LEÓN FELIPE, EL EJEMPLO DEL POETA

LEON

Decimos que los españoles, sobre ser desleales y gregarios, somos incapaces de realizar la más elemental crítica hacia los “nuestros”. El ejemplo más claro es el de los políticos en el Parlamento. Las primeras palabras del nuevo presidente del gobierno –el que haya sido elegido, independientemente del partido al que represente- en su discurso de investidura, es justificar su futuro mandato en función de la herencia recibida y de las muchas barbaridades y falta de colaboración del gobierno saliente.

Asistimos impertérritos, en esta legislatura –como consecuencia de la anterior, también- al aquelarre de juicios civiles, de juicios penales, de juicios públicos, de juicios de la opinión escrita, de juicios de fugaces y televisivos jueces, de domésticos fiscales, contra tirios y troyanos; contra capuletos y montescos; contra californios y marrajos; contra los “hunos” y los otros unamunianos y echo en falta el juicio crítico, la denuncia ciudadana no hacia el rival, o del tibio, sino la del propio afiliado; el canto de las verdades del barquero del afiliado al propio partido. ¿Existe servicio prestado más sincero y plausible que la crítica del amigo; la del colega; la del correligionario? No la esperen en España; no. En España no tenemos la costumbre, aunque sí hayamos tenido el ejemplo.

El ejemplo a esa crítica fue León Felipe. El poeta, puso siempre la verdad por delante, puso en su vida y en su verso, la verdad por encima de todo; pues para eso era poeta y no esclavo; para eso era ciudadano y no vasallo. León Felipe, como tantos y tantos poetas murió lejos de los cielos de España: Juan Ramón, Pedro Salinas, Luis Cernuda, Juan José Domenchina, Emilio Prados, Antonio Machado… y ni nos consuelan, siquiera, los homenajes y las celebraciones centenarias; no nos consuela que este año se cumplan 130 años de su nacimiento; no. Nos consuelan los ejemplos; nos consuela el afán verdadero de denuncia del baldón propio; nos consuela la denuncia ejemplar del compañero; nos consuela eso que desgraciadamente nunca se denuncia.

León Felipe, el poeta zamorano, el farmacéutico de la Alcarria (el exilio por necesidad, el camino como remedio) fue el penúltimo rebelde español. El último quizás de los críticos propios.

Crítico con su país:

¡España, España!

todos pensaban

-el hombre, la Historia y la fábula-,

Todos pensaban

que ibas a terminar en una llama…

y has terminado en una charca.

crítico con sus correligionarios:

Y aquí estáis anclados,
Sindicalistas,
Comunistas,
Anarquistas,
Socialistas,
Trotskistas,
Republicanos de Izquierda…
Aquí estáis anclados,
custodiando la rapiña,
para que no se la lleve vuestro hermano.

….

Son los Comités,
los partidillos,
las banderías,
los Sindicatos,
los guerrilleros criminales de la retaguardia ciudadana.
Ahí los tenéis.
Abrazados a su botín reciente,
guardándole,
defendiéndole,
con una avaricia que no tuvo nunca el más degradado burgués.

crítico consigo mismo:

Y aquí estoy esperando…
con el mismo traje viejo de ayer,
haciendo recuentos y memoria,
haciendo examen de conciencia,
escudriñando agudamente mi vida…
¡Qué desastre!… ¡Ni un talento!… Todo lo perdí.
Sólo mis ojos saben aún llorar. Esto es lo que me queda…
Y mi esperanza se levanta para decir acongojada:
Otra vez lo haré mejor, Señor

Todos somos iguales ante la Ley, dijo Su Majestad el Rey en su discurso de fin de año y no era sincero; no. Crearemos una comisión de investigación parlamentaria para exigir responsabilidades, dicen los políticos y no son sinceros; no. Llevaremos a cabo una investigación interna para ver si han existido esos sobresueldos y tampoco son sinceros; no. No nos creemos nada porque nunca han hecho nada. Porque ellos -los políticos- son quienes nombran jueces y fiscales; porque ellos, crean leyes bajo el paraguas protector del aforamiento. Porque ellos se protegen entre sí y se excluyen de responsabilidad.

Todos los partidos políticos tienen un inusual interés en regenerar la política. ¿Cómo estará de podrida la política para que todos la quieran regenerar? ¿Quiénes, señores políticos, han podrido la política sino quienes se han valido de ella? ¿Quién va a regenerar la política? ¿Las castas que llevan tres décadas viviendo de ella? No; no son sinceros. Y yo –y nosotros, y vosotros- ya no creemos a ninguno. No nos representan, y lo saben, pero mientras, ninguno hace autocrítica. Ninguno pondrá, como León Felipe, la verdad por encima de todo; y no lo harán porque no son –como lo fue el poeta- dignos de representarnos.

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