¡CÓMO ESTÁ EL CLERO!

MONJAS

¡Ave María Purísima…!
Sin pecado concebida, hermano.
No, don Tarsicio, si no vengo a confesarme. Digo que cómo está el clero.
Vaya, hombre. Ya salió el Barrabás que lleva usted dentro. A ver qué nuevas me trae.
¿No ha leído usted lo de las monjas guipuzcoanas?
Pues no, don Dimas.
Verá usted. Pues resulta que han detenido a un falso sacerdote hondureño que ha tangado a las monjitas trece mil euros con el timo de las falsas monjas.
¿Cómo…?
Pues eso; que resulta que un tal Franklin Jeovany TT, que se hacía pasar por cura cobró a unas monjas trece mil del ala por traerlas cuatro supuestas monjas hondureñas. ¿A quién se le ocurre no sospechar de un tío que se llama Franklin, como un liberal americano; y encima Jeovany…
¡Ay, Dios mío!.
Pues eso digo yo. Que ya les vale a la curia guiputxi.
Pero hombre, don Dimas.
Ni hombre, ni nada. Estos guipuzcoanos son siempre igual. Ahí tiene usted a la Real Sociedad. Mucha Champions Leage y mucha gaita pero con jugadores fichados a talonazo limpio. Que si mejicanos, que si alcarreños… No como mi Atlhetic; que son todos del Bocho.
Pero hombre, don Dimas. Que eso ha sido una estafa. No un fichaje
Ya, ya… Así se empieza y mire cómo se acaba. Si ya se lo dijo la señora de Beckham a Ana García Obregón en el gimnasio. Compórtese usted en relación a la edad que tiene.
Pero hombre, don Dimas. No sea usted burro.
Es que ya habían repetido el timo en otras parroquias. Llegaban cuatro sores hondureñas y, a los dos días, cogían el petate y se daban el piro. Las monjas, claro, por no quedar como Cagancho en Bilbao, se callaban y el Franklin a dar el timo a otra parroquia.
¿Y qué culpa tiene de eso el clero?
Pues toda. Se empieza no poniéndose los zapatos rojos y recibiendo a la Cristina Chicken y se acaba en la fuente de Canaletas con la bufanda blaugrana diciendo Messi, Messi.
Ande, ande.
¿Pues sabe usted lo que le digo?
A ver qué se le ha ocurrido ahora.
Pues que lo que tienen que hacer los guipuzcoanos, si no tienen cantera, es hablar con Otegi. Eso el tal Blázquez que tiene mano con ellos y reconvertir a las tigresas en monjas. Que muy bien que se les daba eso de entrar y salir en las sacristías…
¡Calle, animal!
Sí; animal. Eso. Pero ahora vienen las comuniones y ¿qué va a pasar?
Eso digo yo. ¿Qué va a pasar?
Mire usted. Ahora las comuniones ya no se hacen como antes. Ahora son bodas y, peor aún, un carnaval. Ahora los niños hacen la comunión vestidos de guardias civiles; de antidisturbios de la Ertainztza y hasta de Caídos de la División Azul. Ya no hay trajes de comuniones como antes. Que si el marinerito, que si la princesa Sisi, que si, como yo la hice, de cruzado. Que tendría usted que ver lo canutas que las pase yo con aquella Cruz de Calatrava en el pecho. Si pensé que me tenía que casar con la nieta de Franco. ¡A quien se le ocurriría que hiciera yo la comunión vestido de marqués de Villaverde!
Eso serían sus padres.
Qué padres, ni qué padres. Eso sería mi abuela. Que era muy de misa diaria. Yo, además, heredé el traje de comunión de mi hermano Antonio, que es veinte meses mayor que yo. Había que verme vestido de aquella guisa; con los pantalones por encima del tobillo, pues me venían largos, el peinado arriba España y un lazo en el brazo…
Bueno, don Dimas. ¿Y eso qué tiene que ver con las monjas?
Pues mire usted, don Tarsicio. Que eso les pasa por dejar todo en manos de amateurs. Ahora resulta que una de las hijas de la Preisler quiere meterse monja. Como la hija de don Juan Alba.
¿Y?
Pues nada. Otro timo. Hoy dice eso en la prensa y mañana lo contrario. Total; dos exclusivas bien remuneradas y a otra cosa.
¿Y también tiene culpa de eso la curia?
Pues claro que sí; don Tarsicio. Claro que sí. Ustedes tendrían que hacer un examen antropomorfo, o como se llame eso. Por ejemplo: el hijo de Paquirrí; el muchacho ese que anda con un tocadiscos bajo el brazo…
El Kiko Rivera
Ese. Pues ese sí que tiene aspecto de fraile. Le pone usted una estameña de franciscano, su cordón blanco de rafia y ¡hala! Como no necesita ni la tonsura, de hermano barrilero. Porque, ¿no me diga usted que no se da un aire a Dom Perignon.
¡Qué barbaridad!
Sí, hombre. Que antes le invitaban a uno a una comunión y te llevaban a la ermita del Santo y te convidaban a unas mollejas, unos zarajos y una de callos y un chato de vino. Le soltabas al niño una medallita de Santa Teresita de Lisieux y listo. Ahora no. Ahora te piden una Wii, un plasma, un androide o vaya usted a saber qué tipo robot te piden. Ahora le dices a un niño qué es lo que quiere por su comunión y te dice que un apartamento en Jávea. Y si es una niña ¿qué?
Eso; ¿qué?
Pues que igual te pide una liposucción, o un golpecito de Botox, como la diputada esa de Barcelona que parece un ornitorrinco…
Para usted, don Dimas. Que se me acelera. ¿Qué tiene todo eso que ver con el timo de las monjitas?
Pues eso, don Tarsicio. Que mucho quitarse los zapatos rojos, mucho recibir a la Chicken y la cantera abandonada. ¡Ya lo dijo Iribar!
Bueno, don Dimas. Que tengo que cerrar la sacristía. ¿Me invita usted a unos potes?
¿Ve usted?. Estos son mis curas de toda la vida. Siempre pidiendo…

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