LA BOTELLA DE ORO

BOTELLA

En los escaparates de la Societe Vinicole de Champagne de la Marne, en Reims, al norte de la France lucía, entre gigantescas botellas Magnum y otras aún más grandes, a las que llaman Mathusalem, Nabuchodonosor y Melchizedec, una botella brillante y dorada. Una botella de oro con incrustaciones de piedras preciosas suficientes como para llenar cientos y cientos de anillos de pedida o para cubrir esas pequeñas sortijas que llevan, en el dedo meñique, algunos proxenetas del barrio chino de Albacete.
Madame de Grignan, madame Sévigné o madame Perrin ¿qué más da? compró, para acompañar a su cuisine de pato Toulouse, para trasegar las blancas alubias de su cassolet o para empujar un trozo de filet mignon, una botella de champagne de la Societe Vinicole de Champagne de la Marne, en Reims, France, el rico vino burbujeante y pícaro que tanto gustaba a madame Chateaubriand, la esposa del escritor con apellido de filete y aún a la duquesa de la Rochefoucauld, que era algo golfa y descuidada.
¿Me da usted una botella de champagne, garçon, si’l vous plait?, dijo madame Grignan, madame Sévigné o madame Perrin ¿qué más da?, ofreciéndose dulce y apetitosa, como un petit croissant de entraña de mazapán y piel de armagnac, al joven tendero que se quedó petrificado ante la visión de unos senos morenos y tambaleantes como dos flanes de huevo que pugnaban por saltar por encima del balcón del escote. Aún paralizado por la sorpresa el joven dependiente envolvía la botella de champagne para madame Grignan, madame Sévigné o madame Perrin ¿qué más da? en la doble página central del periódico Sud Ouest del mes anterior.
A la mañana siguiente el cielo de la pequeña ciudad occitana apareció gris y nublado del color de la tripa de un asno. Un viento frío hacía presagiar una mañana desangelada y complicada. Monsieur Antoine Didier Lavoisier, el director gerente de la Societe Vinicole de Champagnes de la Marne, en Reims, la France, se asomó al escaparate y, cogiendo entre ambas manos sus carrillos, lanzó un agudo grito que resonó en la tienda y volvió aumentado por un eco inexistente. La botella de oro con incrustaciones de brillantes, zafiros, esmeraldas, rubíes y otros pedruscos de Swarovski había desaparecido del escaparate sin que nadie pudiera dar cuenta de quien, ni de dónde había ido a parar la joya.
Los empleados y dependientes de la Societe Vinicole de Champagne de la Marne, en Reims, la France, fueron reunidos e interrogados en la cava que había bajo el mostrador de forma concienzuda por el detective privado Oriol Pujolet, de la empresa Methode Trois, especialista en espionaje industrial y político, con sede en La Camarga, Côte d’Azur, también la France.
El director gerente de la Societe Vinicole de Champagne de la Marne, en Reims, la France, monsieur Lavoisier, reprochó su escasa colaboración a sus empleados y dependientes. Si ustedes se obstinan en no decir la verdad, o en no denunciar al ladrón, me veré obligado a ponerlo en manos del inspector Abarnou, de la Gendarmerie Nationale.
Los empleados y dependientes de la Societe Vinicole de Champagne de la Marne, en Reims, la France, se estremecieron o acojonaron, que tanto monta. Unos más que otros, claro, ante el panorama que se les ofrecía.
Uno de los que más se estremeció fue el dependiente voyeur que miraba los turgentes y tambaleantes senos con forma de flanes de huevo de madame Grignan, de madame Sévigné o de madame Perrin ¿qué más da?.
¿Qué me ha vendido este gilipollas?. ¡Esta botella no se abre!. ¡Qué barbaridad!. ¡Estas cosas no pasaban con monsieur le president de Gaulle! ¡Vergüenza le debería dar, a una casa tan seria como la Societe Vinicole de Champagne de la Marne, en Reims, la France de vender esta merde de botella!.
Y madame Grignan, madame Sévigné o madame Perrin ¿qué más da? cogió su Citroën dos caballos, color gris eléctrico, y se presentó hecha un basilisco en la tienda de la Societe Vinicole de Champagne de la Marne, en Reims, la France.
¿Quel est ce que j’ai vendid?, ¡so gilipollas!, rugió mientras las tetas brincaban de estribor a babor y de proa a popa, como la canción «Soy de Santurce».
El dependiente bizqueó un rato y, en cuanto cesó el trepidante bamboleo senatorial –de seno, no de Senado- cerró la boca y acertó a decir :
¡Pero si es la botella de oro!
¿De oro?
Si… si… De oro.
Cuando el dependiente voyeur se serenó llamó al señor director gerente. Cuando monsieur le directeur géneral llegó felicitó a madame Grignan, madame Sévigné o madame Perrin ¿qué más da?
Su rasgo de honradez, madame, es algo que la Societe Vinicole de Champagne de la Marne, en Reims, la France, no olvidará jamás. En nombre du Conseil Genérale de la Societe, me permito ofrecerle a usted un talón de doscientos euros y un eterno suministro de nuestro champagne de primera calidad absolutamente gratuito y con carácter vitalicio.
La madame Grignan, la madame Sévigné o la madame Perrin, ¿qué más da? tardó algún tiempo en comprender.
Gracias, monsieur. Muchas gracias. Oiga usted monsieur le president ¿usted cree que las botellas gratuitas se podrán abrir y beber o serán de oro como esta otra mierda que me vendió este mirón?
Claro que se podrán beber, madame ¿Quien lo duda?
En la rive gauche del río Adour un acordeón ensaya una musique triste como un lamento.

La fille de joie est triste
Au coin de la rue là-bas
Son accordéoniste
Il est parti soldat
Quand y reviendra de la guerre
Ils prendront une maison
Elle sera la caissière
Et lui, sera le patron
Que la vie sera belle
Ils seront de vrais pachas
Et tous les soirs pour elle
Il jouera la java

Un joven cesante se pasa el día acodado en la barandilla. Sigue el curso de las pequeñas barcas planas que transportan a jovenes parejas al otro lado del río. Cualquiera que lo viera pensaría que está pensando en suicidarse. No es así. En la rive gauche del río Adour todo el mundo sabe que es inofensivo. Es un joven que mira pasar las planas barcas que trasladan a las parejas a la otra orilla. Desde el barandal el joven se aupa cuando pasan las parejas. Le gusta mirar desde lo alto y observar las turgencias que se asoman por el escote de las mademoiselles que se dejan hacer la corte por sus novios. Es primavera y esto es la France… oh, la, lá.

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3 Respuestas a “LA BOTELLA DE ORO

  1. viejecita

    Me encanta la historia.
    Y en su honor, he puesto la canción, cantada por Edith Piaf …

  2. Ángel Soria Rodríguez

    Me alegro muchísimo, doña Viejecita. Por cierto, si ve usted a doña María le da mi enhorabuena por colar lo del amparo ante el Constitucional.

  3. viejecita

    Se lo diré de su parte Don Ángel.
    Muchas Gracias
    PS
    De todas formas, aunque está presentado, no quiere decir que lo vayan a admitir, y a estimar. Pero por lo que me cuentan, se están dando mucha más prisa de lo habitual en los trámites… ( a saber si eso es bueno o es malo )