EL CINE ESPAÑOL SIEMPRE ACABA COMO EL DE HOLLYWOOD

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A mí nunca me gustó el cine demasiado, don Dimas. El cine siempre me pareció un ejercicio de zascandiles que no tienen otra cosa que hacer.
¡Pero hombre…! Si el cine es un arte. ¿Por qué no le gusta el cine?
Pues porque los directores, los guionistas, los productores no buscan la raíz de las cosas. Siempre se quedan en la anécdota. Dígame usted. Cualquier película… no sé… Las de marcianos, por ejemplo. ¿Es que los marcianos son extraterrestres? ¿A los marcianos es a los únicos seres que no les gusta la moda? ¿Por qué los marcianos aparecen siempre desnudos en las películas? ¿No van a las rebajas? ¿Son los únicos que no llevan nada de Carolina Herrera? No será porque no les guste la moda. Verá usted. Nunca he visto un marciano gordo. Pero tampoco vi, jamás, un marciano en el gimnasio. Y sin embargo están finos como fideos. Un marciano no pasea, como me dice a mí el médico, y no tienen colesterol. ¿Hacen los marcianos footing? De no ser así ya me dirá usted. Si están todo el día sentados en la nave; sin hacer ni gota de ejercicio tendrían que estar como sacas de correos.
Hombre, don Matías, que esas son cosas de la ciencia-ficción. Que no son ciertas…
Bueno, pues le pongo otros casos, para que usted me diga. Las pelis de miedo. Va un tío, o una joven, y oye un ruido… Yo, si oigo un ruido en mi casa me cago, literalmente. Ellos no. ¡Qué va! Va y dice ¿Quién anda ahí? Sí, hombre; que te va a decir el caco. Aquí Ramón el Randa, navajero y violador. Seis años de profesión, dos condenas y siete fugas. ¡No te digo! Pero es que, si no contesta, va el tío, o la chavala y se pone a buscarle. Primero mira en el baño. Es raro, porque los ladrones suelen ser jóvenes, y no sufren de próstata. Pero ellos miran por si les entró una urgencia. Como no está tampoco en el baño van avanzando despacito y sin dar la luz, para que no le vea… Abren una puerta despacio. ¡Pero coñoooo! Abre de un portazo, que si está tras la puerta, igual le descalabras. Pues no, abre bien despacito, y además no suelta la manivela, se conoce que es para no caerse del miedo.
Pues bien, resulta que tampoco está en el baño. Entonces va y mira bajo la cama… A ver, hombre, suba usted a la cama, que estará más cómodo. No ve que se está llenando de pelusilla. Suba, no se preocupe… Nada, tampoco está bajo la cama. Entonces viene el efecto Chueca. Igual está dentro del armario…. ¿Es usted un caco sarasola? No se preocupe, que no pasa nada. Ahora sale usted del armario y le acompaño a la asociación de gays y lesbianas y se saca usted el carné fucsia, como si fuera de los de la urraca de Güemes. ¡Por favor!, don Dimas…
Es que es usted un exagerado, no me diga. Pues estas películas de miedo están entre las más valoradas por el público.
Claro, por un público al que le da lo mismo ocho que ochenta. Verá usted. La señorita, o el protagonista, como no han encontrado al malo salen a la calle. ¡Tachánnnnn!. Ostras pedrín, que viene el malo de frente… ¿Qué hace el prota, o la chica? ¡Ah, amigo…! Se cambia de acera. ¡Claaaaaro! No ve usted que los asesinos solo matan en las aceras pares. En las impares no hacen nada. El malo, al ver que se cambian de acera, va y dice: Me cago en to lo que se menea… Otro que se me va a corrales vivo. ¡Le digo yo a usted…!
¿Y las españolas? ¿Tampoco le gustan a usted las españolas?
Pues tampoco, no crea… Me parece que no saben adelantarse a los acontecimientos y no muestran nada nuevo ni terminan como españolas, sino como las de Hollywood. Se quedan en lo superficial.
No me diga. ¿No le gusta Berlanga?
Pues sí, la verdad, me hace gracia. Es el que más se acerca a la realidad. Por ejemplo, en La escopeta nacional salía un inspector de hacienda que se llamaba Solchaga y en otra película salía un policía que se llamaba Corcuera. Berlanga, la verdad, es que se acercaba bastante a la realidad.
¿No recuerda usted la película Plácido?
Claro
Pues en ella trataba muy bien el problema de los impagos de las letras. La angustia que se vivía en aquella España de cartilla de racionamiento y plato único. La pelea del pobre Plácido por pagar al notario la letra daba una idea de cómo era entonces la compra a plazos… ¿No le recordó estas épocas de crisis?
Sí, pero no remataba. ¿Ve? Al final, Plácido, cuando llega al notario, después de sufrir lo indecible para pagar la letra, se encuentra con que el notario, -que era José Orjas, el entrañable don Cicuta-, va y le dice: “¡Pero hombre!, si este efecto no lleva fecha de pago. Usted se podría haber ahorrado el pago de esta letra”. Entonces, Placido va y le dice: “Pues me alegro mucho, deme, deme, que me la llevo” y el notario –de ahí lo de no rematar- va y dice: “No señor. Este efecto ha llegado a mí, que soy fedatario público y hay que hacerla efectiva. Se siente”. Y el Plácido, en lugar de darle un parte, como harían ahora, y repartirse la cantidad, se marcha tan conforme con el pago. Eso no es reflejar la realidad. En España, de darse un caso similar, se lo reparten. O se lo queda el notario, o lo ingresa en una cuenta judicial de la que desaparece o, por qué no, se la lleva el president de la Generalitat a Suiza en un coche revisado por la ITV de su hijo. Eso sí sería un final para una película española y no la sosada del Plácido subido en el motocarro y seguido por su cuñado cojeando con la mísera cesta de Navidad.
Pues va a ser que tiene usted razón, don Matías. No sé… me ha convencido.
Ya le digo. El cine español acaba siempre como el de Jolibub.

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