LA VITOLFILIA Y OTRAS PALABRAS

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La señorita San Vicente, en su muro facebuquero, ha puesto el dedo en la llaga al adjudicar a la Lozana diputada una especie de escurribanda verbal. La palabra que ha utilizado la señorita San Vicente ha sido verborrea. Dícese de quien tiene diarrea verbal, según el Diccionario Cañí, del ferroviario sin trenes. Y es cierto; hay palabras que son de muy difícil encaje académico y que, en la mayoría de los casos, se despacha sin entrar al fondo de su significado. Verbigratia: seminario… Si urinario es donde se orina, ¿qué es lo que se depone en un seminario?
Pues qué va a ser hombre, si la propia palabra lo dice….
Calle, calle, don Matías. No me sea usted marrano.
Hay otras palabras que se pierden por ¡vaya usted a saber qué vericuetos de la política, la economía o cualquier otra maña dependiente del gobierno. Por ejemplo la vitolfilia…
¿Mande…?

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La vitolfilia, hombre. La vitolfilia no es una enfermedad. Tampoco es el nombre de la alcaldesa de Cádiz; quite, quite… Ni es una medicina prodigiosa, el último clavo ardiendo al que se agarran los productores de vino para evitar las filoxeras y otros bichos perniciosos para la uva y su caldo. La vitolfilia es un pacífico entretenimiento para viejos prematuros, para gentes a los que la pesca pone nerviosos, gentes sedentarias, pacientes y honestas que hacen de la colección de sortijas de cigarros puros su modo de vida, su máxima aspiración, su razón de ser. Gentes pulcras, cuidadosas que coleccionan relucientes y airosas vitolas de puro. Vamos, más que coleccionar, que coleccionaban porque para eso está el señor Montoro, el señor Zapatero, el gobierno bambi y el gobierno teleñeco que prohíben fumar y matan –al paso- al pobre vitólfilico de aburrimiento.
¿Qué daño podría hacer don Tesifonte, el viejo coleccionista de vitolas de puro al tal Zapatero?
¡Puesh que coleccione shellosh!, dirá Mariano
Pues no señor. Coleccionar sellos no es igual de honrado ni está igual de bien visto que la vitolfilia. Coleccionar sellos te lleva a crear una Afinsa, un Forum Filatélico, cualquier sindiós ilegal y bandoleril, mientras que coleccionar vitolas de puro es una cosa artesana y decente. ¿Ha visto usted esos ceniceros a los que se adherían las vitolas y, bajo ellas, se ponía un fieltro verde, como de los de jugar al mus… ¡No me diga que no es elegante y distinguido para un regalo de boda, para un cumpleaños o una petición de mano!
A otros les da por gestionar carteras. Esto de la gestión de carteras, en buena lid, debería llamarse carterismo. Pues no; si uno se dedica a gestionar carteras, a coleccionar valores de Bolsa acaba convirtiéndose en un quinqui, por mucho que la hermana del secretario de estado de hacienda esté en el ajo.
O el Jaime Morey
Por ejemplo.
Deben de ser ya pocas las cosas que no se ha coleccionado en el mundo a lo largo de la Historia. Algunas serán bien curiosas, no crea. ¿Qué coleccionarían Indibil y Mandolio? ¿Y el portaestandarte de Juana la Loca? El afán coleccionista, según los psiquiatras es una dolencia mental de carácter leve y no peligroso. Botín, por ejemplo, colecciona dinero. Pero en este caso, y con ese apellido, se entiende. Procusto… ¿Qué colecciona Procusto? Seguramente muescas de sanciones a afiliados; expulsiones; insultos tuiteros… A la Lozana diputada, por ejemplo, no le sienta el pepino, a lo que se ve. Será que le repite o que con la sosa amarga…
En las vitolas de puros se mostraban, gozosos reyes y sus consortes; estampas del Quijote; escudos de fútbol; káiseres germanos y bigotudos generales sudamericanos luchando contra la incuria española. Ahora, con esto del pajarito de Maduro podrían, incluso, aparecer Chávez y sus apariciones ferverosas rodeado de Pablemos, Monederos y toda la mierda que lo sustenta.
Sí; los gobernantes, esos inútiles a los que mantenemos con nuestros impuestos, se han cargado el sueño de cientos de españoles que, en la mansedumbre de su soledad, coleccionaban las vitolas de puro que algunos otros españoles les guardábamos en la cartera, apenas dobladas para que no se estropeasen. ¿También les hacía daño este santo entretenimiento? Pues sí; a lo que se ve también les molesta.
Hay palabras muy feas, no crea usted. Palabras que la Real Academia despacha con una faena de aliño sin entrar en más miramientos. Palabras de sonido vulgar y chabacano…
¿Por ejemplo?
Pues no sé… envergadura. O apoyadura… Palabras que, unidas a otras, como me aburro suenan de una forma desagradable y pedestre. Las palabras con “ch” o las que tienen la letra “z” suelen ser palabras vulgares.
¡No me diga…!
Eche, eche usted cuenta y lo verá…
¡Anda…! Pues ahora que lo dice… chorizo, chumin…
Calle, calle….

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3 Respuestas a “LA VITOLFILIA Y OTRAS PALABRAS

  1. Beatriz Becerra en aquel artículo titulado “Disidentix vs. dominatrix” denominaba a la verborrea de una forma inmensamente más divertida, con una connotación más sexual que una vulgar diarrea. La pena es que ese artículo, como tantos, ha desaparecido de la web de Upyd (algunos, como el del eurodiputado caído en desgracia, ni tan siquiera aparecen).
    Yo sigo rastreando por una hemeroteca más fiable porque ahí lo único que, a buen seguro encuentras, es la pose de la divina en sus mil y una noches de embriaguez electoral.

    • Ya he dado con el término aplicable a la verborrea disidentix:
      desparrame onanístico pseudopolítico

  2. Para qué Becerras cuando hay vacas…