LOS FRANCESES, ¡OH LA LA!

Funcionarios franceses antes de entrar a trabajar al Ministerio.

Funcionarios franceses antes de entrar a trabajar al Ministerio.

Los españoles, esa especie de celtíberos bajitos, enfundados en una boina que se apoya sobre la única ceja que ocupa todo el rostro, es tribu atávicamente odiadora contra sus vecinos los franceses. No podríamos explicar el motivo pero algo, desde luego, tiene que ver con la envidia. A la recíproca, naturalmente, ocurre otro tanto y es el francés el que odia al español. Debe de tratarse de la convivencia y la vecindad, que son asuntos difíciles y poco edificantes.

Los franceses y los españoles son, generalmente, gentes de derechas; entendiendo por derechas no su opción política preferida, sino amantes de la vida tranquila, sin problemas y siempre pendiente de tener un mal gobierno a mano para echarle las culpas de todos sus penares. En España, hasta hace un par de años teníamos a Zapatero como muñequito de vudú y ahora los franceses tienen a Hollande como su particular pin-pan-pun.

Los españoles, que siempre tuvimos ese prurito de que lo de fuera es infinitamente mejor que lo de dentro, nos hacíamos cruces con las ocurrencias de los distintos gobiernos nacionales, También hacíamos bromas con la jerga tejana de Ansar y la cara de alelado de Zeta. Pero, mira por donde, ahora viene don Françoise y presenta su particular ocurrencia: subvencionar a las gentes que vayan a trabajar en bicicleta. No está mal la idea, se dirá usted; pues no pero, claro, hay mucha tela que cortar y que contar. En primer lugar hay que aclarar que el gobierno Hollande ha creado un Servicio Interministerial para el Desarrollo de la Bicicleta (CIDUB), con su coordinador y sus funcionarios de libre designación. Si hace eso en España algún gobierno o alguna comunidad autónoma… Pues bien, tras un año de 365 días, Monsieur Dominique Lebroun, que así se llama el coordinador del proyecto, ha sugerido que se debería subvencionar con 25 céntimos a cada ciclista que vaya a trabajar en bici.

¡Biennnnn! Habrán gritado por Hinaultes y los Anquetiles de París; pero ¿y quién paga estos 25 céntimos del ala? Pues coño, ha dicho Dominique, ¿quien habría de pagarlos? Evidentemente las empresas. ¡Eh, eh…! han gritado los empresarios ¿Y por qué no se las paga tu puta madre?. Bueno, ha dicho Lebroun, tranquilos que luego os lo devuelve el Estado en impuestos. O sea, que al final lo pagan los ciclistas y el resto de nietos del rey Sol ¿verdad? Esto lo hace y lo dice un asesor de Zapatero y todavía está dando vueltas zafándose de los boinazos con los que le habríamos corrido Zarzuela abajo. Monsieur Dominique Lebroun, el muy Lebroun, le ha vacilado a la gabachada por lo fino. Este, es como aquel tacaño que iba a los toros y, cuando el torero hacía faena, tiraba el sombrero del vecino de asiento. ¡Qué cachondo el tío!

Según el tío Lebroun el costo de los 25 céntimos supondría un gasto de 170 millones de euros y el ahorro más de 570 en conceptos tan medibles como la mejora de la sanidad y la calidad de vida. Me imagino que el tito Lebroun no habrá cuantificado las bajas médicas por los lechazos de los ciclistas, las tendinitis, las agujetas y los más que seguros infartos de los monsieures y madames que vayan a currelar a la zona de Montmartre, por ejemplo.

También el ahorro y las mejoras tienen que ver con el medio ambiente. ¡Hombreeeee! Ya salió el medio ambiente; esa nueva religión del burguesito que todos llevamos dentro. El medio ambiente no se verá alterado por los humos de los automóviles, dice Lebroun, pero calla que también tendría que ver con las vomitonas, los escupitajos y los bofes con que los ciclistas irían echando por el adoquinado bajo el que había arena de playa, al decir de los sesentayochistas; pero esto no se tasa en el estudio, ni se tiene en cuenta en las conclusiones. Tampoco se ha tenido en cuenta el olor a sobaquina tras los sprints para llegar pronto a la oficina. Yo creo que lo que no cuenta Monsieur Lebroun es que esto es un plan secreto para retomar la primacía en el Tour de France donde, desde 1985 en que el caimán Hinault ganó, no han vuelto a acercase por el pódium ni a llevar el bidón de agua. Estos franceses son muy cabrones y muy secreteros y cuando ven que ganan españoles, americanos, y chusma de todo pelaje, o se inventan lo del doping u organizan la de Dior es Christian para recuperar el liderazgo. Sólo le ha faltado a Monsieur Lebroun añadir que, con la práctica del ciclismo, el culito se te pone duro y respingón. Todo llegará máxime cuando se trata de franceses…

Ahora le pregunto yo a Monsieur Lebroun ¿y los que vamos andando? ¿Con cuanto se subvencionará a los peatones? ¿Con qué cantidad van a subvencionar a los que acuden a trabajar en transporte público?, porque estos tampoco contaminan…

El lobista del pedal, Monsieur James Boucher, administrador de la Federación Francesa de usuarios de la bicicleta (¡toma cargo!) es un ferviente defensor del proyecto y dice: usted hace en su coche un trayecto de cuatro kilómetros para ir al trabajo, ese gasto puede deducirse (¿) pero si usted lo hace en bicicleta nadie se lo agradece. Coño, tampoco te lo agradece nadie si lo haces a pie o lo haces en metro, Jaimito. Ni se le ha ocurrido a nadie pagarte el bonobús.

Esto de la bicicleta y la subvención es ocurrencia de mucha gracia. Lo siguiente bien podría tratarse de ducharse menos, para ahorrar en agua –en Francia, el ducharse menos es difícil tarea- o en alergias de la piel; curarse a través de médicos chamanes para ahorrar en medicamentos o alumbrarnos con antorchas para que no suba la luz. ¿Se imaginan ustedes si esto, en lugar de a los gabachos se le ocurre a Zapatero? El cachondeo que habríamos tenido en la tierra de María Santísima hubiera sobrepasado una legislatura entera. Pero claro, viene de Francia, la tierra de la liberté, la egalité y la fraternité… y esto a los españoles nos pone.

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