EL ABC NOS ENTRETIENE

ABC

Uno de los pocos placeres que perduran, todavía gratis en lo que queda de España, es leer el ABC. Digo que es todavía gratis porque aún me lo envía de gorra la CEIM. Tanto el ABC como La Razón, en un ejercicio de financiación encubierto pues mi esposa ya no es empleada desde hace dos años y aún siguen pagándoselo.
El ABC es una especie de salón de ropero de pobres; una especie de portería del barrio de Salamanca; una especie de comidilla vecinal que da una preponderancia especial a noticias que no tendrían cabida más que en la hoja parroquial y eso de ciertas parroquias tan solo.
Gracias al ABC sabemos quién es quién a la hora de morir. Lo dicen las esquelas, ese libro Gotha de la rancia –en toda la extensión del término- aristocracia española; ayer falleció en Madrid Mlle. Solange, una dama francesa que era membre de la direction du souvenir françacis (¡ahí es nada!) y también asistió a un sepelio la condesa de la Playa de Ixdaín… ¿qué? ¿a que nunca pensaron que existiría una condesa playera? Pues ahí lo tienen. Eso les pasa a ustedes por no leer el ABC, que es un periódico muy cómodo de leer en el retrete pues tiene su grapita y todo y no se descompone.
También, y ya en las páginas de Gente/Stilo (¡guaaau!) podemos epatar con una deliciosa receta: arroz con placton. Esto del placton es muy de Ángel León, el cheff andaluz que dice poseer matices de mujer, y ser extremadamente sensible y afeminado. Pues qué bien… Miren por donde ya tiene doña Ana Botella, la ilustre conferenciante anglófila un new relaxing para proponer. Igual, el año próximo, le concede el premio Clara Campoamor que este año ha recaído en doña Isabel Gemio, la que te da su palabra, por su trayectoria y su decisión de “ir a por todas” a la hora de conciliar la vida familiar y laboral. Yo conocí a una extraordinaria mujer, se llamaba la señora María, y tenía un aguaducho, un tablaillo hecho con maderas en la plaza de Ricote, en Madrid, junto a Peñagrade. La señora María tenía una caterva de hijos y tuvo un marido que no entendió lo de la conciliación y se marchó a conciliar con otras. Pues bien, la señora María metía horas y horas en aquel aguaducho sirviendo gallinejas y tragos de un porrón de cerveza con gaseosa –con limón, se decía entonces- y atendiendo a su pollada de hijos que correteaban junto al puesto. No iban al colegio pues, ni ella podía enviarlos, ni podría ir a buscarlos y traerlos, con lo que se tuvieron que conformar con desasnarse al aire libre, como las gallinas silvestres de Alex Fuentetaja.
La pobre señora María nunca fue premiada con la orden de Clara Campoamor. Claro es, que tampoco supo nunca quien fue Clara Campoamor. Tampoco la premió nunca Ignacio González con la Orden de las Siete Estrellas, que ayer mismo entregó a las periodistas María Escario, Victoria Prego; la actriz Silvia Abascal; la cineasta Mabel Lozano; la investigadora Guadalupe Sabio, quien ¡ya podrá!, con ese apellido… y a la empresaria Sara Navarro. Si la bandera de la Comunidad de Madrid hubiera tenido ocho estrellas, en lugar de siete, habría podido concederle otro premio a su propia esposa, Lourdes Cavero, quien encontró trabajo en la CEIM en plena recesión: la que vale, vale; y la que no, al paro… Tres periodistas, dos mujeres del cine, una investigadora y una empresaria. Ninguna trabajadora de la Sanidad o la Educación que, además de trabajar y conciliar tenían que defender sus trabajos del ataque privatizador de los premiadores. No; estas mujeres no dan lustre y prestancia a las fotografías. Igual llegan al vino español y hasta eructan, las muy bestias.
Gracias al ABC sabemos que se han casado, en la Iglesia de los Jerónimos, of course, una psiquiatra y un notario. Sabemos que la psiquiatra entró del brazo de su padre y padrino, un ilustre doctor y catedrático de Psiquiatría y el notario lo hizo del brazo de su madre y madrina, como no podía ser menos. Sabemos, también que actuaron –o como si diga- cuatro celebrantes y sabemos que cantó la coral de santa Cecilia acompañada de una renombrada soprano que interpretaron piezas de Ceccini, Schubert, Mozart, Beethoven y Haendel. También nos informa el ABC de la lista interminable de políticos, periodistas, empresarios y gentes bella, limpia y educada que asistieron al acto –con perdón-. Finalmente, nos cuenta el ABC, que se sirvió un almuerzo en el Palacio de Cibeles, o sea en el ayuntamiento que todos mantenemos con nuestros impuestos, que corrió –otra vez con perdón- a cargo de Adolfo. Este Adolfo, para quienes no estamos en la pomada de la restauración creemos que será Adolfo de Toledo, el popular cheff. Estos del ABC, como son de buen comer, no le dan importancia a estas cuestiones, pero alguien debería informarles que, para algunos lectores menos pudientes, Adolfo es el camarero del restaurante El Papeo III y no creo que este enlace tan fino y elegante lo sirvieran los de El Papeo.
Finalmente, los del ABC, como cuentan con muchos lectores que deben regalos a su benefactor don Francisco Correa, le dedican una página entera sobre su nueva vida, ya salido (con perdón) de la cárcel -que para eso es Correa y no un robaperas- en Sotogrande. Al parecer, el magnate del regalo, lleva una vida muy dura y achuchá en la urbanización Valgrande, rodeado de una vigilancia infranqueable. Algunos pensarán que los vigilantes están para defender a los vecinos; no… Los vigilantes están para que nadie ose molestar a don Francisco. ¡Faltaría más! Pues bien, según el ABC, don Francisco está pasándolo muy mal porque nadie le reconoce y vive, el pobre, libre; sí, pero solo y aislado. El dinero no lo ha devuelto, eso se queda para Messi, que devuelve el dinero a Hacienda y la comida en el césped.
Yo creo que don Ignacio y su esposa, que son vecinos podrían invitarle a una barbaquiu en el ático. Eso siempre se agradece. Además, ahora que doña Lulú está en paro porque ha dimitido de su cargo en la CEIM igual encuentra trabajo en una de las sociedades de Correa. Claro que Suiza no es como Marbella o Sotogrande; pero eso sí, si hace el esfuerzo de abandonar nuestras playas para trabajar, como una infanta cualquiera, en la fría Suiza, igual puede, el año que viene, premiarla su esposo con la Estrella de Oro –que no es una caña de cerveza, claro- de Mujer Progresiva, Femenina y Conciliadora… Todo sea por la Patria.

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