LAS FIESTAS DEL PUEBLO YA SE HAN TERMINAU, RIAU-RIAU

pista

Así, como quien no quiere la cosa, he sobrevivido a una fiesta patronal más. ¡Con un par…! Ustedes, que son unos insensatos, son capaces de pensar, este Soria mira que le gusta lo de exagerar… con lo entretenidas y agradables que son unas fiestas patronales. ¡Los cojones…!

Miren ustedes; todo empieza, como quien no quiere la cosa, con un arrebato de campanas. Dale que te pego. Que si clon-clon, que si tolón-tolón… Y eso durante más de media hora. Lo que nadie piensa es que las campanas asustan a las palomas, ¡hombre! No es que yo sea de la Asociación para la Defensa de la Naturaleza; no. Es que las palomas, cuando se asustan, cagan; y ponen los coches, y a las personas, perdiditas. Pues nada. Dale que te pego a la campana. Luego, por si no fuera poco eso, se lían a tirar cohetes, petardos y toda suerte de itxapleros, bombas y explosivos. Los chuchos, como antes las palomas, se ponen de los nervios los pobres y ¡hala!, a ladrar que parece que se les van a salir los higadillos por la boca.

Finalmente, y para que el alcalde pueda salir en las fotos de la prensa del día siguiente, se procede a la lectura del pregón y el Anteron chamarrotia de la charanga, acompañado de los mozos haciendo una especie de baile comanche que, más que baile, es una carrerilla con los brazos encogidos y dando vueltas sobre sí mismo. Eso sí, no crean que en esta Soria secana y mesetaria nadie se sabe la letra; esa que dice:

Anteron txamarrotia,

sinkerren bibotia

haretxek dauko,

ei dauko ei dauko

preso tximinoia.

De saberlo igual se avergonzaban de lo que decían y no lo cantaban. Pero eso, explícaselo tú. Bueno que acaba de dar la matraca la charanga y comienzan los actos religiosos.

Yo creo que en las fiestas patronales, las del pueblo que sea, deberían celebrarse solamente actos religiosos. Oiga usted, tan recogidos, tan en silencio, tan píos… Así da gusto. Pues no, simple y llanamente se han acabado los actos religiosos y hay que volver al cohete, al petardo, a la charanga y al campaneo. Usted, mientras los vecinos engullen un vino español que se les sirve como detallazo del excelentísimo seños alcalde -¡viva el baile, viva el baile!-, detallazo que, por supuesto, paga usted con sus impuestos, cree, decía, que ha llegado el momento del silencio, del recogimiento, de la tranquilidad…. ¡Ay, madre! Nada más alejado.

La orquesta Sinoplia o Paraflúx o Suputamadre, con doce miembros y dos miembras enseñando cacha al ritmo sabrosón y candongo del merengón ¡asuuuuuucar!. Diez miembros, con sus turutas, sus tambores, su bombo de Manolo, el del bombo y su batería dale que te pego hasta las 4,30 de la mañana.

Las orquestas de las fiestas populares tendrían que pagar a la SGAE no por lo que tocan, sino por cómo lo tocan. Oigan ustedes, que a eso de las dos de la mañana tocan Paquito el chocolatero y hasta se agradece que medio pueblo, tras la fanfarria de los ocho metales rasgando el silencio de la madrugá, medio pueblo, decía, comience con el ¡Toooooma! ¡Toooma!. Se agradece porque después de Paquito el chocolatero, invariablemente, el cantante manda formar a la peña y se pone a cantar una canción que es la más grosera, la más zafia y la más basta que he oído en mi vida. Se llama El gallo Polvorete y, al parecer, es la Macarena bis de Los del Río… Esa especie de Hermanos Calatrava de Sevilla. El estribillo del engendro dice así:

Pero quién pudiera tener la dicha que tiene el gallo

racatapúm chimpúm el gallo suuuuube.

Echa su polvorete, racatapúm chimpúm

y se sacuuuuude.

A todo esto, el cantante hace, entre risotadas e imitaciones, los mismos gestos que el famoso gallo Polvorete.

Pues sí, señores. Esto es lo que ocurre en unas fiestas patronales, no a lo largo de un día; no. A lo largo de cuatro días seguidos. Cuatro días de campanas, de cohetes, de petardos, de trompetas, de trirurís de la pista de coches de choque, que esa es otra. ¿Por qué los coches de choque tienen que tener todo el día puesto a Camela? ¿Es que hay algún tipo de maldad intrínseca oculta para que tengamos que estar todo el día oyendo a Camela…? ¿Estará organizado por el Club Bilderberg? Sí; aunque ustedes puedan pensar que el Soria se ha vuelto loco. Estoy muy contento por haber superado, nuevamente, la prueba de unas fiestas patronales. Ahora, a descansar en la oficina, que el finde próximo tengo las del pueblo de al lado…

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