DON DIMAS Y LOS MORMONES

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El secretario de estado de los Estados Unidos se apellida Wilkinson, como las cuchillas de afeitar. Los norteamericanos tienen un nombre muy gracioso. Unos se apellidan puertas y hacen ventanas, como Bill Gates; otros se apellidan Weissmuller, como Tarzán. El secretario de estado norteamericano, Mr. Wilkinson, ha pedido al líder del Ku-Klux-Klan que, cuando tengan que dar fuego a algún negro, utilicen gasolina sin plomo, al objeto de no perjudicar al medio ambiente. Los americanos, sobre todo los seguidores de Al Gore, son muy cuidadosos con el medio ambiente y, cuando tienen que regar a alguien con napalm ponen un cuidado extremo en no dañar las plantaciones de caquis o de guayabas de los alrededores.
Si es que, don Dimas, toda acción que tengan por objeto salvar el Planeta de la lacra del calentamiento global es, no solo plausible, sino digna de admiración. Eso lo dice un tío que se llama Gore, como la sangraza y las vísceras del cine.
Doña Astrid Machuca Borreguero, real hembra y natural de La Sagra, en Toledo, da paseos diarios, después del almuerzo. Doña Astrid sale, una vez de recoger la mesa y sacudir el mantel, y se llega, como quien no quiere la cosa, hasta Huércal-Overa, en la cuenca del río Almanzora. Doña Astrid Machuca Borreguero camina mucho para ver de refrescar el pliegue del fuelle.
¿Tiene doña Astrid almorranas?
No; doña Astrid, que es dama de gusto y postín, no gasta almorranas, sino un botón florido en el esfínter.
¡Qué poético!
Doña Astrid tiene unas hemorroides como higos secos aunque, eso sí, sin la capa blanca de harina que suele rodear a estos.
¿Cómo higos de cuello de dama?
Eso; o de los llamados grano de oro. Nunca de los pollinos, o los oñigales, ni tan siquiera de los de pezón largo, que cuelgan mejor pero secan mucho menos. ¡Donde va a parar…!
La esperanza, dice don Pablo Iglesias, de Pudimos, es la cartilla de ahorros de los pobres. Donde van ahorrando, moneda a moneda, el sudor que el patrono y el banquero les hace derramar.
¿Y de la Iglesia? ¿Don Pablo no dice nada de la Iglesia?
Claro que sí. Dice que la esperanza no necesita base de sustentación, como la misericordia y el perdón.
En el televisor de la casa de doña Astrid aparecen don Pablo Iglesias y doña María Ostiz debatiendo sobre los asuntos generales de España, o al menos de lo que queda de ella. La moderadora es la hija de Isabel Pantoja quien, además de modelo y profesora de inglés, -con tilde- se ha convertido en moderadora televisiva.
El gobierno, todos los gobiernos, trabajan a favor de la industria eléctrica, dice don Pablo. Para compensar devuelven luego, colocando en sus empresas, a los ministros cesantes, a sus altos cargos y a sus testaferros.
¡Por Dios, don Pablo! Protesta airada María Ostiz. Está usted seguro de lo que dice…
No he de estarlo. Piense usted en su propia casa, dice don Pablo: la nevera, el congelador, la lavadora, el lavaplatos, el aspirador de polvo, la enceradora, las batidoras, tostadoras y otros aperos, son todos eléctricos. Hasta el vibrador suplepijos que guarda usted en la mesilla es eléctrico.
¡Oiga!, vuelve a protestar. Yo algunos de estos elementos que usted ha enumerado los tengo a pilas, no eléctricos. A mí me parece, como dice el hermano Mariano, que lo que usted proclama, además de pecado, es populismo. Populismo y demagogia.
Las empresas eléctricas, sigue don Pablo que es tan irrefrenable como irreflexivo, financian el precio de todos estos archiperres con la seguridad que, al mes siguiente, aumentará el consumo eléctrico, con el beneficio correspondiente. El gobierno -los gobiernos- que cargan un 50% el recibo a base de impuestos, se llevan su parte de la estafa y, aquí paz y después gloria.
A los mormones de Tennessee les gusta mucho el cordero asado. Una tarde, una pareja de captadores mormones del condado de Benton se acodaron en una mesa del mesón de El Cordero, de Aranda de Duero, y se comieron, como quien no quiere la cosa, diez cuartos de asar con sus patatas panaderas y su ensalada de lechuga y cebolleta.
¿Cinco cada uno?
No, el mayor, Morgan, está a plan de adelgazar y sólo comió tres. Peter, el más joven, se metió siete entre pecho y espalda.
¡Qué tíos! Y beberían lo suyo, claro.
Lo menos quince azumbres de esa porquería que llaman Ribera del Duero
Oiga, don Dimas, ¿qué volumen alberga un azumbre?
Pues depende de la localidad. Si es un azumbre donostiarra caben 2,52 litros, ahora que si es de Castilla sólo admite 2,05 litros.
De cualquier forma, ya bebieron, ya…
Ya le digo
Verá usted, Pablo, le decía María Ostiz a Iglesias, si el pueblo leyera a Kipling, o a Smith, comprendería que la economía de la nación no está saneada y conviene orear las instituciones y los partidos para ventilar y hacer desaparecer el acre olor a chorizo curado que se apodera, tanto de sedes como de edificios públicos.
Lo que no tiene que hacer el ciudadano, contestó Iglesias, es administrar el hambre, el paro y su descontento sin cobrarse alguna vida por el camino. No debe administrar su frustración y seguir pagando, con sus abultados impuestos, las tarjetas negras, el 3% de todas las comisiones parleñas o valdemorillenses y comenzar a alborotar los juzgados cosa que no han hecho hasta ahora.
Los peores jueces, interviene la moderadora, son los del Opus ya que creen que, además del Código Penal o la costumbre, los guía el Espíritu Santo.
Eso, Panchirrina, dijo María Ostiz, es opinión, no información y está, por tanto, fuera de lugar en una moderadora.
Don Pablo Iglesias dio tal respingo que se cayó de espaldas destrozando la guitarra de la cantautora.
Doña Astrid Machuca Borreguero toma todos los días un baño de asiento de agua de seltz para que las burbujas, en su glu-glú continuo e inexorable, vayan aliviando sus almorranas.
¿Y no probó a hacerlo con la garra rufa, esos peces que se comen la piel muerta y las durezas de los pies?
Pues sí, pero sentía placer. Un placer irrefrenable, mientras los pececillos succionaban su esfínter. Su director espiritual se lo prohibió de inmediato.
Bien está, le riñó, probar nuevas técnicas curativas pero lo de los peces raya en el regodeo en la concupiscencia y eso no pienso consentirlo. ¿Se entera usted, tía golfa?
Yo, padre… trataba de explicarse doña Astrid.
Ego te absolvo a peccatis tuos…
Los mormones de Tennessee, cuando salieron del figón fueron de vinos por todos y cada uno de los bares de Aranda. A los mormones de Tennessee lo que más les gusta son las tapas de langostillos con un chorrito de limón.
¿Usted cree, don Dimas, que los langostillos están considerados pecaminosos?
Para los mormones de Tennessee, no. Si acaso para los de Utah o los de Salicon Valley… Pero, eso sí, si son trasegados o engullidos con fruición desmedida.
A los mormones de Tennessee, por el contrario, no les gustan los altramuces. Esas amarillas leguminosas que tanto colesterol produce.
¡Anda…! ¿Y eso?
Pues porque los llaman chochos y esta palabra, para los mormones de Tennessee es tabú. Como daguerrotipo o guibelurdiña en Kansas City.
¡Qué cosas tienen estos comanches!, ¿verdad usted que sí?
¡Y tanto!
Pues fíjese usted, don Dimas, que yo siempre creí que los mormones, aunque fueran de Tennessee, eran herbívoros.
¿Querrá usted decir vegetarianos?
¡Huy!, tiene usted razón. Es que estaban pensando en los apetecibles chuletones de toro de la raza Polled Hereford. Los mormones de Tennessee son vegetarianos, efectivamente, salvo que tengan que comer fuera de su país. Entonces tienen permitido comer lo que sea salvo, claro está, cerdo capado con dos piedras de pedernal y salamanquesa hervida.
Los sociólogos y sicólogos argentinos recomiendan para los enfermos que abusan del rijo la masturbación con lija del doble cero o de grano de carburo de silicio que levanta menos polvo, con perdón. Si el vicio está ya muy arraigado recomiendan el uso de un limón.
¿Exprimido?
No, hombre. Un limón; una lima grande, quiero decir. Pero tiene que ser una lima y no una escofina. Una lima de la marca Bellota, que se fabrica en Legazpia y da muy buen resultado.
Doña Astrid Machuca Borreguero, después de dos baños de asiento con agua de seltz, se untaba el pliegue con un ungüento o cataplasma hecho de las siete especias libanesas. A saber: canela, clavo, azafrán, pimienta, nuez moscada, cúrcuma y comino.
Pues tendría la almorrana como un curry de pollo ¿no le parece?
Talmente
¿Y eso no escocía?
Pues sí, quizás sí. Aunque también servía para aromatizar las trallas, o trueno ronco y aéreo que tanto apacigua el bandujo tras la ingesta de harina de almortas y otras leguminosas.
Eso sí; claro. Por cierto, ¿las almortas no tienen otro nombre?
Claro que sí. A las almortas también se las denomina guija, pito, tito o chícharo.
¡Ah!
Los jueces de la Audiencia Nacional, según es bien sabido, antes de leer un auto o de comunicar al reo una sentencia le lavan los pies con jabón Chimbo y se los secan con el faldón de la toga. También hacen gárgaras con Listerine de color morado, que es menos fuerte y más aromático. Esto último es por el reflujo de los callos con garbanzos. Los jueces de la Audiencia Nacional son muy mirados y ejemplificadores con sus reos ya que estos son todos altos ejecutivos de la banca Barcenillas; de lo más granado del PP madrileño o del socialismo parleño.
¿Y nunca eructan?
Pues sí, claro. Pero se ponen la mano delante, como hacen los futbolistas para que los aficionados no se enteren de qué se dicen entre ellos.
¡Pues es un detalle que les honra! ¿No cree?
Claro que sí.
Doña Astrid Machuca Borreguero pensaba en los toros de la raza Polled Hereford y en los pobres negros que el Ku-Klux-Klan hace arder con gasolina sin plomo. No hay derecho, protestó, la culpa de que la capa de ozono se esté desintegrando es de los toros de la raza Polled Hereford, y de cenutrias de las vacas que se tiran pedos y atufan al ozono y al sursum corda. Lo que hay que hacer es coger a todos los toros de la raza Polled Hereford y sus vacas y pasarlos por la máquina de picar. Hacer más salsa boloñesa y dejar a los negros en paz, que luego arden y se gastan los extintores del juzgado.
Los mormones de Tennessee, temerosos de que doña Astrid convenciera a los jueces de la Audiencia Nacional, y les dejara sin negros que ardieran como ninots por Fallas cambiaron el contenido de los sifones que doña Astrid utilizaba para sus baños de asiento por una mezcla de su propia cataplasma duodenal y medio litro de esencia de trementina.
Oiga, don Dimas, ¿esto de la esencia de trementina es licencia poética o realmente existe?
Claro que existe, don Matías. Lo que ocurre es que usted lo llama, de forma vulgar, aguarrás.
¡Ah! Menos mal que está usted dispuesto a corregirme. No sé qué sería de mí sin su sapiencia y sabiduría…
Calle, adulador. Y no me interrumpa.
Siga, siga…
Doña Astrid rindió así el tributo último a la Humanidad escribiendo, en papel de barba y con una pluma de ánade travestido mojando en tinta de chipirón lo que iba sintiendo mientras los retortijones iban traspasando, una tras otra, las esclusas del colon y los intestinos hasta superar, el amargo trance, de evacuar el bolo gástrico por el tubo de escape. De esta experiencia se beneficio la Ciencia Médica. Los resultados y síntomas quedaron recogidos en un libro que se tituló Perilleux sur l’ingestion du cataplasme de epice o Vuelco del alma tras el vaciado de la última esclusa del duodeno, el yeyuno y el íleon.
La hija de Isabel Pantoja tuvo que intervenir para reconvenir en modo y forma a ambos intervinientes tras que Pablo Iglesias cayera de espaldas al intentar explicarle a, María Ostiz, que un pueblo no es abrir una ventana a la mañana y respirar, como ella canta. El coletero tertuliano le arrancó la guitarra de las manos y salió corriendo mientras Rosa Díez amenazaba al eurodiputado pensando que era Sosa con el pepino en la mano.
El juez de guardia de la Audiencia Nacional, tras lavarse los pies y las partes pudendas y salpimentarse los testículos con el preparado que quedaba en el sifón, para probar sus efectos y así tener conocimiento de los hechos acaecidos, dio en condenar, y condenó a los mormones de Tennessee a tres años en la misma celda de Alhaurín que Isabel Pantoja, Julián Muñoz y Maite Zaldivar. Amnistía Internacional pidió clemencia y criticó con fuerza lo que llamó la innecesaria exposición a la crueldad de los reos. El señor juez que, dos años después, continuaba sin poder sentarse de las fuertes escoceduras, no tuvo clemencia.
¡Hizo bien!, qué coño…
¿Y María Ostiz y Pablo Iglesias?
Pues se casaron, fueron felices y a nosotros nos dieron con el plato en las narices.

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