PEDRO DEL VERANO. ALIAS PIERRE D’ÉTÉ

vendimia

El Pedro del Verano, sacerdote de la Escuela del Cuarto Camino, se despierta todos los días pensando en sí mismo. Don Pedro del Verano, antes era católico, apostólico y románico. Bueno, esto del románico no lo decía muy seguro pues siempre dudaba si era románico o romano. El Pedro del Verano cambió de religión una tarde en que, en medio de la vendimia en la localidad francesa de Lussac, en las proximidades de Saint Emilion y Burdeos, se tropezó con un prosélito de la Escuela. Efectivamente; al Pedro del Verano le entró la vena religiosa cuando el ruso Gregory Chorisev, discípulo del maestro esotérico George Gurdjieff y de su discípulo Ouspensky le ayudaba a ordeñar una cepa del rojo caldo del sauvignon. Entre canto y canto y explicación y explicación del estado análogo del sueño el Pedro del Verano fue sintiendo cómo el esoterismo se le metía en el cuerpo como si fuera un gorgojo de la uva.
Que no, Pierre, que análogo no significa culo; no. Análogo significa similar, igual, semejante.
Es que yo, sabe usted, don Gregory, cuando oigo algo sobre el ano y, como estamos en Francia, pues que me pongo en guardia. Es que en mi pueblo, ¿sabe usted? cuando dije que venía a la Francia me dijeron que me pusiera un corcho en el… desagüe ¡Ya sabe usted!
Ya, ya. Le comprendo perfectamente. A mí antes me pasaba lo mismo. Es la fama que cogen los pueblos y de la que ninguno puede librarse.
¿Y dice usted que los humanos vivimos en un estado análogo al del sueño?
En efecto. No todos, claro. Como usted comprenderá no es fácil despertarse acordándose de uno mismo. Para eso hay unas gimnasias, unas mañas y unas técnicas que el maestro esotérico y su discípulo nos enseñan.
Y cualas son
Pues el superesfuerzo, el training psicológico, los movimientos rítmicos, las danzas rituales y las tareas que ordena el maestro.
¡Anda! Así hay tanta gente ahora que hace footing, claro. Ahora me doy cuenta de por qué. También hay mucho bailarín de academia. Que si la zumba, que si el reegaton, que si el bollywood, que si la salsardana…
¿La salsardana?
Sí; es una danza que ha inventado la Shakira, la churri del Piqué. Es una especie de salsa sardanera en la que se cogen todos por las manos y se dan golpes de cadera el uno contra el otro. Vamos una especie de conga pero aburrida y restregona. Ya sabrá usted perdonar por la forma de señalar. Con lo de aburridos, quiero decir… Es que como son catalanes, pues ya sabe, la alegría de la huerta…
Al Pedro del Verano, en Francia le decía Pierre d’Été y, en su pueblo, que se llama Cucalón, en tierras turolenses, le dice Pierdeté. Los cucalinos, que así se llaman los allí nacidos, son muy brutos y burlones y cuando volvió al pueblo y dijo que en Francia le decían Pierre d’Été, le cayó el mote. A veces, no se sabe por qué, la ocasión la pintan calva.
A quien se le ocurre.
Eso es lo que digo yo…
Pues como le iba diciendo el maestro esotérico Gurdjieff nos enseñó que el hombre vive un estado similar –el Pierre d’Été ya no decía análogo- al del sueño.
¿Cómo? Le preguntó el Remigio, el de la Chona, que era el tonto oficial de Cucalón, en la ribera del Jiloca y en el partido judicial de Calamocha.
Que el hombre, digo, vive medio dormido.
¡Ah!, dijo el Remigio, yo también. Sobre todo cuando le quito a padre la llave de la bodega. Luego no hay quien me levante.
No, Remy (el Pierre d’Été, se conoce que por la costumbre, había afrancesado el diminutivo del Remigio). El estado favorecedor del sueño tiene que venir por el esfuerzo, no por el alcohol.
¡Ah!, decía el Remigio abriendo la boca
¿Y el otro, el Ouspensky, qué decía?
Pues Ouspensky expresaba que la única salida que tenía el hombre era a través de las Escuelas y las enseñanzas del maestro y en esa evolución el discípulo podía elevarse y tomar conciencia hasta llegar a N 7, la escala más alta para un hombre.
¿A ti no te habrán drogado en la Francia, verdad Pierdeté?
¿Qué?
Que digo, que lo tuyo si no es del vino debe de ser de alguna droga ¿Verdad?
El Pedro de Verano, ofuscado, se retiró a su casa. Por el camino iba rumiando su fracaso. Pensó que, quizás, no había sido una buena idea volver al pueblo a hacer proselitismo de la nueva verdadera religión. En estas tierras son todos muy brutos, se decía. ¿Cómo van a entender que la somnolencia es el estado natural del hombre…
Al caer la tarde el Pedro del Verano salió a correr por las huertas de la vega del Jiloca. Al llegar a la gañanía del tío Renco se tropezó con un cagajón de burro seco y fue a estrellarse de boca contra el portón de una exclusa del canal. El golpe fue de los que ponen los dientes largos. Enseguida perdió el sentido y se desmayó. La noche se echó sobre el canal y el relente bajo hasta convertirse en un frío del carajo. El Pedro del Verano se despertó helado, aterido y dolorido. Al abrir la boca se dio cuenta de que había perdido la mitad de los dientes del propio golpe. La cabeza le daba vueltas y a lo lejos, creía escuchar una melodía que le transportaba al nirvana. En seguida recordó al gurú Maharaj Ji y su religión de la Misión de la Luz Divina.
Esto es una conversión en toda regla, se dijo el Pedro del Verano. Aquí está la señal divina: me he muerto y me he reencarnado; veo la luz divina, escucho la música celestial y huele al néctar divino… Adiós, Cuarto Camino, welcome, Luz Divina.
Detrás de un juncal una pareja se amaba con violencia. Con violencia y nocturnidad. Sobre la lumbre baja de secos sarmientos unas chuletillas de ternasco se socarran por la falta de atención.
Manolo, se te van a quemar las costillejas
Sí, Virtudes, mi amor, con el calor de tu cuerpo
No, tonto. Las chuletas del ternasco, no las tuyas.
Pues que se jodan…
Manolo siguió a lo suyo que, bien mirado, alimentaba, por lo menos, tanto como las chuletillas. Junto a la pareja, de un magnetófono de pilas, se escapaba la melodía lounge dulzona de un chill out de Ney Angelis.
Esa música, decía Pierre d’Été. Esa música es la armonía y la serenidad del maestro. El Pierre d’Été, avanzó entre los juncos transido de emoción, en dirección a la música. Debido a la oscuridad tropezó contra el Manolo, que en ese momento acometía con frenesí, como en la letra de un bolero, y cayó sobre el Manolo y la Virtudes.
Del susto que metió a la pareja no queda constancia; aunque cada uno, dentro de su libre albedrío, podrá imaginárselo.
Me cago en lo que se menea. Gritó el Manolo mientras cogía un leño del fuego. Presa del susto le arreó tal palo en la cabeza al Pierre d’Été que le sumió (ahora sí) en el sueño del maestro, y eso sin footing, sin running, ni mariconadas de esas…
Al día siguiente, cuando el Pierre d’Été se levantó notó que le dolía la cabeza pero, no se sabe bien si por el golpe o por el descanso, se le habían ido las ideas de La Luz Divina y de la Escuela del Cuarto Camino.
¿Cómo estás Pierre? Le preguntó su madre
Bien, madre. ¿Por qué me llama usted Pierre? Si yo me llamo Pedro.
¿Estás mejor, hijo?
Divinamente, madre. Hoy es domingo, ¿verdad?
Sí que lo es. ¿Por qué lo dices?
Porque voy a ir a misa, madre. Me parece que hace un siglo que no escucho misa.
¿Pero a qué misa vas a ir, hijo?
¿Pues a cuala he de ir, madre? A la de don Tirso. ¿Es que hay otra religión que no sea la católica?
Dios Nuestro Señor, que siempre es justo y necesario, torna al camino verdadero al extraviado. Es cierto que algunas veces, emplea la N 7, que en Cucalón no es autovía, ni tan siquiera nacional, y algún que otro leño, pero… ¡vamos que si lo vuelve al redil…!

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