EL ALCALDE Y LAS ALCALDADAS*

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Dicen los intelectuales amateurs que la experiencia es la madre de la ciencia o, aquello otro tan socorrido de Manolete, si no sabes torear, ¿pa’qué te metes?. Pues bien, eso es lo que cabría decirles a quienes, desde la responsabilidad de administrar los bienes públicos, optan por sustituir la iniciativa privada por esa cosa tan cubana que llaman intervención pública.
En la localidad burgalesa de Monasterio de la Sierra saben algo acerca de esto. Ha conseguido –nuevamente- el dudoso premio de municipio más endeudado de España -8.891 euros del ala por cada habitante-. Para que nos demos cuenta de hasta dónde ha llegado la deuda digamos que Madrid, con ser Madrid y rompeolas de todas las Españas, al decir de don Antonio, “sólo” debe 2.194 euros por habitante ¡cuatro veces menos que Monasterio!. Algunos, los más insensatos, dirán que la deuda de Madrid es mayor. ¡Toma, claro! Y la de la Alemania de entre guerras. Pero las deudas en una institución como los ayuntamientos, hay que hacerlas en base al número de habitantes. En Monasterio solamente viven 46 almas. ¿Cómo es posible que hayan llegado a esta locura? Muy sencillo, colocando a un cantamañanas en el cargo.
Al alcalde del municipio burgalés no se le ocurrió otra que, solicitar al ICO (Instituto de Crédito Oficial) un préstamo de cerca de medio millón de euros a pagar en 15 años, para instalar en el pueblo una casa rural. Un alojamiento para 12 visitantes que se alquila a 14,58 euros por persona y noche, sobre una ruina de propiedad municipal. Desde 2012 hasta ahora –dos años después- la casa rural ha conseguido cinco mil euros escasos entre sus huéspedes, de los que, naturalmente, hay que restar los gastos.
El generoso alcalde –el dinero de todos no es de nadie, llegó a decir una ministra- construyó la casa rural para dar un nuevo aire al pueblo ya que, siendo un pueblo ganadero y habiéndose construído un embalse, la actividad productiva se había resentido por la falta de pastos. Y, claro, si ya no tenemos pastos nos convertimos en hosteleros. Así de fácil. Dicho y hecho.
Habría que recordar al insensato alcalde aquella anécdota atribuída a don Eugenio D’Ors en la que, se cuenta, generoso por algún premio o colaboración generosamente pagado, don Eugenio convidó a sus amigos a una botella de champaña. Al abrirla, el camarero, probó de hacerlo de un modo afectado. Lo que consiguió fue vaciar la botella. Don Eugenio se volvió hacia él y le espetó: “camarero, los experimentos, mejor con gaseosa”. De igual forma podríamos decirle al edil: señor alcalde, los experimentos con su propio dinero, no con el del municipio.
Pero ¿tiene realmente la culpa el alcalde? Pues depende… Si usted tiene la oportunidad de elegir a la persona que le represente –como es el caso-; no. La culpa es suya. Me explico. Resulta que usted tiene que elegir, para diputado, para presidente del gobierno, para eurodiputado, a alguien que no conoce y, claro, puede equivocarse. La culpa, entonces, es de su partido, que ha puesto a alguien inapropiado. Pero en el caso del alcalde, no. Usted conoce, máxime en estos municipios pequeños, al alcalde suficientemente; y si se equivoca al elegirlo la culpa sí que es de usted, y no del maestro armero.
Si a usted le ofrecen la posibilidad de elegir, entre una persona que ha convertido su vida en un continuo fracaso –económico, laboral y personal- y otra que amplía su empresa, y tiene una vida plena de éxito y elige al primero sobre el segundo; créame… el problema no es del electo, sino del elector.
Los alcaldes, ya que no tienen responsabilidad por sus fracasos, suelen tener un comportamiento laxo con el dinero. Si fueran responsables otro gallo nos cantaría. Mientras, en su afán por pasar a la pequeña “historia” del pueblo, no dudan en megaproyectos alocados como espacios musealizados, polideportivos… cualquier cosa con tal de engordar el ego del príncipe. Luego, a la hora de acometer los pequeños gastos mensuales (luz, agua, jardinería, calefacción, mantenimiento, dotación mobiliaria, etc.) hay que cerrarlos porque no se puede sostener el gasto. Mientras tanto, y por seguir con la jota,

Como era la hija del alcalde
hubo baile, hubo baile.
Como era la hija del alcalde
hubo baile hasta las diez…

* El DRAE dice: Alcaldada.- Acción imprudente o inconsiderada que ejecuta un alcalde abusando de la autoridad que ejerce.

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