LA VERDADERA HISTORIA DE LA FAMILIA DOSTOYEVSKI

dostoyevskaya

Don Fiodor Mijailovich Dostoyevski siempre se mostró muy partidario de Cervantes, en general, y de su obra El Quijote, en particular. Don Fiodor Mijailovich se sabía los diálogos del bachiller Sansón Carrasco al dedillo y estaba tan identificado con el personaje, que firmó su primera novela, “Una novela en nueve cartas”, con el seudónimo de “El caballero de los espejos”. Esto -ustedes tendrán que comprenderlo- no lo van a encontrar en la wikipedia ni en ningún otro lugar. Casi cincuenta años de la cordial enemistad hispano-rusa deja poso. Yo conozco bien la historia pues, en parte, soy descendiente de don Fiodor Mijailovich; más concretamente soy sobrino bisnieto de su hija Lyubob Fyodorovna Dostoyevskaya, que se casó en Soria y de la que descienden los Sorianov, quienes tomaron el apellido del nombre de la provincia.
Entre los años 1862 y 1863 Fiodor Mijailovich realizó diversos viajes por Europa que lo llevaron a Berlín, París, Londres, Ginebra, Turín, Florencia, Viena, Esquivias, en Toledo y La Rasa, en Soria. Fiodor Mijailovich ha enviudado recientemente de su querida María Dmitrievna y, tras el fiasco con Pavlivna Súslova, quien rechazó su oferta de matrimonio, se ha propuesto recorrer media Europa y visitar los lugares donde el bachiller Carrasco se enfrentaba al Quijote. A lo largo de este periplo el escritor va dando forma a Crimen y Castigo, pero recibe una carta de Stellovski, un cabrón como la copa de un pino, apremiándole en la finalización de la novela o, de lo contrario, vería embargados todos los derechos presentes y futuros. Y allí es donde empieza esta historia.
Fiodor Mijailovich está nervioso; sabe que se juega su futuro y su carrera y tiene menos de un mes para entregar una novela que se le ha enquistado. Pasea por las vides y por las obras del futuro ferrocarril Valladolid-Ariza que, tres décadas después, hará su primer recorrido. Fiodor Mijailovich se acerca hasta el margen del río Sequillo y allí encuentra a una mujer joven que le habla en su mismo idioma. Fiodor Mijailovich se queda de una pieza cuando oye hablar ruso en el surazo soriano. Mi nombre, le dice la joven, es Robustiana Husillo y hablo vuestro idioma pues trabajé con mi padre, titiritero y domador de osos, a lo largo de toda Siberia. Fiodor Mijailovich le cuenta el problema que se le avecina y Robustiana le dice que ella podría ayudarle.
Yo escribo a mucha velocidad pues estudié taquigrafía a distancia y, si usted no corrige en exceso, podríamos concluir la obra antes de un mes.
Fiodor Mijailovich recupera el animo y se ponen manos a la obra. En tan solo veintiséis días terminan Crimen y Castigo y lo envían a San Petersburgo. Fiodor Mijailovich recibe, entonces, el encargo de una segunda novela y propone a Robustiana que le acompañe a San Petersburgo.
Aquello le gustará a usted y, si quisiera hacerme el honor y la merced de compartir su vida conmigo, podríamos casarnos en San Petersburgo.
La Robustiana, más lista que el hambre, la cogió al vuelo. La Robustiana no era guapa. Es más, la Robustiana era más fea que las albóndigas del Ikea, pero como ya se dijo, era lista como una liebre.
De acuerdo, Fiodor Mijailovich, pero antes deberíamos ir a pedir la mano a mis padres, que viven en Estepa.
El escritor Dostoyevski que era un hacha en la escritura, pero un auténtico analfabeto en geografía, pensó que la Estepa sevillana era la rusa y para allí que se fueron en pleno agosto. Nada más bajarse de la diligencia al pobre Fiodor Mijailovich le dio tal golpe de calor que estuvo más de un mes dictando El mensajero ruso a la Robustiana mientras le tenían forrado de fomentos que iban refrescando con un botijo. Cuando Fiodor Mijailovich pudo levantarse tenía escaras hasta el lóbulo de las orejas. ¡Qué padecimiento!, decía el pobre a la Robustiana.
Nadie sabe si como justa venganza o por que la Robustiana era aún más ignorante en geografía que su esposo, el caso es que tomaron un expreso de Lucena a París y de París a San Petersburgo en pleno mes de enero. ¡El frío que pasó la Robustiana aún se recuerda en varias canciones para balalaika y púa de la tuna rusa!. ¡Qué frío hace en tu pueblo, Fiodor Mijailovich!, era lo único que atinaba a decir.
La Robustiana le hacía de comida en Estepa gazpachos, pipirranas y flamenquines que eran muy del agrado del escritor. Cuando llegaron a San Petersburgo don Fiodor Mijailovich quiso seguir con la dieta. La Robustiana vino de la plaza con dos berzas y un nabo.
Mira, cari -para entonces ya se tuteaban-, con esto lo más que puedo hacerte es un caldo gallego si es que encontramos unto.
Como no fue posible cambiaron la dieta por salutíferos consomés que la Robustiana le servía a su esposo directamente desde el samovar. Robustiana, amor, le decía Fiodor Mijailovich, ¿me puedes servir otra taza de aromático y sano consomé de nuestro viejo y humeante samovar? Y la Robustiana, amorosa y maternal, servía el caldo al maestro.
Tras entregarle su taza humeante y reparadora, la Salustiana, que se estaba convirtiendo al rito ortodoxo se postró de hinojos frente a un icono bizantino al que había sacado brillo con Sidol.
Va a ser el momento de regularizar nuestra vida, Salustiana, reconoció, por fin el escritor.
La Robustiana, agradecida pues veía ya los gananciales más cerca, le convenció para bautizarse, al paso, al rito ortodoxo.
Así, con un solo convite, quedamos bien con tu familia y nos ahorramos un dinerito, Fiodor Mijailovich.
Dicho y hecho. Una tarde, la Robustiana, que tras su bautismo cambió el nombre al de Anna Grigorievna Dostoyevskaya, celebraron la boda y el convite –se pusieron de ensaladilla rusa hasta las trancas-. En La Rasa, como no sabían decir su nombre ruso la llamaba Goya, o Gregoria, la del ruso. Estos sorianos son de un cateto, decía la Anna Grigorievna, o sea la Robustiana.
La Anna Gigorievna, alias la Goya, echó dos lagrimitas durante la ceremonia; una por cada ojo y besó larga y enamoradamente en el colodrillo -que parece que en Rusia es hábitual- a Fiodor Mijailovich.
La Anna Grigorievna, o sea, la Goya seguía tomando sus clases de ruso por correspondencia en la Academia CCCP y continuaba ayudando a su esposo en la taquigrafía de sus siguientes novelas: Memorias del subsuelo, El idiota y El jugador.
El escritor Dostoyevski rompió en chusma y se dedicaba a dejarse la pasta en el casino de Badem-Badem, junto a la Selva Negra.
Es para conocer la temática de cara a mi nueva novela, El jugador, le decía a la Anna Grigorievna. Pero nada. La Goya, que como ya quedó dicho varias veces era rápida y avisada, le negó el pan y la sal mientras no dejara el juego. Te vas a acostar con el yak siberiano, juntaletras; le decía la muy malvada. Bebe vodka, como hace todo el mundo, le decía. Échate una querida y fuma. Todos los hombres beben, fuman y se refocilan, le decía la Anna Grigorievna, pero la pasta mía y de tus hijos no te la vas a gastar tu como cualquier golfo en la ruleta. ¿Qué te crees que cuando vayamos a Alcorcón vas a ir a jugar al casino?
¿Pero qué dice esta loca de Alcorcón?, se preguntaba para sí Dostoyevski.
Ven aquí, Robustiana. Hazme una tortillita de camarones y un bienmesabe que tengo algo de hambre.
Como no te lo haga el honorable doctor Miajíl Dostoyevski, o sea, tu padre…
El escritor, que ya estaba poseído por las depresiones lógicas de la epilepsia, se cabreó un montón y, cogiendo una sombrilla se lió a darle garrotazos a la Robustiana, a quien despojó para siempre del nombre ruso de Anna Grigorievna. Cuando acabó de calentarle el lomo de babor, la giró sobre el suelo y comenzó a darle en el lomo de estribor. Un cadete de la escuela rusa de danza “El paquete de Baryshnikov” que pasaba por allí le afeó su comportamiento.
¡Deje usted de pegar a la pobre mujer!
Pues que deje ella de llamarme maltratador. ¡No te digo!
En eso tiene usted razón, Fiodor Mijailovich. Cuando un hombre tiene razón, se le da y aquí no pasa nada ¿verdad usted que sí?
¡Ea!
Pues eso. Hasta mañana.
Que usted lo pase bien.
La Robustiana, como quien no quiere la cosa se cayó y estuvo más de un mes dándose friegas con nieve de la estepa y un chorrito de linimento Sloan, que el Moscú llaman de el tío de los bigotes.
El Fiodor Mijailovich pensó que había sentado las costuras a su esposa y que, a partir de ahora, iba a ir más suave que un guante. ¡No se imaginaba la que le esperaba!.
La Robustiana le hacía para merendar un torrenillo todas las tardes. Toma, Fiodor Mihailovich, amor, un torrenillo como los que te gustaban del pueblo de aquel navegante soriano ¿cómo se llamaba?
Aldeovich.
Eso; Joseff Aldeovich; de El Burgo de Osma. ¡Buen amigo y mejor conversador!
Te hiciste muy amigo de él, verdad Fiodor Mijailovich.
Hicimos una amistad muy íntima, Robustiana. Pero íntima en lo verbal, no en lo físico ¿eh?
La Robustiana siguió dándole todas las tardes su torrenillo impregnado de una sustancia que en La Rasa sacan de las setas de cardo y que produce un aflojamiento de la andorga y su consiguiente diarrea.
A cada día que pasaba Fiodor Mijailovich aparecía más delgado.
Eso va a ser de comer cangrejos sin capar, le decía su esposa.
El caso es que, en menos de quince días don Fiodor Mijailovich Dostoyevski entregó la cuchara en la localidad soriana de La Rasa, junto a El Burgo de Osma. Para la Historia quedó como que el escritor murió de una hemorragia pulmonar asociada a un enfisema. La verdad, de la buena fue que palmó de lo del torrenillo y no de otras cosas, pero en esto, como en el resto, lo mejor es no menearlo.
La Robustiana enterró al escritor en el pequeño camposanto y no dio ni la más mínima noticia a la embajada, quien entendió que el escritor seguía vivo. La viuda cobró sus derechos de autor sin comunicar nada al juzgado y siguió viviendo del momio hasta que murió a finales de 1894. Al año siguiente Lyubob Fyodorovna Dostoyevskaya, que ya vivía en Soria, tras su boda con un hidalgo de la familia San Clemente, ascendiente directo de los Marichalar, embaló el cuerpo del escritor y la mandó, desde Langa de Duero hasta San Petersburgo donde quedó enterrado en el cementerio Tijvin, dentro del monasterio de Alejandro Nevski.
Esta es la verdadera historia de Fiodor Mihjailovich Dostoyevski, quien murió ahíto de tapas sanluqueñas y de vino fino. Lo único que no pudo controlar, por lo ligera que tuvo la mano, es que la Robustiana, quien por cierto, luego recuperó su nombre ruso, le envenenara con torrenillos sorianos por su mala cabeza.

Anuncios

5 Respuestas a “LA VERDADERA HISTORIA DE LA FAMILIA DOSTOYEVSKI

  1. Santiago Espinosa de los Monteros Banegas

    Lo siento, pero no me lo creo.

  2. ¡Vaya con los torreznillos!, enfin, si hay que morir por comerlos…se muere porque , hay que reconocer, están de muerte 🙂

  3. Oye, Santi. Palabrita del niño Jesús Cerrato

  4. Ja, ja, yo de ÁNGEL (EL SORIANO) ME LO CREO TODO!

  5. Siempre me pareció (así se lo dije varias veces a la Cervera y las demás lobas de la manada) que Ángel tenía algo de ascendencia eslava: ojos azules, rubio, humanidad contundente, sentencioso (en otro sentido) como don josef (stalin)… En fin, no sé, en esto como en casi todo, me remito a la autoridad de don Jesusov Cerratovsky