LA SORPRESA DE DON BRAULIO

HOJA

Don Braulio Mazacón Torralba estaba sentado frente al barandal del lago de la Casa de Campo. El viento es fuerte y la televisión anuncia un aluvión de alarmas de todos los colores: rojas, naranjas, amarillas y moradas, como las banderas de Chueca. Del Guadarrama viene una ventolera gélida que se cuela por las costuras del abrigo quemando, más que helando, los cueros del paseante. El cielo ha amanecido despejado y con una infinidad de estrellas sobre las cabezas cubiertas de boinas negras, de gorras de visera y de pasamontañas. Está despejado, lo que ha facilitado una buena helada y un amago de cencellada. Sobre la Maliciosa; sobre la Bola del Mundo y sobre los Siete Picos una gran bolsa, del color gris ceniciento de la panza de un burro, permanece colgada sobre las cumbres. Los alpinistas llaman, a estas ventiscas ovejo por lo denso de sus nieblas. Seguramente en Navacerrada, en Los Cotos y en Valsaín estará nevando…
Don Braulio Mazacón Torralba camina apoyado sobre una cachaba de recio fresno que le trajo su amigo Santiago, de Limpias, en el país del Pas y el Asón. Un golpe de viento arrastra hasta sus pies un sinfín de hojas de árbol ya secas. Las que más abundan son las de plátano; las de álamo blanco y las del arce común. También arrastra el viento bolsas de plástico y otras porquerías. Junto a todo ello una hoja doble de un viejo periódico se enreda entre sus pies. Don Braulio, ayudándose de la cachaba, trata de desasirse de la hoja. Es imposible. Se ha enredado entre sus pies como esos gatos cariñosos, como el pulpo al bañista o, como las hiedras y los verdines se agarran al cantil del final de la tierra, allí donde rompen las olas del mar. Por el tamaño la hoja del periódico es del ABC. Patalea para ver si se suelta pero nada. Ya es mala suerte, se dice don Braulio, el único periódico que viene con grapa y se me va a pegar a los pies. Se agacha, con gran esfuerzo y, valiéndose de la garrota, coge la amarillenta página.
Sí, se dice, es del ABC. La fecha es de hace tres años. No es tan vieja como podía parecer por lo amarillenta que está. Lee las noticias que le transportan a otros tiempos recientes. La ministra Salgado descarta que España necesite ayuda financiera. ¡Anda!, se dice don Braulio. Rosa Díez dice que UPyD va a cambiar la forma de hacer política en España. Don Mariano Rajoy dice que cuando gobierne él bajará los impuestos.
Las tres primeras caras de la hoja doble del periódico parece impresa hoy mismo pero en los talleres de El Mundo Today. Don Braulio voltea la hoja y, en la última cara, aparecen tres esquelas. En una de segunda categoría trae la noticia de la muerte de un médico que es socio del Real Madrid. Un socio veterano, con un número muy bajo. También, ésta de tercera categoría, anuncia la muerte del padre José, sacerdote escolapio, que dedicó su vida entera a la educación de la niñez y la juventud en los centros de las Escuelas Pías. Descansen en paz, se dice don Braulio. La tercera esquela le deja parado. Petrificado. Es una esquela pequeñita; una esquela que casi pasa desapercibida. Bajo una cruz latina dice que la señorita Purita Arriaga López (es nombre ficticio) ha entregado su alma al Señor, después de una larga agonía, a los sesenta años.
Don Braulio no sale de su asombro. La señorita Purita Arriaga López fue novia de don Braulio, lo que duró aquel veraniego mes de agosto en Arenas de San Pedro, provincia de Ávila, en las tierras de Gredos. A don Braulio se le ha pasado el buen humor y ahora, el frío, le parece polar y desagradable. Un poso de tristeza y amargura se le ha pegado al corazón. La señorita Purita Arriaga López era un tanto cursi y con tendencia a ruborizarse. Don Braulio no había vuelto a saber de ella desde aquella tarde en que se subió al coche de su padre y se despidió, desde el asiento trasero del viejo Seat 1430. Aquella imagen, como de Verano Azul la tenía grabada y, sin haberla recordado nunca hoy le ha vuelto como si fuera ayer mismo a sus mientes.
Han pasado tantos años que nadie diría que aquella vívida imagen seguía, tras más de cuarenta años, impresa en su memoria a sangre y fuego. ¡Quién iba a decir a don Braulio que tres años después de su muerte, y por un golpe de viento, iba a volver a su recuerdo la imagen de la señorita Purita; veraneante madrileña del país de las grandes montañas!. Descanse en paz la señorita Purita Arriaga López (es nombre ficticio) y descanse, también en paz, el recuerdo de aquel mes maravilloso en que don Braulio y la señorita Purita subieron y bajaron las castellanas calles de Arenas de San Pedro cogidos de la mano como dos personajes de película de color pastel. Descansemos todos en paz y vivamos y disfrutemos de los recuerdos agradables y olvidemos los malos recuerdos. Amén. ¡No vuelvo a leer las esquelas!

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Una respuesta a “LA SORPRESA DE DON BRAULIO

  1. Alegría.

    Ay esos amores que reaparecen como aquellas pequeñas cosas de Serrat…..Que amarillo es que sea una esquela la que te trae recuerdos rosas….(está usted hoy muy triste Don Angel).