RICARDO CORAZÓN DE LEÓN. LA INTRAHISTORIA

ricardo corazaon de leon

El cine, ese maravilloso espectáculo al que acudimos para que nos engañen con nuestro consentimiento y previo pago de un pastón, nos ha presentado, de siempre, personajes históricos que en realidad poco o nada tenían que ver en la vida real con el personaje histórico. Hoy vamos a ocuparnos de Ricardo I de Inglaterra a quien se conoció como Corazón de León.
Ricardo Corazón de León –el baranda de Robin Hood y algo casamentero con su sobrina Mariana, que por cierto, era tal cayo que no tenía dónde colocarla- no era sajón, como siempre se dio a entender, sino normando, como su hermano Juan Sin Tierra. Ambos eran hijos de Enrique II Plantagenet, primer rey de la dinastía Anjou-Plantagenet. El padre se pasaba el día en el jardín plantando amarillas flores de ginesta, que en el catalán de Occitania se dice Genet, y de ahí le vino lo de Plantagenet. Ricardo, de quien decían tenía el corazón de león tenía, además, una pinta de trucha que espantaba. Vamos, que según las malas lenguas en Hellow!, el dominical de cotilleo del The Times of Sheerwood, era algo tralará. Al Ricardo le iban los morazos más que a un tonto un lápiz. Como por aquellos tiempos no se tenía costumbre de citarse a ciegas y que, además, en England no había mucho arabo, dijo aquello de “si la montaña no viene a Plantagenet, Plantagenet se va de moros”. Dicho y hecho. Organizó un bochinche en Tierra Santa ya que era antisemita declarado, y provocó una matanza de judíos en Londres para disimular su marcha al moro y trabajárselo a conciencia. Al llegar allí se fue en busca de un tal Saladino que tenía unos ojazos… ¡y un alfanje!. Todo esto está cantado y verificado por el trovador Bertrán de Born, quien consiguió un número uno con “Born in the UK”, quien le apodó “Òc e non”, no por sí y no, que era como se decía aquello en occitano. Le llamó así porque siempre llevaba calzoncillos Ocean como Homer Simpson.
Ricardo Cuore Leone, en las pelis de Almería, o Coeur de Lion en las de Errol Flyn, o Lionheart en la de Ivanhoe, tenía, como ya se ha dicho, un hermano al que llamaban Juan Sin Tierra, no porque –según se puede colegir, se quedó sin herencia-; no. Juan heredó la tierra mientras Ricardo andaba a moros. Juan se llamaba Sin Tierra porque cuando volvía de la playa, allá por el Mont Saint Michelle, no traía arena en los pies. Esto, para los guiris es como un milagro y les impresiona un montón, ya que ellos, cuando vuelven de la playa en Mallorca, llevan tierra hasta el calcañar. Entonces su cuñada, la Berenguela de Navarra que como es tan fina tico-tico-ti, como es tan fina lairó-lairó-lairó-lairó, le nombro rey hasta que volviera Ricardo.
Pues bien, volviendo al tal Ricardo. Era un prenda de cuidado que se rebeló contra su padre en 1189 para arrebatarle el trono, aprovechando su enfermedad y vejez y ayudado por su madre, Leonor de Aquitania, que era un putarrón de cuidado. Al parecer la Leo se ponía como Monchito de comer cuisinés de pato, lo que le provocaba flato. Cuando le venía el flato y no podía ventosear se mosqueaba y ¡zas!, colleja al pobre Juan Sin Tierra que tenía un lobanillo junto a la oreja.
¡Joer, madre!. ¡Ya le vale! ¿no?. Que siempre me arrea usted en el lobanillo, se quejaba el pobre Juan.
Pues fue llegar a Orán el Ricardo Corazón de León, que siempre llevaba un grupo de caballeros que eran su sostén –Cruzado mágico, claro- y liguero y una capa blanca como si fueran regulares, preguntó:
¿Alguien conoce a un morazo con unas pestañas como abanicos al que llaman Saladino?
Saladino no aquí, paisa, le dijo un moro. Saladino monta patera y vende bolsos a Cari en Almería, de Iberia.
¡Toma, cabrón!, le dio un espadazo al pobre moro que le arrancó media oreja. Esto por darme malas noticias y por meter a Cari que estará con su Carmelo tan ricamente en la playa.
El moro, que sabía un puñao de aojamientos y tenía una mala leche que para qué, fue y le echó la maldición zingara:
Ojalá cuando llegues a tu casa te encuentres al gato jugando con la calavera de tu madre, mariconazo.
El Ricardo, como no sabía el oranés ni se enteró, pero si llega a enterarse…
Ricardo Corazón de León, para quienes no lo sepan, fue el primer rey inglés en tener las orejas separadas. Se conoce que la dinastía inglesa ha abusado mucho de la consanguineidad porque lo de las orejas sigue siendo una constante en sus reyes. Imaginad que dicen que a la futura reina Catalina Middleton le van a provocar, en el parto, que el muchacho saque primero la cabeza para estirar de las orejas y hacer más liviano el mismo…
A lo que íbamos, que luego se nos va el santo al cielo y don Dimas nos riñe por cerrar tarde. Resulta que, mientras el Ricardo se marchó con Saladino a hacer un crucero por el Nilo su hermano, el Juan Sin Tierra, se hartó de esperar y se autoproclamó rey, como ya se dijo con la ayuda de la Berenguela. El Ricardo, al enterarse, le dejó al Saladino con Lanzarote del Lago, que era famoso por su lanza y volvió a England. Por el camino, el Juan Sin Tierra, que ya estaba algo borde, le mandó a su mujer, la Berenguela, hecha tajadas por si no se acordaba de ella. Los ingleses son muy suyos en esto de los matrimonios. Así como en el resto del mundo es costumbre entregar la mano de las hijas, los ingleses entregan las cabezas de las reinas. Al parecer, esta moda la puso en marcha Enrique VIII.
Estimado Ricardo, le escribió Juan a través del correo regio, espero que al recibo de esta estés bien; yo bien, gracias a Dios. Tu mujer, la Berenguela, como es tan desprendida, me ha regalado el trono de Inglaterra. ¡Qué suerte has tenido siempre con las mujeres!, bribón… Pues que te digo que no hace falta que vuelvas porque la gente se ha acostumbrado a mi y, además, ya hemos impreso (el escriba puso imprimido, pero bueno) un montón de billetes de 1 pound con mi careto y no es cosa de meter en gastos a la Casa Real.
El Ricardo no daba crédito a lo que leía y, montando en cólera –y luego en su caballo-, volvió hasta Francia donde pensaba ir quemando castillos hasta que las llamas se vieran en Londres. Ilusa pretensión para quienes, como nosotros, conocemos la espesura de su niebla; pero ¡en fin!. El caso es que, una vez que llegó a Inglaterra se encontraron con dos reyes. El uno Sin Tierra y el otro con el Corazón de León. ¡Vaya gente!, se decía el pueblo, luego no me extraña que el príncipe Henry se vaya de putas vestido de nazi…
Ustedes habrán visto en el cine que Ricardo, gracias a Robin Hood llegó a Inglaterra y echó a Juanito. Pues no. ¡Nada de eso!. Lo que pasa es que en el cine todo lo lían para que, al final, se casen los protas. Juan y Ricardo o Ricardo y Juan que a tantas y tantos montaron, como Isabel y Fernando que eran, también primos; se pusieron en manos de un maestro de música que tocaba en la Corte en los cumpleaños y que se llamó Jhon Lenon, que luego casó con una japonesa que tenía una casa de telefonía móvil; la Ono. Pues bien, visto que no tenían ni una libra con que sacar adelante el país decidieron emigrar y se fueron a vivir a Italia que tenía una prima de riesgo con mucho riesgo. Allí contactaron con un tío segundo que se casó con Virna Lisi, una actriz rubia muy llamativa. Quisieron, ellos también, dedicarse a esto del cine, pero la verdad es que estaban algo cascados para los papeles que por aquellos entonces se les daba a los extranjeros. Ricardo hizo sus pinitos doblando a Amedio, el mono de Marco en “De los Apeninos a los Andes”. Juan, por su parte, encontró trabajo en una trattoria tocando la mandolina del Capitan Corelli. A raíz de un golpe de suerte se metieron músicos y formaron un dúo que tuvo cierto éxito en los ochenta. Como el uno era afortunado, y el otro pobre se hicieron llamar “Ricchi e Poveri”. Participaron una docena de veces en el Festival di San Remo, donde ganaron en el año 81 con la canción Sarà perché ti amo.
Pasados unos años murieron ambos. Ricardo de un infarto de caballo en su viejo corazón de león y Juan de un tumor en el pecho, por fumar. A Ricardo, como tenía pasta, le enterraron en Turégano, provincia de Segovia. Al parecer este dato no es muy conocido. El secretario de la Casa Real inglesa volvía de Roma, donde había muerto Ricardo y se dirigió a Santander para tomar un ferry. Al llegar a Turégano el autobús de La Rápida pinchó y tuvieron que pasar dos días hasta que enviaron otra rueda. Con el calor el cuerpo de Ricardo empezó a oler y tuvieron que enterrarlo allí mismo, junto a un agricultor que tocó, en su momento, la dulzaina y que se llamaba El Tío Chisposo. Por su parte, Juan murió y, como no tenía tierra, no pudieron dársela así que, lo quemaron y tiraron las cenizas al río Arno donde un carabinieri le puso un multón de no te menees.
Esta, y no otra, es la verdadera historia de Ricardo Corazón de León. Yo sé bien que la versión en las pelis de Errol Flyn es mucho más apetecible; pero es mucho menos creíble. Todos sabemos que Errol Flyn era el general Custer, en Murieron con las botas puestas, ¿quién es capaz de creer que el general Custer podría ser, a la vez, Ricardo Corazón de León…?. Eso no te lo crees ni aunque te lo cuenten en Todd-AO.

Anuncios

Una respuesta a “RICARDO CORAZÓN DE LEÓN. LA INTRAHISTORIA

  1. Pues me voy a comprar un bolso en cuanto llegue a Almería y aviste uno de los moros en sus puestos de la playa. Me duele la tripa de tanto reír, Ángel. Carmelo todavía está con el hipo lágrimas en los ojos de tanta risa. Un besote y un abrazo de los dos. Lo comparto en mi muro.