MENTES EVANESCENTES (I)

el grito

 

PRESENTACIÓN

La sociedad mercantil Lühiajaline mõtetes (Mentes evanescentes), con domicilio social a efectos fiscales, en la ciudad estonia de Tallin, a través de su presidente Mr. John Fields Landasquete, quien luego resultó ser natural de Tordesillas, en la provincia de Valladolid y cuya gracia, en realidad, era Juan Campos, presentó a sus accionistas un plan muy meditado y reflexivo para comprar todo un pueblo en un país europeo en clara recesión. Debería ser un país que permitiera la opacidad fiscal; en el que la Hacienda Pública y la Judicatura estuvieran sometidas al poder político; un país que diera las suficientes subvenciones como para no invertir un solo euro -comisiones aparte, que eso es costumbre del país y hay que respetarla- y que facilitara el flujo de enfermos de la sanidad pública a la privada. Por eliminación solo un país daba este tipo de facilidades: España.
¿España? ¿Kus on Hispaania?
Spain. Al sur de Europa. Haciendo frontera con África.
¡Ah!, contestaron los accionistas a coro. Europe’s living a celebration.
Eso es; el país de Rosa de España
¿Pero no es en España donde van a poner Las Vegas y donde van a organizar los Juegos Olímpicos?
Efectivamente. Esa es nuestra baza. Ahora están casi regalando las tierras y financiando lo que sea con tal de buscar inversiones. Los ingleses ya hicieron una cosa similar a lo que hoy propongo, dijo el presidente: el pueblo de Valdelavilla, en Soria, donde los ingleses han puesto una academia para enseñar su lengua. Las casas del pueblo, debidamente arregladas, sirven para alojar a los alumnos. La fórmula ha tenido una gran acogida por lo que, nuestra propuesta, cuenta con posibilidad de ser aceptada.
Hemos elegido la región de Castilla y León –Castle and Lion, tradujo a un inglés no excesivamente académico el presidente- dado que su gobierno no tiene una mayor preocupación en ver despoblado su territorio…
Pero vamos a ver, señor presidente, preguntó el máximo accionista. Lo que yo creo entender es que las autoridades locales lejos de frenar la despoblación y la marcha de las gentes del campo a la ciudad, la financian. ¿Esto es así?
Efectivamente.
¿Y usted cree que es una buena idea llevar locos a esa región? Yo creo que con un gobierno así quienes tendrían que estar en el frenopático serían esos políticos y no nuestros enfermos. Pero es que, además, sigo sin creerme que ellos no estén interesados en poner empresas para reactivar las zonas deprimidas. No sé… las grandes multinacionales, nuevas formas alternativas de producción de energía, cosas por el estilo.
No se preocupen ustedes. Todas las inversiones que provienen del exterior las dedican a las capitales: Valladolid, Burgos… la energía, pues sí; han llenado todo de placas solares, que también están subvencionadas o que funcionan con gas-oil, molinillos a lo largo de todo el paisaje, etc.
Pues no lo puedo entender. Y yo que creía que en Estonia éramos tercermundistas…
No hagamos política, por favor. Aquí estamos tan solo para hablar de business y no de la capacidad intelectual de nuestros futuros vecinos. Lo que yo propongo es solicitar la compra de todo un pueblo, con sus viviendas y sus servicios, e instalar allí un nuevo modelo de sanatorio mental. Un pueblo donde no existan las fronteras, ni las vallas, ni los vigilantes, ni tan siquiera las cortapisas mínimas para el desarrollo vital de los enfermos. Un pueblo lleno de locos y administrados por locos. Con sus gobiernos electos, con su cura párroco, con sus bares, sus festividades, sus hombres y mujeres, sus oficios… Un pueblo igual que los demás, pero habitado, en su totalidad, por nuestros hombres y mujeres de mentes evanescentes.
El aforo irrumpió en una gran ovación, momento en el que el presidente aprovechó para pedir que se apagara la luz y se pusiera en marcha un pequeño video-reportaje presentando la administración autonómica y local. También pusieron unos gráficos muy coloristas y clarificadores del monto total de la inversión –prácticamente nula- y la gran cantidad de beneficios económicos que reportaría. Como ven ustedes -terminó diciendo- el gobierno autonómico y el gobierno central, que son de una misma idea política, financiarán toda la obra civil de adecuación y nos proporcionará, además, el material humano -las mentes evanescentes- y el presupuesto para que sean atendidos. Como quiera que la atención médica, administrativa, etc. será realizada por ellos mismos todo será beneficio para nuestra sociedad.
Nueva salva de aplausos.
Ahora, con su permiso, vuelvo a solicitar que se apague la luz y se nos muestre el pueblo que hemos elegido para su evaluación por parte de la Junta de Accionistas. Señoras y señores, para todos ustedes… Perales de Torquemada, provincia de Palencia, en la comunidad de Castilla y León. España.
A lo largo de más de media hora una voz, en estonio y con subtítulos en inglés, fue dando pelos y señales acerca de la localidad palentina. Sus prados, sus ríos, sus árboles, las posibilidades de ampliación en base al terreno municipal subyacente… No quedó un solo milímetro del pueblo que no fuera presentado y estudiado.
Si a ustedes les parece bien, y tras conocer la práctica ausencia de inversión por nuestra sociedad, las facilidades que nos conceden y lo novedoso del proyecto, podríamos votar la aprobación, o no, del proyecto.
Procedan a votar. ¿Votos a favor…?. Gracias. ¿Votos en contra?. Hummm; ninguno. ¿Abstenciones? Ninguna. Por lo tanto, queda aprobado por unanimidad de todos los accionistas.
Ahora, si ustedes me lo permiten, tengo una sorpresa preparada para todos ustedes. Tenemos una invitación para toda la Junta General, por parte del gobierno autonómico, para visitar el pueblo y la comunidad autónoma, así como otros lugares de interés turístico. Está todo pagado; cosa habitual y típica de los gobiernos españoles. Nos llevarán, además, a la ciudad de Burgos, que ha sido elegida Capital Española de la Gastronomía. Ya saben… España, vino, tapas, toros, flamenco, ¡olé! Visitaremos Benidorm, Marbella e Ibiza. Están también invitadas sus esposas, aunque yo, ¡ejem!, creo que, si tienen ustedes alguna sobrina que no haya visitado España, sería un buen momento para hacerlo. Seguro que les estarían agradecidas a todos ustedes de por vida.
La ovación fue de las que hacen época. En unos instantes, y como si aquello fuese una academia militar, se organizó una fila para apuntarse. Siguiendo los consejos del señor presidente, la gran mayoría de los accionistas se apuntaron con jóvenes familiares, que en la mayoría de los casos, -¿qué raro, verdad usted que sí?- tenían distinto apellido de el del accionista.
Una vez que ya estén todos ustedes apuntados y, para acostumbrarnos al modo de vida de los españoles, pueden pasar por la mesa de recepción donde les obsequiarán con un paraguas y un bolígrafo por su asistencia a la Junta General de Accionistas. El Consejo de Administración, el cual me honro en presidir, agradece a todos ustedes su asistencia y la amabilidad que han demostrado al hacer suyas las propuestas del Consejo. Muchas gracias y que disfruten de su estancia en España.
Oiga, joven, le dijo el presidente a un accionista, está usted robando el cenicero ¿no le da a usted vergüenza?
Pues no señor yo, como usted ha dicho muy bien, me estoy acostumbrando a las tradiciones españolas; y una de ellas es llevarse el cenicero de la sala, o el vaso del bar, o el albornoz del hotel.
¡Ah, caramba! Tiene usted razón. Así me gusta a mí la juventud, que aprenda con solicitud y rapidez.
Muchas gracias, señor presidente
Las que usted tiene, joven.

NUDO

En Perales de Torquemada, provincia de Palencia, la vida pasa lentamente. Los vencejos vuelan a gran altura atiborrándose de mosquitos. Las gallinas pican a tontas y a locas un suelo enfangado y lleno de gusanos y lombrices. Los burros, los que están enteros, claro, muestran su poderío sin ningún tipo de pudor. Los mozos; esos mozos que se han de condenar por no ir a misa el día de la fiesta mayor, al decir del padre Tirso, esperan la salida de las autoridades para acompañar a la charanga, arriba y abajo, haciendo el ganso. Las mozas bailarán, unas con otras, pasodobles, valses y polkas, de forma incansable. Tangos no, que es pecado y el delegado local del Movimiento está ojo avizor. Sobre las talanqueras de la plaza los críos sentados esperan a que suelten los novillos con la secreta esperanza de que, uno de ellos, se lleve por delante a alguno de los novilleros. Suenan las campanas de la iglesia. Las autoridades salen los primeros a la claridad del mediodía. El resto de los vecinos esperan su turno mansamente en los bancos, hasta que salgan los próceres. Tras la marquesa viuda, don Salvio, el alcalde; don Deodato, el boticario y don Maxencio; quien ha regresado del servicio en el Ifni. Detrás de ellos, todos los demás.
Don Maxencio Tortella Iturrioz salvó de milagro la vida una noche en que tuvo que salir de la tienda de campaña para descargar el vientre en los arrabales de Villa Cisneros, capital de la península de Río de Oro. Don Maxencio estaba en cuclillas cuando un rifeño, arrastrándose sobre el vientre, como una bicha, le clavó un machete entre el ano y el escroto. Aún se recuerda, entre el Polisario y el resto de la tropa, el alarido que soltó el don Maxencio al viento que llaman siroco. Cuando la guardia acudió en su ayuda el rifeño salió corriendo como alma que lleva el diablo. Sin embargo, el pobre don Maxencio permanecía allí, saltando como si hubiera sido poseído por el mismísimo Satán, mientras le colgaba, del centro mismo del culo, el traidor puñal curvo y dentado. ¡Dios!, lo que costó arrancárselo a contrapelo.
De resultas de aquella herida a don Maxencio le pasaron a clases pasivas y le dieron una medallita de sufrimientos por la patria con un lazo con los colores de la bandera de España y un imperdible para lucirla en la solapa de la chaqueta. También le dieron una paga de tres mil duros con los que se compró un par de machos -el Tabor y el Tercio- llamados así en recuerdo a sus años de servicio en los Regulares del Sáhara, y un tractor de gasoil con pistón, marca Barreriros con marcha adelante y marcha atrás. El don Maxencio, con su medallita puesta sobre la pechera los domingos y las fiestas de guardar escuchaba misa desde la primera fila de bancos; entre el alcalde y el boticario. Cualquiera no tiene en su pueblo a un caído por la Patria ¿no les parece?
¿Qué, don Maxencio, cómo va esa herida?, le preguntaba don Deodato, el boticario, a la salida de la misa.
Pues ahora mejor, don Deodato. Pero en verano, se conoce que con el calor, se irrita y supura.
Si al menos le hubiera metido el puñal en el ojete, decía burlón el alcalde.
Sí; en eso también tiene usted razón, don Salvio. Pero no hubo suerte.
Bueno, suerte, lo que se dice suerte, una vez que pasó el peligro… Ahí le tenemos ahora, como si fuera usted el Romanones, ese de la capital. Con su pareja de machos y su tractor. ¡Cualquiera le tose a usted ahora! Yo, mismamente, estuve también en un tris de perder la vida en el servicio y nadie me dio un duro.
¿Pues qué le pasó a usted en el servicio, señor alcalde?
Pues casi nada. A mí me picó un alacrán y estuve más de seis meses con las fiebres. Pero claro; como no me atacó el enemigo, como a don Maxencio, al tonto del Salvio, que le den por el culo… ¡Así es la vida!
¡Hombre, don Salvio!, no me va usted a comparar. Además, por el culo, lo que se dice por el culo, sí que me dieron.
Esto también es verdad. Se lo reconozco a usted…
Entonces, si le llega a pasar como al pobre San Pelayo, que con 13 años le pilló el cabrón del Ab-al-Rahmán que le tiró los tejos el muy sarasa y, al negarse el crío, le estazó con unas tenazas…
¡Ay, por Dios!, dijo don Deodato. No digan ustedes eso que se le pone a uno la piel de gallina solo de pensarlo.
Usted perdone, don Deodato.
Está usted perdonado, don Maxencio. ¿Hace un blanco?
¡Hace! ¡No ha de hacer!
¿Se apunta usted, señor alcalde?
Oigan, que uno es de artillería. ¿Quién dijo miedo…?
Los tres amigos se dirigieron al café Novelty, que estaba en la plaza, frente a la iglesia.
Ya sé por qué eligen ustedes este café, dijo el alcalde. ¡Menudos calaveras están ustedes hechos!
¿Usted cree que saldrá la Cirila?
Si no lo hace ahora, lo hará al terminar la novena. Pero salir, ¡vamos que si ha de salir!
¿A usted también le gusta la Cirila, don Deodato?, preguntó el alcalde.
Desde luego que sí. Pero cualquiera se enfrenta aquí, a don Maxencio, con el capital que tiene con lo de la herida. Además, uno ya… con esta edad…
Cirila Minglanilla Trijueque era la soltera más codiciada del pueblo. La Cirila tenía una peca junto a la nariz con tres pelos en los que se hacía -coqueta que era ella- un tirabuzón de lo más vistoso y sandunguero.
Le hace gracioso el tirabuzón a la Cirila, ¿verdad usted que sí, don Deodato?
La mar de gracioso.
Le veo a usted muy enamorado, don Maxencio. Y es que, si llega usted a matrimoniar con la Cirila, se hace usted con todo un capital. Entre la era; el huerto del Calaverón y las gañanías del arroyo, cualquiera le tose a usted.
Pues sí, don Salvio, para qué voy a decirle que no lo pensé. Pero eso siempre sería bueno para el pueblo. Fíjese usted la de jornales que pueden pagarse si a ese capital sumo yo los dos machos y el tractor…
Lo que yo le digo siempre, don Deodato, le dijo el alcalde en un aparte: al final el capital siempre se une y el obrero… a verlas venir.
No está mal pensado, ¿verdad don Salvio?
No; si mal pensado no está. Pero esto a usted le viene mal. Si le quita la moza…
¡Qué se le va a hacer! Yo con mis ungüentos y mis pomadas iré tirando. Además, como decía mi pobre madre, siempre habrá un roto para un descosido. ¿No le parece?
Eso digo yo, que cada uno tenemos nuestro público.
Y tanto, don Salvio. Y tanto.

Continuará…

Anuncios

Los comentarios están cerrados.