ISABEL II, BRAVO MURILLO Y LA PRAGMÁTICA SANCIÓN

IsabellaII

Un día, tal como hoy, 30 de marzo, el rey Fernando VII, llamado el Deseado o el rey Felón -que no león- según fuera o no partidario del mismo, promulgó la Pragmática Sanción, que era una ley “ad hoc” que se montaban los monarcas para dejar el trono en manos de sus nenas o sus nenes a conveniencia. Vamos, algo así como lo del Tribunal Constitucional de ahora pero sin consultar con Mariano.

La Pragmática Sanción sustituía a la Ley Sádica, que era una ley hecha por los hombres y para los hombres impidiendo, así, a las mujeres ejercer sus derechos. ¿Les parecen poco sádicos los redactores de la Ley? Pues eso.

Como íbamos diciendo, la Pragmática Sanción de Fernando VII recuperaba el Código de las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio. Equis no significa porno, ni implicado en los GAL, sino décimo; lo digo para evitar incómodas confusiones. Alfonso X, como iba diciendo, ganó las Siete Partidas, que era un torneo de mús al mejor de siete bacas entre los miembros del Constitucional de aquella época. El ganador podía instaurar una ley que pasaría a los anales -esto no quiere decir culo, sino relación de sucesos por año- de la Historia.

Cuando ganó las Siete Partidas Alfonso X decidió que se pasaba por el forro la Agnación Rigorosa, que solo privaba a las hembras de la sucesión cuando había legítimos descendientes varones y la Lex Sádica que las excluía absolutamente y en todos los casos. La Lex Sádica, como seguramente todo el mundo conoce, se debe a Clodoveo I, que no era el de Palacagüina -aquel era Clodomiro-, sino un rey de la tribu de los francos salios. Los francos salios, no eran falangistas cachondos; no. Era una tribu medio tralará que vivía en Chantilly, que ya es nombre para un pueblo.. Luego, claro, que si hay cachondeo con los franceses y su presunta falta de hombría… Bien, dejemos eso que sólo afecta a las francesas y a algunas benidormínas.

El caso es que, por la puñetera partida de mús, nos llegó un bochinche del carajo de la vela. Resulta que el infante don Carlos, hermano de Fernado VII, quería sustituirle y, claro, el Fernando quería que le sustituyera su hija. Una tía tremenda que se llamaba Isabel y que tenía una mala leche de aquí te espero. El caso es que el Fernando, le echó un par y le dijo al Carlos

Oye mira, Carlos, tu lo que quieres es ser rey de España y luego te vas a Pamplona donde te pones como el Tenazas a chorizo El Pamplonica. Pues le voy a dejar el trono a tu sobrina, la Isabelota.

El Carlos, que tenía una tía segunda casada con el padre de Sabino Arana le prometió que, si le apoyaban los peneuveros cambiaría el color de la boina, de negras a rojas para que los nacionalistas ligaran más. El padre de Sabino, que era algo lelo -todo se hereda- se lo creyó y apoyó a Carlos. Entonces Fernando montó en cólera, que era un burro del color panza de burro y se marchó a una finca en la sierra norte de Madrid que se llamaba El Atazar.

Mira hija, le dijo a la Isabelota, esto que ves aquí, algún día será tuyo.

¿Y que tengo que hacer, padre?

El padre se quedó mirando para las tetas de la Isabelota, que siempre llevaba escote y añadió tránsido de emoción: Lo que tienes que hacer es el Canalillo, y lo llamas Canal de Ysabel II para que te recuerden.

La Isabel, que era muy obediente, se volvió y observó a Bravo Murillo que estaba echando un pis junto a un pino.

¿Qué hace usted, joven?, le preguntó, a lo que don Juan, que era algo tímido le contestó

Pues ya ve usted, alteza, haciendo un canal para llevar las aguas menores.

¡Anda, mira! este es el que me va a poner el canalillo en marcha.

Dicho y hecho Cuando Bravo Murillo acabó el Canal de Ysabel II y fue a inaugurarlo la reina le sonrió con beatífico rictus y le obsequió como sólo una reina puede hacerlo

¿Qué quieres a cambio de tus servicios, Juan?

¿Qué servicios, majestad, si yo estaba haciendo pis en un pino?

Que qué coño quieres a cambio de tu trabajo. ¡Luego dicen que hay paro!, le dijo Isabel a Espartero, el del caballo que luego resultó ser jaca.

Bravo Murillo que había ido a la inauguración con Engracia, su madre, le preguntó calladamente:

¿Madre, qué le pido?

Que pongan una calle a tu nombre. Así, cuando te hagas viejo y tengas Alzheimer puedes volver a casa sin perderte.

Eso, majestad. Quiero una calle a mi nombre.

Sea, dijo la reina y otra para tu madre por su buen consejo

¿Al lado del Buen Consejo?

No, al lado del Buen Consejo no, que ahí vamos a poner una avenida a la Reina Victoria.

Es por eso por lo que, desde el depósito del Canal de Isabel II en Cuatro Caminos, salen dos calles paralelas y hermosas: la de Bravo Murillo y la de Santa Engracia

Pero si la madre de Bravo Murillo no era santa, don Dimas

Pero era muy buena, don Matías. Y además muy comprensiva con Bravo Murillo padre, que se ajumaba y le gustaban las coristas. Vamos que era una auténtica santa.

¡Ah, si es por eso…!

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Una respuesta a “ISABEL II, BRAVO MURILLO Y LA PRAGMÁTICA SANCIÓN

  1. La Aguela

    Solo te ha faltado en la parte que dice, “Mira hija, le dijo a la Isabelota, esto que ves aquí, algún día será tuyo.” decir ” y lo de detrás, tambien”.
    ¡¡ Como me gustan D. Dimas y D. Matías ¡¡