los Kennedy. Pues le llamó y éste les puso en contacto con uno de Hollywood que hacía caretas y le hizo un molde del Sinatra. Al Vicentet, como era algo más gordo, se le salía parte de la papada por debajo de la careta, pero se operó, como si fuera la del PP de Barcelona, y quedó pintiparado.
Oiga, ¿de verdad este Vicentet era el que cantaba en lugar de Frank Sinatra?
Claro que sí. Lo que pasa es que se tuvo que retirar porque el cabrón del Samy Davis, que era un flojo y un cantamañanas quería que le interpretara a él. El Vicentet hubiera podido, porque tenía una garganta como un calandria, pero es que el negro se movía, pues eso… como un negro y el pobre Vicente, que era de natural fallero, pues como que no, que sólo sabía hacer los pasos de los Moros y Cristianos. Entonces se mosqueó y tuvo que abandonar porque el Sinatra estaba cogido de los mismísimos por el Samy Davis con lo que sabía de él y del padrinazgo. Por eso, una vez que el Vicentet dejó de cantar, el Frank Sinatra, más que cantar, hablaba. ¡Donde iba a parar!
¿Y cómo acabó el Vicentet?
Pues se hizo corredor de arroz bomba e hizo un dinerillo en Estados Unidos. Claro es que, todo hay que decirlo, Sinatra le echó una mano para que le compraran arroz en Chinatown, porque en América sólo comían arroz los chinos.
O sea, que al final también él se benefició de la mafia.
¡Hombre, claro! Quien algo quiere, ya sabe…
¿Y volvió a España?
Pues sí señor. Volvió a España y se hizo una careta de El Fary, pero sólo le doblaba en la Comunidad Valenciana, lo demás El Fary, que siempre fue un profesional, cantaba él mismo, sin necesidad de negro.
¿Y finalmente se retiró?
Pues sí señor. Se retiró y se fue a vivir a Castellón donde, con lo ganado, construyó el complejo de Marina D’Or.
¿Qué le pasa que pone esa cara…?
Pues que me da que no tiene ni pies ni cabeza su historia.
Y usted que sabe, si era de los que pensaban que Kurt Savoy tenía un aparato bajo la lengua para silbar.
¿Y no era así?
Ande. Ande… tire para el hotel que ya deben estar sirviendo el segundo turno de la cena.

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