QUIEN ES QUIEN. HOY IGOR FIODOROVICH STRAVINSKI

STRAVINSKI

Ígor Fiódorovich Stravinski fue un compositor ruso nacido en Mislata (Valencia) en 1882. Su verdadero nombre era Vicente Sanchís Puchades y cambió al de Ígor Fiódorovich cuando el tío Paloma, que era algo pariente suyo, cedió a su nieto Tonet el redolín de la albufera y tuvo que emigrar, junto a su familia, al quedarse sin carpas, ni anguilas que pescar. El Ígor Fiódorovich, era algo estrásbico (vamos, que tenía los ojos autónomos, como los cuernos de los caracoles) y recibió, por ello, el apodo de Stravinski. El Ígor Fiódorovich cuando aún era Vicente Sanchís compuso, para la banda de Mislata, la pieza llamada “El pájaro de fuego” una pieza fallera donde las haya que ríase usted de Amparito Roca o El Fallero.
Su padre, que sí era ruso se llamó Ígor y era cantante de ópera (bajo) en el Teatro Mariinski. Cuando cumplió los quince años y, al crecer, cambió la voz y dejó de ser bajo y fichó como alero-pivot por el CSKA de Moscú. Una vez casado, y durante la primavera de 1850 le fichó el Valencia Basket y fue allí donde conoció a la Vicenteta, a la que llamaban Sangonera, natural del Grau de Gandía. El Stravinski, posteriormente y para celebrar aquel acontecimiento, compuso La consagración de la primavera, que tradujo al francés la famosa profesora Isabelle Sanz du l’Espin como Le sacre du printemps. Con la pasta de la traducción se hizo construir un estanque lleno de carpas y de anguilas en homenaje al padre de Stravinski.
El Vicente Sanchís Puchades, o sea, el Stravinski, tenía metido en la sangre la cosa de las fallas y de la banda de música. Su padre, para que no diera la lata en casa, le compró un fagot y le apuntó a la banda de Mislata donde, entre soplido y soplido, le dio por la composición. El Vicentet le decía que él prefería un violín. El fagot, querido Vicentet suena igual que el violín. Lo único que tienes que hacer es aprender a soplar el fagot en mode violín y verás cómo suena igual. Al Vicentet le pareció que aquello no era del todo cierto, pero se calló para no importunar a su padre. De aquellas fechas son Fuegos artificiales, el Vals de las flores, que luego versionó Dani Daniel como el Vals de las mariposas, -¡vaya usted a saber por qué!- y Apolo musageta, que era el nombre de un vendedor de chufas muy guapo que había en Tavernes de la Valldigna.
El Vicente Sanchís, ya convertido en Ígor Fiódorovich comenzó a estudiar derecho pero no se le daba bien.
A ver, Ígor Fiódorovich, recítenos usted La Ley de las XII Tablas.
Valensiaaaaaaa, es la tierra de las flores, de la luz y del amoooooor
Salga del aula Ígor Fiódorovich, está usted suspendido
Mira Vicentet, le decía su padre, o estudias como en patriarca de Constantinopla manda o te empaqueto a Valencia a pescar anguilas con el tío Paloma
El Stravinski convenció a su padre de que lo mejor sería hacerse compositor musical y, como no estaba muy bien dotado para la composición clásica se apuntó a las clases del Nikolái Rimski-Kórsakov al que le gustaba mucho la música de España y, que no en vano, había compuesto El capricho español y estaba, dale que te pego, con Scheherezade, una zarzuelilla ligera acerca de una mora de la morería. El Rimski le puso tarea y el Vicentet se fue soltando. Allí conoció a Músorgski y Borodín con quienes fundó el Trío Los Panchos que, tras un ligero éxito, vendieron a un tal Chucho Navarro quien con sus dos cuates y Eydie Gorme se hincharon a ganar dinero a bolerazo limpio.
De aquél tiempo fue la composición Paquito el chocolatero, La flor de Taronger y La Valencianeta. El Vicentet, que siempre había sido un culo inquieto también tomó las de Villadiego y dejó plantados al Músorgski y al Borodín que tuvieron que dedicarse a la música clásica pues el bolerista era el Stravinski. Al Vicentet le  dio,  entonces, por el ballet. Seguramente sería por algún trauma de su padre –que ya dijimos que era bajo hasta que dio el estirón- y tenía que bailar de puntillas. Pues bien, el Vicentet compuso La Consagración de la Primavera en plan chun-da-chun-da y le dio un toque bitonal de disonancia polifónica. Algo así como un rap pero bailado agarrao. Esto dicho así, parece la leche, pero no crean, se llama así porque sustituye la tuba por la armónica y el trombón de varas por el mirlitón de los carnavales.
El caso es que, durante el estreno manifestó su intención de “mandar todo al demonio” y ¡vaya si lo logró! El estreno de La consagración de la primavera en 1913 fue probablemente el más famoso “escándalo” en la historia de la música, con luchas a puñetazos entre los miembros del público y la necesidad de vigilancia policial durante el segundo acto.
El Vicentet era, en realidad bajito y no convencionalmente atractivo, tampoco era fotogénico, como muchas fotos lo demuestran (al comienzo de esta crónica se pone foto que lo demuestra), pero todos tenemos nuestro público y, siendo aún un chavalín, se lió con su prima, la Katerina Nossenko. Su matrimonio duró 33 años, pero el verdadero amor de su vida y, después, su compañera hasta la muerte, fue su segunda esposa, Vera de Bosset, tía abuela de Lucía Bosé quien ya tenía el pelo tintado de azul desvarío. El Stravinski fue un notorio tenorio y, cuando bailaba el tango, metía pierna el tío como pocos. Así se ligó a Coco… Chanel, claro. Fue coleguilla de Picasso y del poeta y novelista Cocteau con quienes tenía una tertulia en el bistrot de Gijón, en la rue de la Castelane, de París. Este Cocteau quedó tan tocado con los razonamientos de Stravinski que, al abandonar París dejó la poesía y se dedicó a realizar documentales submarinos con el nombre de Cousteau, que en francés, quiere decir “el costo en el agua”.
Cuando Stravinski conoció a Vera al comienzo de los años 20, ella estaba casada con el pintor y diseñador de escenarios Serguéi Sudeikin.
Soy casada Ígor
A mí me la sudeikin, dice que le dijo. Ven aquí a mi vera, vera, Vera de San Juan…. Con el garrotín, con el garrotán a la Vera, vera Vera de San Juan.
¡Tenía una marcha y una facilidad para la composición, el tío, que ya, ya…!
Cuando el Ígor y su churri se dieron cuenta de que los alemanes se habían puesto bordes se largaron a Nueva York llevándose también a la Vera.
La Katerina Nossenko le decía, dice, oye Vicentet, ¿tú estás liado con la Vera?, y él, el muy ladino le decía Nossenko; no me acuerdenko.
Cuando acabó la Gran Guerra se trasladó a Suiza, como si fuera un concejal de obras cualquiera y, finalmente, volvió a París. En vista de que a Adolfo le dio por lo de escuchar a Wagner se largó a los USA donde se hizo comanche nacionalizado. Así fue como, un valenciano-ruso, acabó siendo ciudadano norteamericano.
En los USA se dedicó a enseñar en la universidad como si fuera Ansar hasta que, en Nueva York, el 6 de abril de 1971 y a la edad de 88 años entregó la cuchara, siendo enterrado en Venecia en el cementerio de la isla de San Michele. Hasta para eso fue raro el Stravinski. Mira que pudiendo haber sido enterrado en tierra firme va y lo hace en Venecia, que el día menos pensado se desborda y le ahoga. Yo, para eso, preferiría como aquella Cándida, la asistenta de los Gomaespuma, que quería que la enterraran en llamas. En Hollywood Boulevard 6340 le pusieron una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood. ¡Ya ves!, ahora que la tiene hasta Penélope Cruz…
Espero y deseo que hayan aprendido la verdadera historia de este valenciano que no necesitó, en su vida, más que un lápiz y un papel donde escribir su música. Desde entonces Valencia ha tenido grandes músicos, como Nino Bravo, Francisco o Rafael Conde, El Titi, que nació en Talavera de la Reina pero se hizo valenciano por su amor a la música. Para todos aquellos que no conozcan la música culta y académica de El Titi, aquí les pongo un enlace. No hay de qué…

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