LA TRISTE HISTORIA DE UNA POBRE MUJER

TRISTEZA

Voy a contarles a ustedes la historia más triste del mundo. Es la historia de una mujer  en  pleno  siglo  XXI  en  un  país  del  primer mundo donde la mujer tiene –más o menos- los mismos derechos que los hombres pero que, en su calidad de esposa, madre, trabajadora y empresaria ha tenido que hacer frente, prácticamente en solitario, su dura vida. La de nuestra historia es una mujer culta y perfectamente preparada –es licenciada en Ciencias Políticas- y ha realizado un máster en Relaciones Internacionales en la Universidad de Nueva York. Esto la convirtió en la primera persona de toda su familia que alcanzó el grado de universitaria. Me imagino el orgullo de debió de significar, para su familia tener finalmente, una hija universitaria. Orgullo que quedó patente desde el momento en que, su propio padre, le entregó el diploma de su licenciatura. La Universidad, desde entonces, la invita a presidir la entrega de diplomas de su facultad. Porque ella lo vale…
La nueva licenciada ha presidido y representado a su padre, a su familia y a su país en muy diversos y conspicuos actos. Ha recibido reconocimientos como la medalla de oro de Torre del Conde, que instituyó el gobierno civil de Cataluña, comunidad donde reside. También ha recibido honores de Elche, Palma y otras muchas poblaciones nacionales. Ha trabajado en la UNESCO de Barcelona y ha sido presidenta de honor de esta organización y sus proyectos a lo largo del mundo. También ha sido galardonada por la Maison de la France por el interés que ha demostrado en conocer Francia (¡anda!). Ha viajado a California, Los Ángeles, Tokio, Viena, Méjico, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica… en fin; todo el mundo, arriba y abajo, representando a su país, a su familia y a sus conciudadanos. Fue, también, presidenta de honor del II Campeonato de Europa de Esquí Alpino, deporte que también practica, junto a la vela. Antes de incorporarse al mundo laboral realizó prácticas, nada menos, que en la sede de la UNESCO en París. Es embajadora de Buena Voluntad de las Naciones Unidas, preside la Fundación Internacional de Vela para Discapacitados.
Gracias a su exquisita educación y a su preparación académica, esta mujer fue contratada por una de las empresas de mayor fuste de Europa, La Caixa, donde ejerció de directora del Área Social de la citada entidad, con responsabilidades en programas dirigidos a mayores, voluntariado y cooperación internacional. Recientemente ha cesado en sus obligaciones con La Caixa al trasladarse, junto a su esposo, a Washington donde trabajaba como consejero internacional de Telefónica (la empresa de Jorge, que a todo el mundo coge). En 2012 vuelven a España y, posteriormente, se trasladan a Ginebra. Allí –se conoce que debía tener excedencia- La Caixa le encarga que coordine sus programas con agencias de la ONU.
En paralelo, y para entretenerse ha presidido y formado parte de las juntas directivas de distintas empresas y asociaciones benéficas que, junto a su esposo han ido fundando. Pues bien, y he ahí lo triste del caso, pese a toda su preparación, pese a la altas responsabilidades y
representaciones de su familia, de su casa y de su país la pobre, como es mujer, no tiene ninguna responsabilidad porque, oiga usted, ella no se enteraba de nada. Eso a su marido, que para eso es hombre… Ella firmaba talones como quien da el cheque restaurante en la tasca de la esquina. Ella no sabe qué es una factura, ni que hay que declarar las donaciones que le hace su papá porque ¡vaya por Dios! ella tiene su residencia en Cataluña donde, ya es mala suerte, las donaciones sí que tributan… Mientras esta pobre mujer, ignorante como fémina, presidía consejos de administración, firmaba declaraciones de Hacienda con facturas que hasta la propia Hacienda considera “de aquella forma” mientras –decía- era condecorada con la Gran Cruz de la Real Orden de Isabel la Católica, la de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, es miembro de Primera Clase de la Orden de los Tres Divinos Poderes del Reino de Nepal, posee la Gran Cruz de la Orden de Orange Nassau de los Países Bajos, la Gran Cruz de la Orden del Halcón de Islandia, el Gran Cordón de la Orden de la Estrella de Jordania, la Gran Cruz de la Orden del Quetzal, el Gran Cordón de la Orden del Elefante Blanco (ese se libró de papá) de Tailandia, la Gran Cruz de la Orden de Cristo de Portugal, el Gran Cordón de la Orden de la Preciosa Corona de Japón, el Gran Cordón de la Orden de Leopoldo, de Bélgica, la Gran Cruz de la Real Orden Noruega de San Olaf, la Gran Cruz de la Orden del Infante don Enrique de Portugal, la Gran Condecoración de Honor en Oro con Fajín de la Orden al Mérito de la República de Austria, la Gran Cruz de la Orden de Alfonso de Nassau, de Luxemburgo, la Gran Cruz de la Orden de Honor de la República Helénica y es, finalmente, miembro (o miembra, vaya usted a saber) de Clase Suprema de la Orden de la Virtud, de la República Árabe de Egipto. Sí, si… de la Virtud, como usted lo lee. Vamos, que sólo le falta el Gran Cordón y la Chapa Dorada de Chorizos Revilla, un sabor que maravilla…
Pues bien, esta señora ni sabe cómo es una factura, ni cómo se hace la declaración de la renta, ni lo que es un acta, ni una junta general. Tampoco sabe lo que firma, ni lo que abona, ni lo que debe. Mezcla pagos en una misma cuenta societaria de artículos propios de su vivienda con pagos de trabajadores de la citada empresa. Esta es la historia de una pobre mujer que no sabe lo que es una factura pero que ostenta el cargo de Presidenta Vitalicia (sí, sí… vitalicia) de la Fundación Gala-Dalí.
Esta es la triste historia de una española, llamada Cristina y apellidada de Borbón y Grecia que, perteneciendo a la generación más preparada, que se llenan ahora la boca de decir nuestros políticos, de españoles ha estado representando al Rey, al Estado y a los ciudadanos españoles por todo el mundo sin saber cuál es su mano derecha.

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