PATRIOTAS DE FIN DE SEMANA

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Es acojonante. Acojonante y patético. De los 27 comisarios nombrados por Junker nuestro Arias Cañete, el devorador de yogures caducados, el rey de la ducha fría, el machista faltón, ha resultado ser el comisario más rico de entre los ricos comisarios. Efectivamente, don Miguel, el brazo político de los Domecq, ha presentado una declaración -que no quiere decir que sea real y fiel- de 636.500 euros (que son, para los poco avisados, más de 105 millones de pesetas) tan solo en acciones.
Don Miguel supera, en esta carrera de ostentosa pasta gansa, incluso al comisario alemán al que gana por escaso margen y a los otros 25, a los que gana de calle. Hay comisarios, el holandés y la italiana, que no tienen ni un solo título bancario o similar. ¡Serán indigentes y paupérrimos!
España, lo que queda de ella, se convierte así, en el paraíso de los ricos. El lugar donde los ricos son más ricos que en ningún sitio; con una diferencia abrumadora. Y no es extraño. En lo que queda de España los ladrones, como acabamos de ver en el Parlament catalán, son más ladrones que en ningún sitio y gozan de una protección oficial mayor que en ningún. ¡España sigue siendo diferente!
En nuestro país, en la parte que aún no se ha declarado independiente de forma unilateral, hacemos gala de una golfería tan desahogada que da hasta vergüenza ajena ver cómo y por quiénes estamos representados. Somos capaces de enviar a Bruselas a un mercader, a un lobista que va a defender sus asuntos privados, los intereses de su familia. Un negociante que debería estar incapacitado, por tener arte y parte en la comisión que va a administrar, sin el menor pudor, con el mayor de los descaros. Y esto es así porque en lo que queda de España la golfería se ha hecho oficial. Samuel Johnson lo dejó escrito: el patriotismo es el último refugio de los canallas. Y aquí, en este país de chicha y nabo que entre todos, y voto a voto, hemos ido transformando en lo que hoy sufrimos, es donde mayor importancia cobra esta frase.
Si un canalla quiere defender y aumentar su insultante patrimonio en un país de pobres, de parados, de recortes sociales, de privatizaciones de lo público; si ese canalla, decía, presenta un patrimonio que daría vergüenza al más pícaro, al más golfo de entre los especuladores; si un gobernante, pillado in fraganti llevándose el dinero a un paraíso fiscal; si una familia entera es descubierta formando una particular banda mafiosa con el dinero público, lo único que tiene que hacer es envolverse en la bandera, en declararse patriota y –ya puestos- zaherir, abroncar y acojonar a toda una cámara de representantes de los ciudadanos sin ningún tipo de rubor. ¡Visca Catalunya!, que no es menos diferente que España.
¿Por qué este trincón es capaz de amenazar y reñir al Parlament? Pues porque ha estado muchos años gobernando a golpe de comisión; porque sabe quién y cuánto son los que han cobrado también; porque conoce perfectamente la relación clientelar de todos los políticos catalanes, porque sabe, o lo presume, dónde tiene su dinero el resto de parlamentarios. Su frase: “si cae la rama del árbol, al final caerán todas”, es definitiva y definitoria, es un símil perfecto. Cuidadito con lo que hacéis que tiro de la manta.
El indecente ceremonial independentista, como bien decía ayer Vozpópuli, del fin de semana estaba organizado por la banda que gobierna Cataluña milimétricamente, poniendo sordina a los ecos de la vergonzante intervención de Pujol, en la que lejos de rendir cuentas, ofrecer datos y pedir disculpas, optó por hacer gala de su catalanismo, el de su padre y el de su régimen evasor y estraperlista convirtiendo el Parlament en un refugio de canallas, en una cueva de ladrones amedrentados por su padrino. La clase política catalana, los empresarios extorsionados corresponsables de la omertá, del silencio mafioso, se manifestaban junto a un sinfín de afiliados de los dos partidos que sustentan este gobierno de crápulas a las puertas del Parlament aplaudiendo el latrocinio; la ratería, el desfalco; el pillaje de los bienes públicos de forma babeante con tal de conseguir una independencia que no busca la independencia de España, sino una independencia de la Justicia española; de la Justicia no sometida al gobierno de los rateros; una Justicia puesta por ellos y para ellos. ¿Se imaginan ustedes cómo sería una Cataluña independiente sometida, tan solo, a la Justicia de una judicatura colocada a dedo por CiU o ERC? Esta es la independencia que busca la banda de Pujol, su familia y sus sottocapos; no la independencia política.
España –lo que queda de ella- mientras, asiste perpleja a los viajes del Gulliver del PP por el bazar chino; mientras hace turismo en la Ciudad Prohibida –curiosa coincidencia- mientras es informado (o no, que diría él) por sus ministros de cómo se produce la sediciosa firma de una ley de consultas que, por la estulticia de algunos políticos y la abogacía del estado, es legal durante un par de días.
Los españoles asistimos impotentes a esta muestra de indecencia organizada desde la sede del partido gobernante. El nombramiento de un representante público que va a organizar sus negocios privados bajo el paraguas del gobierno y de la ciudadanía. Un comisario con intereses tan sumamente espurios como que ha tenido que vender parte de sus acciones para evitar la incompatibilidad absoluta en que está inmerso. Incompatibilidad que ha burlado –en parte- con la venta de sus acciones pero que traspasó a su hijo, a sus familiares directos.
España es, cada día más, un país pobre, un país que no es capaz de generar trabajo para sus ciudadanos; un país donde la gente tiene que abandonarlo para convertirse –nuevamente- en emigrantes, en mano de obra barata, cualificada, eso sí, pero que, en lugar de engrandecer su país con la carísima educación que entre todos hemos facilitado a esta generación que, según se presume, es la más preparada de España, de lo que queda de ella, los echamos del mercado laboral nacional porque el mercado español está sometido a cuatro mangantes, a cuatro políticos lobistas, a cuatro golfos comisionistas mientras a todos ellos se les llena la boca hablando de regeneración democrática y de patria. Lo dijo Johnson y acertó: el patriotismo es el último refugio de los canallas.

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