NOVIEMBRE MES DE TEATRO

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Estamos llegando, como quien no quiere la cosa, al mágico y fúnebre mes de noviembre. Noviembre es un mes donde los escorpiones se ponen farrucos y envían ramitos de violetas a aquellas señoras que no tienen quien les escriba, como aquel coronel pelmazo del liquiliqui. Es mes de castañas y de mandarinas ácidas y aún algo verdes; mes de huesos de santo y de rosquillas borbonas -tontas y listas-. Noviembre es mes de difuntos; de tenorios y santas patronas madrileñas. Es mes de castas monjas que desconocían si el himeneo no sería darle un meneo al himen. Noviembre es un mes frío pero seco, un mes nebuloso que al mediodía solea las calles con un calor maternal, como el abrazo de una madre de gemelos o mellizos asturianos. Un mes que desnuda árboles y torna el verde festón de montes y jardines en rojos, cárdenos y dorados colores prenavideños. Noviembre es… noviembre, ¡qué coño….!
Pero este año, don Dimas, tampoco nos pondrán en el televisor el Tenorio, ¿verdad usted?
Puede usted darlo por seguro, don Matías. Don Juan es un personaje que está superado históricamente. Superado y eliminado, por esa nueva religión del feminismo, el armarismo y el buenismo. ¡Dónde va usted, con la que está cayendo!, a decirle a una tía, por muy monja y recatada que sea aquello de, ¿no es verdad, paloma mía, que estoy respirando amor?
Sí; la verdad es que suena un poco vintage.
Hoy, don Dimas, doña Inés de Ulloa sería una real señora. Una ex monja liberada, reivindicativa, independiente y sexualmente imaginativa que no conoce más misionero que el padre Usera y que, entre el 30 de octubre y la noche de difuntos se entretendría en poner cachondo a don Juan y a media guardia suiza mostrándose en posición de decúbito prono, la retambufa al aire sin importarle mucho que los muertos del cementerio, esos muertos tendidos boca arriba, como las mujeres decentes, se mofen hasta el escarnio del pobre Tenorio. Don Juan -¡el muy lila!- que pretendía burlarle a ella, doña Inés de Ulloa, haciendo uso de una rimas añejas, sexistas y discriminatorias para la nueva mujer española. Una rimas que, parece mentira, que fueran escritas por un autor que se llamaba Zorilla.
Don Juan, por estas calendas, tendría que actualizar sus versos y dejarse de este aura que vaga, llena, de los sencillos olores de las campesinas flores y rimar rapero como El Langui del Pan Bendito aunque, eso sí, con mejor dicción.
Las nalgas, Inés de Ulloa, los nacarados cancos de vuestro bullarengue, las tersas y aterciopeladas cachas del rulé, con que os obsequió Natura, los de vos paloma mía, son rebles, amor, rebles (aquí, seguramente, el actor se trabucará y dirá febles, en lugar de rebles, que es antónimo, y no sinónimo) que os hacen justa memoria y yo, pobre y necio pillo, me como un torrenillo en esta fría noria, en el Duero por Soria…
Sí; Inés de Ulloa tiene mucho que celebrar con la liberación de la mujer y, al paso, la condena al ostracismo helénico del matasiete zorrillesco. Inés de Ulloa tiene un himno de liberación; un himno que le cantó el gran bardo de las causas perdidas: el filipino don Luis Eduardo. La letra decía así:

Adiós, Inés de Ulloa,
me voy para Lisboa,
me apunto de soldao
en la revoluçao.

T’as pasao, t’as pasao,
qué mosquito t’a picao.

Cómo quieres que me quede
con el lío que hay montao,
si me busca todo el mundo
por inverso y por drogao.
Si me quieres, vida mía,
piensa que me voy chalao
por tus huesos, por tus besos,
por tu acento de Bilbao.

T’as hartao, t’as cansao
no te gusta mi peinao.

Tus ricitos me fascinan,
nena, no te has enterao
de que el Lute es a mi lado
como un santo embalsamao.
Media CIA me persigue
desde Lourdes al Macao,
todo por tu lindo cuerpo
y por tu mágico cruzao.

Ven, amao, a mi lao,
te daré otro Cola-Cao.

No me digas esas cosas
que me pones encelao.
Ay, Inés, tú no me quieres,
que me quieres enterrao.
El amor es otra cosa,
esto tuyo es un pecao,
pero así es como me gustan
las cosas del bacalao.

Adiós, Inés de Ulloa,
me voy para Lisboa,
me apunto de soldao
en la revoluçao.

Ten cuidao, Coraçao
que Lisboa es un cacao.
Coraçao, ten cuidado
no te corten el riau-riau.

Y es que, don Dimas, ese es el peligro para los Tenorios de hoy en día: que le corten a uno el riau-riau en pequeñas rodajas, como lonchas de mini babibel. Lo mejor, don Dimas, es volver a poner Verano Azul. Quién sabe, si en esta nueva reposición Chanquete ha crecido y ha llegado, por fin, a Boquerón.

Para ver el video, pulsar: https://www.youtube.com/watch?v=j9iB4nNgA84

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