DESAYUNO SUCEDÁNEO

yogur_griego_desnatado_dia_1

Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad. Cuando bajamos al bar para desayunar vemos cómo las jóvenes, y cada día más, los jóvenes piden el café descafeinado, la leche desnatada y sacarina (en grageas o gotitas) en lugar de azúcar para endulzar su café. Otros, los más intrépidos, piden incluso que el café sea de sobre; instantáneo, soluble y pulverizado. Acompañan su desayuno con agua desionizada, de baja mineralización y pobre en sodio. Cuando a la pobre mujer, o al pobre hombre, le han servido su desayuno lo toma no con la mansedumbre, paciencia y resignación de quien tiene que alimentarse con sucedáneos; no sino de forma altiva y desdeñosa, como diciendo ¿qué? ¿qué te ha parecido eso, gañán?. Es el triunfo del sucedáneo sobre lo original; de lo ficticio sobre lo auténtico, de la imitación, en suma. Hoy se ensalza, se festeja y hasta se presume de preferir el sucedáneo al original. Con la comida sucede otro tanto. Las cosas light se imponen sobre las naturales; el congelado sobre el fresco; el transgénico sobre el biológico. ¡Quien nos ha visto y quien nos ve…! Antes, no hace tanto, cuando las conciencias aún no estaban en almoneda, el sucedáneo se guardaba como la deshonra; su comentario se huía y su lucimiento se trataba de disimular, como esa cojera que nunca estaba claro si era chulería, almorranas o proveniente de esos zapatos nuevos que siempre aprietan del mismo lado. Nuestros mayores tenían que tomar malta por las mañanas porque el café era patrimonio de estraperlistas y golfos de bigotillo leve y palma de la mano derecha -por supuesto- en alto, como para ver si llovía. Pues bien, hoy no; hoy se exhibe el sucedáneo, se presume de sus excelencias y se hace gala de su uso y hasta de su abuso. Un gin tonic de ginebra sin alcohol, con tonica light y una rodaja de limón transgénico. ¿El pollo es fresco, camarero? ¿Fresco dice usted? ¡Imagínese! Anteayer nació, ayer ya puso huevos y hoy lo tiene, con dos kilos y medio, asado y en su mesa. Por el engorde artificial hacia Dios… ¡Perdone…! dice la señorita esbelta, delgada hasta la extenuación y vagarosa ¡Perdone!, insiste. ¿Sí señorita? dice muy educado el camarero. ¿Me pone una ración de churros? Como no. ¡Ah!, dice la joven, y un par de bolsitas de azúcar. Es que a mi, sabe usted, los churros me gustan con azúcar, como los de la feria de mi pueblo. Yo, que siempre he sido muy de desayunar cosas que producen colesterol, me quedo azarado, observando cómo la señorita empana de azúcar los churros y se los mete en la boca como un tragasables… ¡Qué tía!, se me escapa. ¿Y dónde metera los kilos? Nunca pregunte eso… seguramente ella los ha perdido y, por el contrario, usted se los acaba de encontrar.

Anuncios

Una respuesta a “DESAYUNO SUCEDÁNEO

  1. La aguela

    Pá desayunos, er Búfalo.