LA INQUIETANTE HISTORIA DE TRES AMIGAS

 TAGORE

La señorita Benilde Cutillas era muy moderna y aplicada. La señorita Benilde Cutillas gastaba melena a lo garçon y se peinaba en un estilista. También gastaba gafas de sol de pasta y a la imagen que reflejaba el espejo la llamaba look. La señorita Benilde Cutillas no tenía ni puñetera idea de lo que significaba look pero, como lo decían en la televisión, ella también lo decía. Por el contrario, su amiga, la señorita Remedios Pinna, también conocida como Mss. Reme porque había estudiado inglés por correspondencia sí que dominaba la lengua de Shakespeare. La señorita Benilde Cutillas nunca tuvo novio, en cambio Mss. Reme encontró novio a través de Internet.
¿Usted cree que a través de Internet se puede pecar?
Pues sí; pero sólo de palabra. De obra y de omisión; no.
La señorita Benilde Cutillas, como era tan moderna, se compró unas bragas de color azul desvarío de tafetán, con tirilla de gros-grain y lazos color blanco roto, a los lados, de gasa muselina. La señorita Benilde Cutillas estaba tan contenta que se levantaba las faldas y enseñaba sus bragas nuevas a las amigas en el Metro.
Mirad –decía-, ¿veis cómo me quedan con este vestido camisero de talle plisado y nido de abeja?
¡Anda!, dijo Mss. Reme -o sea, la señorita Remedios-, si tiene hasta bragueta y todo.
Es que estoy pensando en hacerme transversal
¿Como el diputado Gorriarán?
Talmente. ¿Pasa algo?
¡Qué ha de pasar! Jesús, hija… la verdad es que tienes un pronto.
El novio de Internet de Mss. Reme, o sea la señorita Remedios, es conductor de elefantes en las calles y avenidas del Punjab y se llama Rabindranath Tagore, pero no es indio, sino bengalí. El novio de la señorita Remedios, o sea Mss. Reme, le manda fotos de las trompas de los elefantes. Para mí que lo que quiere el novio de la señorita Reme es ponerla cachonda.
¿Usted cree?
¡Hombre!, si no ¿por qué lo va a hacer?
Pues igual tiene usted razón
Y la señorita Benilde Cutillas, dijo usted que no tenía novio ¿verdad?
Efectivamente. Se conoce que no tiene afición.
El Rabindranath Tagore le manda correos electrónicos con poemas y cartas de amor en idioma bengalí y en todas y cada una de las otras cuatrocientas lenguas que se hablan en la India; pero nunca, jamás, se los manda en inglés.
¿Y qué te dice tu novio? Preguntaba la señorita Benilde con muy mala baba
Pues no hay quien lo entienda, esa es la verdad. Pero los rasgos y la alineación de los versos son de una finura y un ordenado que da gusto.
La señorita Benilde, que es muy buena amiga y nada envidiosa se ofreció a Mss. Reme para prestarle sus bragas por si quería enviarle una foto con ellas al Rabindranath Tagore, pero a Mss. Reme le daba aprensión ponérselas.
Muchas gracias, mintió para no zaherir a su amiga. Es que mi Rabi (Mss. Reme llamaba Rabi a Rabindranath Tagore en la intimidad) es muy de la diosa Shiva, de Brahma y de Visnú y su religión no le permite el tafetán, ni la rafia, ni siquiera el satén. La religión de mi Rabi sólo le permite utilizar algodón egipcio y, además, tiene que llevarlo suelto, sin que presione las partes pudendas.
Y tu novio, Mss. Reme ¿tampoco come vacas, ni terneras, ni toros, ni chotos, ni añojos?
Pues no. El Rabi, o sea, mi novio es herbívoro…
Será vegetariano ¿no?
Pues eso. En la India no se comen vacas, ni terneras, ni chotos, ni añojos, ni tan siquiera toros. En la India lo que se come es limacos, escorpiones y alacranes. Cigüeñas, tigres de bengala y tucanes. Lo que pasa es que el tucán no se da mucho y hay que importarlo.
Pues no lo sabía, chica.
Ese es el problema de esta época de ignorancia y anarquismo. Ya lo dijo el Rubio de Quismondo, picador de reses bravas: las utopías conducen al yerto páramo de la ignorancia.
¡Caray con el Quismondo!… Vaya frase
Al llegar a la estación de Tribunal se unió a las dos anteriores la tercera de las amigas; la señorita Críspula Ballesteros. A la señorita Críspula la dicen Thermomix porque calienta y tritura a los hombres.
¿A un tiempo?
No; claro. Primero los calienta hasta escalfarlos y luego los tritura. ¡Qué tía la señorita Críspula!
La señorita Críspula Ballesteros no tenía la moral distraída, ni nada por el estilo. Lo que ocurre es que la señorita Críspula se entregaba a todos los hombres por prescripción facultativa.
¡Las hay con suerte! ¿Verdad?, dijo la señorita Benilde a Mss. Reme
Ya lo creo.
La señorita Críspula tenía el himen en espiral, como los muelles de un reloj Omega, y sus novios tenían que desistir de la coyunda nada más intentar la penetración. Es un sin vivir, mis queridas amigas. Una, que es sana, limpia y sabe planchar los visillos al vapor, como si fueran berberechos, tiene que cargar con esta losa que me mandó el Señor. Pero yo no me conformo, ¿os enteráis? Yo he de encontrar un hombre, que sea muy hombre, y pueda clavar su dardo en mi diana (la señorita Críspula utilizó esa parábola porque junto a la puerta del vagón había un rumano que no perdía detalle y se le estaban poniendo los ojos golositos).
Mi Rabi, dijo Mss. Reme, me ha mandado fotografías donde unos indús –las señoritas finas siempre dicen indús- y unos bengalís –tampoco dicen bengalíes- levantan enormes piedras que suspenden, colgadas de una pita, del miembro viril. Si tu quieres yo podría hablarle de ti para ver si podría encontrarte a alguien que descorche el tapón de la botella de tus esencias (el rumano pensó que iban a descorchar una botella de sidra).
La Hidra de Lerna, que es un despiadado monstruo acuático ctónico con forma de serpiente policéfala y aliento venenoso, picó la desavisada conciencia de la señorita Críspula y, una vez que Mss. Reme le abrió los ojos sobre la cura de su malsanía tomó el primer aeroplano a Delhi y, una vez allí, y valiéndose de la ayuda de las Misioneras de la Caridad, tomó contacto con el Rabindranath Tagore quien, por hacerle un favor más que nada, la poseyó varias veces, rompiendo la barrera del sonido, por vez primera. La señorita Críspula se enamoró de Rabindranath Tagore y el Rabi hizo lo propio con la señorita Críspula.
Y ahora, ¿qué vamos a decirle a Mss. Reme?, le dijo la señorita Críspula al Rabi.
No debemos explicación más que a la Trimurti, que es la Santísima Trinidad de los induístas. Yo nunca dije a Mss. Reme que la quería y, si se lo dije, fue en bengalí o en todas y cada una de las cuatrocientas lenguas que se hablan en la India. Nosotros nos debemos a nuestro amor y no tenemos que dar explicaciones.
La señorita Críspula, entre la potencia del magué del Rabi y la pérdida del muelle cedió como una tortolita y dio el sí entre aromas de pachuli y boñigas de ñú. La pareja se casó por el rito del santón Pérez, un español de Tomelloso, Ciudad Real, que se había reencarnado en monje tibetano y que lidiaba vacas sagradas con el nombre Buda Chico. El viaje de novios lo hicieron a Madrid, donde al Rabi se le pasó el vegeterianismo nada más probar el jamón, los callos y las gallinejas.
Una tarde, en que volvían de ver el Templo de Debod, coincidieron, en la estación del Metro de Tribunal con sus antiguas amigas. A la señorita Benilde, se conoce que de la impresión, se le cayeron las bragas de color azul desvarío de tafetán, con tirilla de gros-grain y lazos color blanco roto, a los lados, de gasa muselina. El rumano, que resultó ser un caballero, se agachó y se las volvió a colocar. Con el traqueteo del vagón y un poco que puso él de su parte –todo hay que decirlo- aprovechó para tocar la parte VIP de la señorita Benilde que exhaló un suspiro muy inquietante y acalorado. El rumano sonrió y enseño dos dientes de oro que terminó por cautivar a la moza. Miss Reme, que ya debía tener la mosca tras la oreja, se quedó de una pieza pero no soltó ni una lagrimita acre y fugaz. Tan solo se apartó de ellos y se bajó en la siguiente parada.
Al día siguiente, en el Informativo de Telecinco se hicieron eco de un suceso muy desagradable e inesperado. Al parecer, una joven, se había atado a un palet con unas tiras de seco cáñamo y se había prendido fuego con una tea de palisandro que es madera aromática y salutífera. Mss. Reme se prendió fuego, como había leído que hacían las viudas sij, que es palabra que proviene del panyabí y del sánscrito.
La señorita Benilde, por aquello del luto, cambió los lazos de color blanco roto de sus bragas por otros de color negro y cosió al rumano una cinta negra en la manga izquierda de la chaqueta y le forró un botón de negro para la solapa. De la señorita Críspula, ya señora de Tagore y de su esposo nunca más se supo.
La paloma zurea, los gorriones pían y las gambas nadan dando fuentes coletazos arrastrándose por las corrientes marinas. El cerdo gruñe y las vacas mugen…
¿Y los elefantes?
Los elefantes barritan y muestran su trompa erecta en señal de duelo.

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