USTEDEO O TUTEO… THAT IS THE QUESTION

Tu_Usted

Doña María Martínez, es una señora de inquietantes ojos verdes y pelo bermejo que, desde el face, me llama don Usté por la costumbre que tengo de usar este tratamiento con mis lectores. La directora de Personal de mi empresa –ahora lo llaman Recursos Humanos- me pregunta por qué la digo de usted y no de tú, como hace todo el mundo. Esto del ustedeo, o del tuteo; el dividir en parejas, es algo que forma parte de la cultura y la tradición en nuestro país: Casillas o Diego López; Joselito o Belmonte; El Fary o Plácido Domingo…
Un tercio -los más reverenciadores- piensan que la forma más propia para dirigirse a alguien es manteniendo el tratamiento y los otros dos tercios piensan que el tuteo implica confianza, cariño, asiduidad y, por tanto, debe desplazarse al atávico ustedeo, por incómodo, casposo y protocolario en beneficio del tuteo, mucho más colegui, güay y ¡osá tía, que fuerte!. Pues muy bien. Quizás he exagerado y, dentro de esos dos tercios, debería haber hecho un pequeño apartado para quienes le importa un carajo el uno y el otro tratamiento.
Dejando de lado el asunto del facebock, que -¡al fin!- voy a confesar no me ocupo yo de ello, sino un ferroviario soriano que vive con don Dimas y don Matías, yo siempre llamo a todo el mundo de usted. ¿Por qué? Bueno, pues se lo voy a explicar.
Yo sé que el tratamiento de tú se está extendiendo. Ya sé, también, que todo el mundo utiliza el tuteo. A nadie se le ocurre, ahora, utilizar el usted. Para hacer una prueba he cogido, al buen albur, unas cuantas canciones, y he sustituido el tuteo por el ustedeo. Vean el resultado:

Y qué hizo usted del amor que me juró
Y qué hizo usted de los besos que le dí
Y qué excusa puede usted darme si falló…

Algo suena mal, ¿verdad?. Veamos esta otra, que cantaba la señorita Olé olé:

No controle usted mis vestidos
no controle usted mis sentidos…

O esta otra de Bisbal:

La quiero
La amo
La adoro
La añoro
La siento
Yo pienso que es usted mi tesoro…

No queda muy bien ¿verdad? Entonces, pensarán ustedes, por qué no se utiliza el tuteo en lugar del ustedeo… Hagamos una segunda prueba. Vayamos, el próximo domingo, a comer a casa de los papás… A la hora de servir la sopa pruebe usted a decir: Si usted, padre, me lo permite yo, su hijo de usted, le sirvo la sopa. A usted también esposa, y a ustedes dos mis queridísimos hijos… Su padre –el pobre- le mirará con condescendencia e intentará cambiar de tema para no hacer sangre delante de la parienta; su esposa le dirá aquello de Ataulfo, hijo, desde que tomas vermú con gin se te está haciendo paté el cerebro y los niños, ¡ay, los niños!, se echarán los pobres a llorar.
Bua, bua…. Papá se ha vuelto loco.
Entonces, ¿para qué no utilizo siempre el tuteo? Pues muy sencillo.
El que suscribe, al hablar de usted a los suyos y ver el resultado pensó: ¡Dios mío de mi vida, Jesusito, que eres niño como yo…! ¿Por qué permites que me enrolle y no encuentre salida a mi perorata. Y cuando el rostro volvió halló la respuesta viendo…. Y tal, y tal.
No me dio más tiempo a cavilaciones pues me di cuenta que, a Dios Nuestro Señor se le tutea con el máximo respeto –luego el ustedeo no aporta respeto-. A los padres, a los hijos, a la propia esposa, también se le tutea y son con quienes compartimos lo mejor de nuestras vidas. Luego tampoco aporta familiaridad y amistad. Tratamos de tú a Jonás La Agüela, o a Periquillo Búfalo; al Navegante, al matrimonio Billotti, a los Espino y a muchos otros ¿Será, entonces, que tuteamos a lo que nos inspira mucha confianza, mucho cariño y, por el contrario, tratamos de usted a los que nos inspira menos cariño, menos confianza y, a aquellos por quienes no tenemos o no nos merecen el más mínimo respeto?
El tuteo es patrimonio exclusivo para con los dioses, los amigos, la familia y el ustedeo es la mejor de las fronteras, la mejor línea roja para evitar que alguien se cuele de rondón dentro de tu círculo de amor. Ya lo dijo el poeta: una buena valla hace el mejor de los vecinos…
El ferroviario que esto escribe es hombre muy circunspecto y mesurado pero, eso también es cierto, le gusta dar vueltas a aquello que no las tiene y, cuando se le presentan asuntos confusos, turbios y borrosos, en lugar de fumar –que ya no le deja Mutriku– se pone a dar vueltas como peonza panzuda y no para en barras y desbarres hasta que llega la hora de la cena.
Lo siento, amigos, voy a cenar que ya me llaman. Por cierto, y ya que son ustedes mis amigos: Si gustáis…

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