LAS POLILLAS GAMMA

POLILLA

Andan, como Pedro por su casa, en estos días primaverales las polillas, que ahora llaman los entomólogos y las locutoras del telediario “mariposas gamma”. Hay que tener cuidado con las definiciones porque de mariposas gamma, a gambas a la gabardina hay poca diferencia y, te pilla un camarero algo sorderas, e igual te pone una de polillas, que es menú de mucho fundamento para la FAO pero que, para el aperitivismo patrio queda como una cochinada.
Ocurre, según dicen los expertos tertulianos expertos en polillas, fútbol, economía, política europea y astrología, que las polillas están en tránsito hacia Dinamarca, que debe ser donde estas mariposas pasan el veraneo, como si fueran aquellas familias ricas que tomaban los baños en Badem-Badem. Bueno… las familias ricas, los contables del Partido Popular, y los futbolistas argentinos entreverados de chorizo criollo y fuet catalán.
¡Qué lejos quedan aquellos tiempos donde eran las dinamarquesas las que venían en busca de los Manolos marbellíes o benidormenses con sus guitarras, sus peludos pechos y su pañuelo de cuatro nudos en la cabeza! Es lo que tiene la crisis, que ahora las dinamarquesas se quedan en casa a esperar a las polillas, mientras a los españoles, que tenemos apolillados los bolsillos de rascárnoslos para pagar a Hacienda, no nos queda otra que volver al pueblo a pasar las vacaciones. Es el milagro de la crisis; los pueblos llenos de gentes, otra vez.
¡Anda!, que no tenía ganas ni nada yo de volver al pueblo de vacaciones. Veinte años hacía que no podía volver. Ya sabéis… que si los niños querían ir a la playa, que si la Paqui tenía antojo de ver Singapoore; que por cierto… es como un restaurante chino pero a lo bestia. Nada, nada. Como el pueblo no hay nada. Esas tardes que vamos en excursión a coger agua del manadero; esos paseos hasta la ermita; esa misa de tarde con don Pascual; esas meriendas en el río, con sus mosquitos, sus avispas y sus tábanos. Donde esté el pueblo que se quiten todas esas mierdas de París, de Roma, de Nueva York…
Las polillas son bichos suicidas, más que apolillados agilipollados que se estrellan contra los tubos fluorescentes, que se meten en la pantalla de la lámpara y acaban fritas como un churro. Ayer, por no ir más lejos, una polilla kamikaze se estrelló contra mi nuca mientras preparaba el zumo matinal para mis futuros deudos. Yo, que fui agraciado en la Primitiva donde rifan las cabezas con una más que generosa, que me ha dejado un cierto complejo… Pues a lo que iba, va la puta polilla y ¡zas!, no tiene otra idea que estrellarse contra mi cabeza. ¡Menudo susto me dio la puñetera polilla!
¿Te pasa algo?, me pregunta Mutriku
Nada. Que se me ha resbalado el vaso… Cualquiera le dice la verdad… Menudo cachondeo para todo el finde.
Claro, habrá pensado la pobre polilla, ahí está la pista de aterrizaje del portaviones Nimitz y habrá dicho ¡a por ellos, oe!.
Quita, quita… mejor le digo lo del vaso
Las polillas africanas, los contables, los futbolistas pamperos, la familia de Ana Mato y poco más son quienes veranean en este país como lo hacíamos antes la totalidad de españoles. Algunas veraneantas, hasta lo hacen sin saber quiénes les pagan las vacaciones. Esas cosas las llevaba mi gordi, que está en todo. Yo, ya sabe usted… como soy mujer, no me meto en esas cosas. Yo no sé administrar una casa, ni llevar una cuenta corriente, ni entiendo de coches. Yo sólo administro un ministerio.
Por cierto y ya para acabar. Dice doña Ana Mato, esa que no sabe distinguir un Jaguar de un R-5, que los españoles “comen mucho” y se mueven poco. Y eso, debería de haber continuado, que Rajoy está haciendo lo posible para que no tengan qué comer, y que les está facilitando el tiempo libre suficiente como para que no lo pierdan en trabajar, sino en hacer ejercicio.
Miren ustedes, a mí… ¿qué quieren que les diga? Me importa poco si vienen o van las polillas del Ifni a Conpenhage o de Madeira a Estambul… A mí, lo que realmente me gustaría, es que estas polillas se convirtieran en vampiros draculianos y se acercaran hasta el cuello evanescente y aromático de la señora ministra y no le mordiera; no. Sino que se la trincase de la yugular y se la llevase a Transilvania y la dejara allí, al menos hasta que escampe…

Anuncios

Los comentarios están cerrados.