LAS QUEJAS DE LA NADADORA

mireia-belmonte_560x280La señorita Mireia Belmonte, nadadora de primer orden, ha declarado que “importa más el pelo de Sergio Ramos que mi récord del mundo”. La señorita Mireia Belmonte, pese a tan taurino apellido, es catalana de Badalona, donde la natación o el basket, como el fútbol en Camas, el pueblo de Sergio Ramos, son el deporte más practicado y, por lo tanto, el que han elegido hacer libremente cientos de niños. La señorita Mireia Belmonte ha hecho un símil muy afortunado, pero tenía algún otro a mano. Por ejemplo podría haber dicho que nadie se había interesado tanto por la natación española hasta que Melani Costa, también campeona del mundo de natación, empezó a salir con el hijo de la duquesa de Alba. Pero es mucho más fácil, claro, utilizar al pobre Sergio Ramos que, encima, como los pinos de navidad, tiene pocas luces.
Dice la señorita Belmonte, y no le falta razón, que en Australia todos los niños quieren ser nadadores y no futbolistas, claro, y Mel Gibson o Nicole Kidman, no como en España que quieren ser toreros, futbolistas o El Fary. Pues yo creo que las reclamaciones deberían ir encaminadas a sus papás –granaíno y jaenera- quienes, en lugar de ir a Badalona deberían haber emigrado a Sidney. La señorita Belmonte ya ha cumplido veinticuatro años y, por lo tanto, debería saber que nada, vive y desarrolla su actividad en España y no en Australia. En España se financia el fútbol porque, además de atontar convenientemente al espectador, genera una cantidad de pasta impresionante. Pasta que, para más inri, va directamente a los bolsillos de presidentes tal que giles, del nidos, roselles y loperas, que han dejado aún más chico a Jordi Pujol, mientras que la natación no genera más que repelús en una población que se baña poco y a deshoras.
La señorita Mireia Belmonte, como no es tonta, sabe que ha tenido ayudas del COE y que viene cobrando, habitualmente, las becas ADO y así lo reconoce pero, dice, tenemos que aprender mucho y explica que “cuando batió el récord del mundo tuvo que viajar en un autobús nueve horas desde Eindhoven a Berlín, con las piernas totalmente encogidas. Llegué que las tenía reventadas… pero se tuvo que aguantar”. A continuación, añade, “creo que si haces un esfuerzo y dedicas toda tu vida a representar a tu país, lo mínimo es que te lo reconozcan y te ayuden todo lo posible”. Pues tiene usted toda la razón, señorita Belmonte. ¿No se considera usted reconocida por los españoles? Le puedo a usted asegurar que, en mi circulo, y yo mismo, la reconocemos a usted como la mejor nadadora de la historia del deporte español y que hemos vibrado con sus triunfos. Por si era poco, además, y dentro de nuestros escasos recursos, y con lo mejor de nuestros impuestos, le ayudamos a usted a que vaya, al menos en tan siniestro autobús, en lugar de hacerlo a pie o nadando a mariposa.
¿Se le ha ocurrido a usted preguntarse si este país está en condiciones de pagar lo que está pagando en cooperación internacional, ayudas a deportistas, subvenciones a instituciones y partidos, atención a emigrantes y refugiados, etc.? ¿Se ha preguntado usted en cuántos hogares españoles no entra un solo euro desde hace años? ¿Se ha preguntado usted cuántos parados mayores de 45 años están perdiendo su empleo mientras usted reivindica más ayuda?
Señorita Belmonte, yo ya soy bastante mayor y recuerdo, perfectamente, las horas que tardaba un emigrante, como sus propios padres, en llegar de sus pueblos a Badalona. De hecho, por este pueblo soriano desde el que le escribo pasaba el denominado Shangai Express que traía emigrantes gallegos a Cataluña, y viceversa. No nueve horas… hasta dos días tardaban en llegar. Sin agua, sin comida, en asientos de tercera. Cuando llegaban, pregúntele usted a su padre, tenían que dirigirse a la obra o al tajo –fuera el que fuera- sin tiempo para relajarse, igual que le pasó a usted. Usted, al menos, puede en un momento dado, naturalizarse australiana o fichar por un club profesional de aquel país y acabar con sus incomodidades y con la incuria y el desprecio atávico a la natación de sus paisanos, pero ni sus padres ni millones de emigrantes pudieron hacerlo. Y, además, no tenían el altavoz de un periódico, como el que ahora recoge sus quejas.
Siento, de verdad, que se encuentre tan chafada. Yo creo que usted y el resto del equipo de natación merecen toda la atención posible y también, ¡cómo no! toda la ayuda que pueda dárselas pero, puestos a plantear quejas… hágalo con fundamento.

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