LA BANDA DEL HIMENEO

pantoja

José Ulloa Navarro, apodado Tragabuches, fue un famoso bandolero, torero y cantaor. No debían de gustarle mucho los toros a Tragabuches, pues tienen el hábito –los toros, claro- de cornear, por lo que decidió dedicarse al contrabando; actividad que es mucho más lucrativa y sin tantos sobresaltos.
Julián Muñoz Palomo, apodado Cachuli, fue camarero y estaba afiliado al PSOE hasta que conoció a Jesús Gil y Gil y cambió la chaqueta. A Cachuli, al igual que a Tragabuches, tampoco le gustaban los toros y, dado al choriceo como aquél, prefirió la política al contrabando. También esta actividad es mucho más lucrativa y sin tantos sobresaltos.
Tragabuches comenzó a actuar junto a La Nena, una bailaora con la que vivía amancebado. A Julián, por su parte, le gustaba más el cante que el baile, no dar el cante; no. La canción española. Por eso eligió, para el amancebamiento, a la Pantoja, tonadillera de tronío.
Andando el tiempo Tragabuches conoció a José María El Tempranillo, bandolero famoso donde los haya y se integró en la conocida banda de Los Siete Niños de Écija. Julián, por su parte, conoció a Jesús Gil y Gil, también muy famoso en lo suyo… y en lo de los marbellíes y fundó la Banda del Himeneo, con su ex esposa, Mayte Zaldivar quien, al decir de presuntas ex compañeras, era gimnasta de barra –americana, claro- y, posteriormente –o en paralelo, vaya usted a saber- y con su futuro imperfecto, la mencionada Isabel Pantoja, ¡toma pan y moja!. De haber coincidido en el tiempo Tragabuches le habría cantado a Julián:

Cómo se pueden querer
Dos mujeres a la vez…
Y no estar loco

Si Julián hubiera permanecido en el edén socialista habría conocido a la concejal Hormigos, quien ha pasado de defender la privacidad de sus caricias y el melódico jadeo de sus organismos telefónicos a socializar sus pezones a través de la revista Interviú a razón de tanto la foto. En lo referente a la privacidad de sus actos, doña Hormigos opina, como el muñeco de Gior, que con un poco de pasta, basta. Si Julián, decía, hubiera conocido a Hormigos igual hoy, estaría saltando en la piscina con Falete o marcando paquete en una revista gay en el kiosco de Chueca.
Pero no; Julián aterrizó en Marbella y, una vez que le aplicaron la quincena a Jesús Gil y Gil, alcanzó, por fin, la alcaldía. El bigotudo camarero se adelantó al autobusero caribeño y, con un bigote y unas cejas similares, ambos el pantalón por bufanda y los calzoncillos con tirantes; ambos con guayabera y churri llamativa, comenzaron a gobernar apoyados en su vínculo matrimonial. Julián, al decir de su ex, la gimnasta, tenía una auténtica monomanía con el transporte de bolsas de plástico llenitas de pasta. ¡Cuánta no trasladaría que hasta el Carrefour se tuvo que inventar lo del reciclaje para impedir que Julián se llevara todas las bolsas a casa. Mayte, por supuesto estaba en contra de que Julián le llevará todas esas bolsas llenitas de dinero, pero ya se sabe que, la española, además de besar sólo de verdad, es muy limpia y, claro, como Julián traía todo el dinero ennegrecido por el uso, ella -¡pobriña!- tenía que ponerse a lavarlo y tenderlo. ¡Qué hacendosa nos salió Mayte; madre!
Entre tanto, Isabel, que ya tenía bastante la pobre con aquel funeral en la plaza de toros, rota la copla y compungida y tras un par de gafas oscuras y grandes como la pena de los taurinos, lloraba transida de emoción. Ensayó un desmayo que fue abortado por sus fanses y los fanses de su pérdida ¡Qué vida le esperaba a la pobre Isabel, sin marido ¿Qué iba a ser de ella y de ese muchacho chico al que aún debía dar una educación como Dios manda? Unos años después Isabel vuelve a desmayarse, esta vez en brazos de un guardia civil que marchaba a su lado. Al parecer el flush le ha venido al notar que sus otrora animadoras habían tornado las cañas en lanzas, y al grito de “choriza de España” la que fuera “novia de España” sintió cómo le arrancaban los cabellos. Y no por mitomanía; no. España; esa España de charanga y pandereta que el iluso de don Antonio vaticinó que tendría su mármol y su día volvió -más España si cabe- e Isabel, como en la copla sintió que

el abanico, hasta er suelo,
de la mano se cayó,
y en la plata de su pelo
un jazmín se deshojó.

El destino, ese viejo consumero, quiso que la futura banda coincidiera en Marbella. La folclórica había sido contratada como imagen de la ciudad. Isabel había engordado tanto que aún y todo la sobró imagen como para ceder una parte de ella a Manilva y Ojén. Allí estaban Mayte, quien nada más ver a Julián bizquear ante el generoso escaparate de la tonadillera, comenzó a taconear por lo bajinis. Cupido, ese bujarrón medio lelo que viaja en una nube, clavó su flecha en la persona menos adecuada para el pobre Julián, quien abandonó a Mayte, la vivienda, sus hijas y se trasladó a la finca a pelar pollos –la pava ya la traía pelada de serie- para el menú “a la Pantoja”. ¡Toma pan y moja!
El Julián, ¡genio y figura! la puso un piso (como debe ser). ¿Qué un piso? Una suite. Por el precio que pagó debió de tratarse de La suite del Gran Cañón. El caso es que aquello ya cantaba más que la chacha de los Von Trapp y el juez (los ropones se trabucan con los miles y los millones pero donde ponen el ojo…) llamó a consultas a la banda, de uno en uno.
El despecho; ¡ah, el despecho! anidó en el generoso alfeizar de la Zaldivar y se le calentó la voz. Esa garganta, otrora tan profunda, ahora gorgoreó canora y sutil

Pantoja, que se me antoja,
que el Julián ni se sonroja
cuando lavé su panoja…

El señor juez tomó nota y montó la de Dior es Christo –estos pijos, siempre con las marcas- con lo de la Malaya. El Julián, macho alfa de un rebaño de lobas, no recordaba haber fichado para la banda a una moza malaya y dijo que nones. Que él solo consume producto nacional. Una vez que el señor juez le dio la quincena, -quien a Gil se parece, honra merece- cedió los trastos a la Marisol Yagüe y a la Isabel García Marcos luego, también, encausadas y enchironadas. ¡Ay Julián!, con razón tienes nombre de zarzuelero. No sé que las das para que pierdan desde la libertad al oremus cuando te conocen. ¿Será ese pis rociero junto a la carroza de tu amada? Chi lo sa
Julián de nuevo en la cárcel, Mayte abriendo la cancela de su casa a Televisión Española confiesa que guarda esperanzas en su apelación. A Julián lo de Mayte también se la “apela” e Isabel, la antigua viuda de España, ahora berrenda en choriza, ve cómo retiran su figura del mueso de cera. Tranquila, Isabel, en esta España nuestra, como no tenemos una patria sojuzgada, como Pujol en Cataluña por la que delinquir, no eres nadie si no han quitado tu estatua del museo de cera. No hay problema. Ahora, eso sí, como ya ha caído la Banda del Himeneo, veremos si quienes han robado realmente entran, también, en la cárcel. ¿A que no?

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2 Respuestas a “LA BANDA DEL HIMENEO

  1. Vaya que tenía razón don Antonio. Para desgracia de todos. En fin, que paren este país que me bajo.

  2. Muy bueno