ESPAÑA SE DESCOMPONE

España que se rompe

España, lo que queda de ella, es un país que, como los linces ibéricos, está en vías de extinción. Un país en descomposición, pero no una descomposición diarreica; no, sino una descomposición centrífuga. Esto es, que se fuga del centro para fundar su propio estado, su propio país. Aunque, en buena lid, podría decirse también que es centrípeta ya que es el centro del poder, La Moncloa, quien lo está petando con su falta de buebos a la hora de aplicar la Ley.
Aprobaremos lo que nos envíe el Parlament, dicen que dijo aquel Bambi meloso de La Granja de San Francisco y el ladino catalán le envió el acta de defunción y, al paso, hasta el enterrador. Animados por la barra libre del cachondeo independentista, Euskal Tatachunda, o como coño se llame ahora, nos coloca su caballo de Troya en el Parlamento y de él salen –cuan repugnante procesionaria igual que de una mortaja-, sus gusanos dispuestos a roer el cadáver nacional. Ahora, además, con el inestimable apoyo de la Intereconomía y su antagónico par, La Sexta, nos aparece un tipo de coleta y barba hirsuta, como de tísico en fin de semana libre del Preventorio, un bolivariano –mitad Bolívar y mitad Mariano- ansioso de recibir a empresarios y emprendedores en el Ritz, templo pagano a conquistar por los parias de la tierra dospuntocero, a sueldo de Carrillo junior y de Julio Ariza y, al grito de ¡Podemos!, se apunta al entierro de la sardina patria.
¿Y don Pimpón?, se preguntarán ustedes. Pues muy bien, gracias. Don Pimpón está de perfil, como un faraón egipcio. Lo importante, dice don Pimpón, es que el toro no te pille desavisado. Los egipcios, según un estudio llevado a cabo por los eximios egiptólogos don Matías y don Dimas, de la Tomelloso University and The Turegano’s College, los egipcios –decía- no iban de perfil porque sí, sino porque tenían los ojos como los lenguados, en un solo lado, y no podían caminar de frente salvo que se arriesgasen a caer de bruces. Pues bien, nuestro comandante en jefe, el coronel don Pimpón, con su ojo autónomo, como los cuernos de un caracol, ha decidido ponerse de perfil hasta que pase el burel* catalino. Don Pimpón está tranquilo mientras España se serena, que decía aquella televisión en blanco y negro de cuando Martín Villa gastaba chaqueta de comunión con yugo y flechas y la frente levantada.
España, si señores, está en almoneda. Lo malo es que, como no se la quieran quedar los de Emaús, no sé qué coño va a pasar con ella. Los catalanes quieren ser franceses, cosa que no querían las mujeres de Cádiz o las aragonesas. Los vascos, quieren ser el Miguelón de Atapuerca y los gallegos portugueses, ávidos devoradores de berza y grelos. Los euroescépticos alemanes dicen que España, a excepción, claro, de Cataluña y Euskadi, debe abandonar el euro. Y algunos de nosotros también lo decimos, Adolfito.
¿Y Rajoy?
¿Rajoy, pregunta usted? Pues muy bien, muchas gracias. No se pierde un partido del Mundial. Si quiere saber cómo tiene el astrágalo Boubacar, de Costa de Marfil, o cómo de gruesa tiene la próstata Ospina, el portero de Colombia, puede preguntárselo.
¿Y de España, qué dice?
Pues nada, que la eliminaron.
No, si digo que qué opina de la situación actual del país.
¡Ah!, de eso se ocupa Soraya, que este año no va a ir a Berlanga de Duero a amasar pan.
Soraya está acelerando lo de la destrucción del Consejo General del Poder Judicial, la Justicia Popular y todas esas zarandajas de la Justicia.
Claro, claro.
¡Ah!, amigos… Si le hicieran caso a nuestro ilustre ministro de Justicia y cada uno arreglara en su casa los problemas. ¡Cuánto dinero y molestias ahorraríamos a la nación!
Entonces, caballero, ¿quién se ocupa de la política es este país?
Pues los tertulianos de la radio; los de la televisión; los columnistas del ABC y La Razón; los editorialistas del nuevo País y de El Mundo que ya son todo uno. Todos recebados con las subvenciones públicas o a través de las cuentas que Bárcenas y Ruiz Mateos mantienen en Suiza; los sindicalistas que viven Ere que Ere hasta convertirse en protagonistas de La grande bouffe; las alcaldesas a las que gusta más el bolso de Louis Putón que el servicio a los ciudadanos; el abuelo Cebolleta enseñando a su nieto el aeropuerto del abuelo; los Tamayazos empresariales de la CEOE y la CEIM; los Urdangarinazos; los planes E para iluminar, de noche, los cementerios de España toda. ¿Dónde está, mientras tanto aquella ley que iba a disminuir la administración pública? ¿Dónde la que iba a quitar el salario autoimpuesto por alcaldes de villorrios y aldeas? ¿Dónde la rebaja de impuestos? Estas leyes no corren prisa. Corre prisa, ¡vaya usted a saber por qué! blindar al rey Juan Carlos –también a la reina, pero de esta no se hace hincapié-.
Ahora nos venden una rebaja de impuestos, pero no es una rebaja verdadera; no. Es la rebaja de Calderete, donde te subo cien y te rebajo siete. Y todo ello, lo que es más sangrante, con la ayuda de voluntarios de los partidos, verdaderos cómplices y colaboradores necesarios en la estafa política a la Democracia. Los voluntarios de ambos partidos, claro. No solo de uno o de otro. ¿Cómo se puede hacer campaña de estos mamarrachos achorizados? ¡Por el amor de Dios!.
Sí, mis queridos amigos, España, lo que queda de ella, se descompone y lo peor no es su desintegración sino que esa descomposición deja un tufo que apesta.

*Burel en el sentido calorro del término, que significa toro y no, como dice el DRAE, faja o pieza cuyo ancho es la novena parte del escudo. Vale.

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