DE MOTES, APODOS, REMOQUETES Y ALIAS

infografc3ada-apodo-especial-1

En el planeta Venus y en el municipio montenegrino de Cetinje –quizás sea en Plav, o en Danilovgrad, vaya usted a saber- el albor de la aurora se produce inmediatamente después del ocaso. En Júpiter y en la región autónoma de Gagauzia, en Georgia, lo hace a media tarde, una vez que los cosacos -esos zascandiles que se pasan el día subiendo y bajando al caballo y bailando Kazachok- se toman un bocadillo de pan de hogaza ácimo con torrezno de yak ablandado por el roce de la silla del caballo.
Menuda dentadura tendrán los georgianos, ¿verdad?
Y bigote. ¡Menudo bigote gastan los georgianos! Ahí tiene usted a Stalin, que nació en Gori, Georgia
¿Ha dicho usted Gorri?
Bueno, más o menos…
A don Genaro Cárcaba le decían Salazón porque le olían los pies como al Tufi a anchoas en salmuera. A anchoas en salmuera con una alcaparra en medio. A don Enarino Cotillas, de Villamuerta, provincia de Huesca, le dicen Aeroplano, porque una tarde, para ir al bar, se echó laca en lugar de desodorante en el sobaco. ¡Dios, que rigidez tuvo durante una semana…! Parecía un stuka.
En la umbría prosperan y crecen, como Dios manda, la madreselva, esa enredadera que llena de arañas las fachadas, la adelfa de varios colores y el amarillo jazmín de inverno. En la solana, por el contrario, crecen a modo el geranio erecto –no el de gitanilla, que dura menos-, el cactus y el cardo borriquero. El sol, a lo que se ve con las plantas y las señoras en la playa, acartona la carne y seca la cara dejándolas como un torrezno seco y revenido. Las señoras que toman el sol en invierno y la sombra en verano, en cambio, ven crecer sus arrobas con generosidad y aplicación.
Oiga usted, ¿no cree que este comentario, además de asaz machista es desconsiderado en exceso con las señoras y aún con las señoritas?
Pues sí; con toda seguridad. Pero las leyes de la Física son así; no entienden de retóricas ni mariconadas por el estilo.
A don Herófilo Cusca le decían Embutido…
¿Y eso?
Es que era diputado a Cortes por el Tercio de Familia
¡Ah, claro! Si es así, ya se entiende.
Doña Consuelo de los Mozos, alias Oui, era aficionada al idioma francés. A doña Consuelo de los Mozos sus admiradores la decían Il vous veut retozer avec moi?, o Il vous veut refociler avec moi? Y ella, que era de un francés fácil y rápido decía Oui poniendo los labios como un Donuts. De ahí su apodo.
Oiga usted ¿y retozaba y refocilaba con todo el que se lo decía?
Pues claro, ¡oiga usted, que doña Consuelo era mujer de palabra! ¿Qué se habrá usted creído?
No, no… Si a mí me parecía toda una dama
Pues eso
A don Aspreniol San Miguel, natural del Poyales del Hoyo, en la provincia de Ávila le decían Bicicleta. Don Aspreniol tenía –más bien sufría- una almorrana montaraz y picajosa. Una almorrana que, de tanto andar en bici, se le puso brillante y refulgente como una luz de pare. Se conoce que se le fue bruñendo con el roce. Cuando paseaba desnudo por su casa, por las ventanas, se le veía la luz roja que emitía el culo.
Pues ya atinó el del mote ¿verdad?
Es que la gente es muy así por estos pagos.
Doña Santa Cruz de los Sagrados Estigmas de Jesús, alias Tomasa, se metió monja por un desengaño.
¿Qué me dice…?
Lo que usted oye. Un ganso de su pueblo, el Exodisto, un mecánico de tractores que tenía mucha labia, la llevó hasta el puente y, al llegar al restaño del río, comenzó a recitar aquello del que se la llevó al río creyendo que era mozuela. Al llegar a lo de los ramos de jacintos intentó meterla mano en sus pechos dormidos. El bofetón que se llevó el Exodisto es de los que no entran tres en docena. Ahora, claro, ya no le dicen Exodisto. Ahora le llaman El Ladeao, porque aún no ha podido volver la cara.
Joe, con la hermana Tomasa.
La masa coral del barrio de Chueca, en Madrid, ha presentado, en el Día del Orgullo Gay, su repertorio más celebrado. Quisiera ser tan alta como la luna; Al pasar por el cuartel: Donde vas, Alfonso XII y otras. La masa coral del Barrio de Chueca solo tiene voces masculinas. ¡Vaya usted a saber por qué?
Al Porcario Mascareñas, en lugar de tomarla con él por su nombre, le llamaban Tirso de Molina, porque un día se compró unos zapatos de color verde. Y al Merejo Santos, el de la tía Orosia, de Fuentepelayo, Segovia, le decían Trasunto…
No me diga más… Porque copiaba cosas.
Pues no. Le decían Trasunto porque cada vez que alguien untaba al concejal de urbanismo venía él y le cambiaba el dinero para que el juez no pudiera seguirlo.
¡Ah!, entiendo.
Siga usted.
Es que ya no tengo más ganas de continuar. En mi pueblo, como pasa en todos los pueblos, hay motes, apodos, remoquetes y alias para dar y tomar. En mi pueblo, al cura nuevo, cuando subió al púlpito para echar una bronca por poner motes a los vecinos, se le ocurrió decir: que no me entere yo que nadie me pone un mote a mí. ¡Hasta ahí podríamos llegar! Al salir de misa, el Pequinés, un hombre que era de Pakistán, dijo: ¿Habéis oído la homilía de Sin Mote? Y con Sin Mote se quedó…

Anuncios

Los comentarios están cerrados.