Y MAÑANA SANTA ÁGUEDA…

ZAMARRAMALA

Mañana, día cinco de febrero, se celebra la Memoria de santa Águeda, virgen y mártir, que en Catania, ciudad de Sicilia, siendo aún joven, en medio de la persecución mantuvo su cuerpo incontaminado y su fe íntegra en el martirio, dando testimonio en favor de Cristo Señor. Esto, al menos, es lo que dice el Martirologio Romano del papa Gregorio XIII. Pero vamos a ver quién era esta Águeda de Catania.
En enero de 250, un tal Gaio Messio Quinto, alias Traiano Decio, baranda de la romanidad, se puso chulito con los cristianos, que por aquellas calendas ya eran mogollón, emitió un edicto y mandó perseguirlos. “Se requiere a todos los habitantes del imperio para que hagan sacrificios ante los magistrados de su comunidad”, empezaba el edito. Y luego ofrecía un certificado, llamado libellus en el que recogía la bajada de pantalones. Los cristianos, que si les daban matarile morían santos, le dijeron que sí; que iban a sacrificar a su puta madre.
El procónsul de Sicilia, un tal Quintianus, le pidió relaciones a Águeda. Una muchacha con la que quería hablar y llevar a cabo otro tipo de acercamientos. La Águeda le dio calabazas porque había ofrecido su virginidad a Jesucristo y al muy burro no se le ocurre otra que mandarla de becaria al lupanar de Afrodisia la Lapa, a la que llamaban así por los gonococos y las blenorragias que te pegaba. El primero de los milagros fue que de entre todos los clientes ninguno eligiera a la Águeda por lo que ella pudo mantener su promesa de virginidad. El Quintianus, un día que fue a pegarle un viaje a la Afrodisia, se mosqueó al ver a la santa  como  un  pimpollo  y  mandó  que  la  cortaran  los  senos.  “Cruel y tirano -dicen que le dijo la santa- ¿no te da vergüenza torturar en una mujer el mismo seno con el que de niño de alimentaste? El Quintianus, que tenía menos luces que una cuadriga, fue y creyó que la santa era su madre. Es lo que tiene la elocuencia, que cuando no se practica…
San Pedro, que todo lo ve y a todos facilita la entrada con su llavero, curó sus heridas y, aunque siguió torturada y fue arrojada sobre carbones al rojo vivo, como si fuera un solomo de choto, disfrutaba (es un decir) mientras la revolcaban por la ciudad de Catania. Al expirar lanzó tal grito de gracias al Señor que hizo temblar a los torturadores. Algunos, según se dice, se metieron a fabricantes de canesús y tutús para ballet por purgar sus pecados.
Justo al cumplirse un año de su martirio, y por su celebración, el Etna sufrió de ardores y se puso a vomitar ríos y ríos de lava. Los catanesís se acojonaron. Normal; ¿no les parece?, e invocaron a Águeda que congeló los ríos de lava convirtiéndolos en pista de snow board. Desde entonces santa Águeda se convirtió en patrona de Catania y Borbón Dos Sicilias –rama de Lecquio-. Es invocada para prevenir los daños del fuego, los rayos y truenos (estos en comandita con santa Bárbara), los volcanes y, al paso, los males del pecho, los partos difíciles y los problemas con la lactancia. En el País Vasco, además, la atribuyen una faceta sanadora y algo bruja. Es patrona también de las enfermeras (esto no se sabe muy bien por qué) y fue meritoria de la palma del martirio con la que se le suele representar. No confundir con la cantante Martirio que toca otros palos. El único patronazgo que aún no detenta –todo se andará- es el de los fabricantes de silicona y el de los cirujanos de estética.
Se la ha representado colgada cabeza abajo, con su verdugo armado de tenazas y retorciendo sus senos –da hasta grima ¿verdad usted que sí?-. También se la representa junto a un ángel con una bandeja que presenta sus pechos. Finalmente se la representa con antorcha o bastón en llamas, una vela, símbolo de su poder contra el fuego. Si la ve representado con dos velas, en lugar de con una, no la confunda. Esta de las dos velas es la patrona de los asalariados. Finalmente puede añadirse un unicornio, símbolo de virginidad –y se debe de representar así por lo extraño que es ver ambas cosas- y con la palma del martirio.
Santa Águeda es santa muy castellano-leonesa. Salmantina, zamorana, segoviana y hasta soriana. También es santa vasca y de otras latitudes. En todas partes se relaciona su fiesta con la recepción del bastón de mando de los ayuntamientos y con bailes de rueda donde las mujeres danzan sin varones de por medio. En Zamarramala de Segovia, en una fiesta que es declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional. Las Aguederas, armadas de un alfiler llamado “matahombres” pinchan a los varones mientras bailan. Esto, de ser al contrario, sería una fiesta machista y retrógrada; ejemplo del país que habitamos y estaríamos pidiendo perdón los varones, por el hecho de serlo, todo el año pero, ¡ah!, se siente… haber nacido Águeda. Hay diferentes bailes y canciones relacionados con santa Águeda. Por su relación con mi amigo Jesús Vaquerizo traigo aquí el video de la Jota de Procesión de Santa Águeda interpretada por dulzaineros de El Espinar.

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