NOCHE DE BODAS

MUERTA

Don Obdulio de Guarro y de la Cerda, alias “lechón”, era natural de Sieteiglesias, en la diócesis de Madrid y el arciprestazgo de Lozoya-Buitrago, Spain. Al don Obdulio le decían lechón ¡vaya usted a saber por qué!. El don Obdulio era muy conocido en Sieteiglesias donde ejercía de cobrador de tasas municipales en el mercadillo de los jueves. ¡Daba gusto ver al don Obdulio mojar el lápiz en la saliva y cobrar a los tenderos!.
El don Obdulio se casó con la Esperancita Tornos, una moza algo bisoja y de pelo ralo. Al don Obdulio le duró poco el matrimonio. Es más, y según se dice en el pueblo, el don Obdulio no llegó a consumir el matrimonio.
Usted perdone que le corrija, pero se dice consumar…
Bueno; pues no llegó ni a consumar, ni a consumir el matrimonio. Al parecer, tras la ceremonia y el ágape que se celebró en la era de arriba –entremeses de mortadela de aceitunas, queso de emparedados, sardina en aceite y medio tomate en cuartos; croquetas de tres sabores; migas de pastor con uvas y sardinas y pollos saltabarderas guisado- el don Obdulio llevó a su legítima al tálamo como le había visto hacer a Tony Curtis en las películas del cine de verano: en brazos y hasta la cama.
¡Adiós, don Dimas!, que tenga un buen día…
Igualmente, don Acisclo.
¿Por donde iba?
Por la cama…
¡Ah, si!. Pues ocurrió que, al entrar en la casa, el don Obdulio se escurrió con el felpudo de la entrada y cayó de bruces contra el arca que adornaba el hall. De resultas del golpe al don Obdulio se le fisuró una costilla flotante –realmente donde se hizo daño fue con la tarima flotante, pero el médico se hizo un lío al redactar el parte de accidente-. La pobre Esperancita fue la que se llevó la peor parte pues se golpeó en la sien izquierda y pasó, de cuerpo serrano a cuerpo presente en un pis-pas y sin tan siquiera despedirse.
¿Entonces murió sin disfrutar de la dulce miel del himeneo?
¡Vaya frase, don Dimas! ¡Qué tío!
Quite, quite…; favor que usted me hace.
El don Obdulio, viendo el óbito de su futuro imperfecto y temiendo el choteo posterior –ya sabe usted lo cruel que es el populacho en Castilla- cubrió a la finada con la colcha y, sentándose sobre el descalzador, comenzó a deshacer la maletita que su madre le había puesto. Un par de camisetas de verano, otro par de invierto; dos calzoncillos cortos, otros dos de felpa para el invierno; un braguero; una boina nueva y la capada para andar por casa…
Sentado a los pies de la cama leyó hasta terminar enteritos El Discurso de los grandes defectos que hay en la forma del gobierno de los Jesuitas y El Discurso de las enfermedades de la Compañía de Jesús.
Desengáñate, Esperancita, para teólogo e historiador, Juan de Mariana. El resto…, segunda división; le decía a su esposa fallecida y fría bajo la blanca colcha de moaré.
La Esperancita, que parecía una difunta aparente; casi guapa. Le miraba con un mirar ido y como ausente.
Tu, Esperancita, eras más del insigne Pereda. ¡Qué páginas!, le dijo la Esperancita mientras leía Peñas Arriba. La Montaña en todo su esplendor, le decía la Esperancita.
El viento trajo un pequeño papel a la habitación. En un principio el don Obdulio no le dio importancia. Un nuevo golpe de viento movió el papel hasta los pies del don Obdulio. Lentamente recogió el papel y lo leyó con calma. Maestro Yousouf. Auténtico vidente africano y curandero. Gran Ilustre Sabio de la Alta Magia Africano –aquí el Yousouf se lió con el género-. Adivinación completa y clara.
El don Obdulio continuó leyendo. Profesor –antes era solo maestro- Yousouf ayuda a resolver cualquier tipo de problema matrimonial y sentimental. Recuperar  la pareja. Amarres –esto el don Obdulio desconocía qué es lo que era-. Atracción pasional. Endulzamiento. Amor. Impotencia sexual. Mal de ojo. Quitar hechizos. Enfermedades. Suerte en el negocio y el trabajo. Judiciales. Protección de la vida familiar. Cualquier otra dificultad en la salud los soluciona, etc. Trabajo serio y eficaz. Resultados garantizados al 100% en 3 a 7 días. Recibo todos los días de 8 h. A 22 horas. A continuación ponía el teléfono y la dirección.
El don Obdulio llamó al teléfono y una voz, africana e insondable para un español de Sieteiglesias se limitó a decir okey, yex –terminado en x- y chao. El don Obdulio colgó ante la imposibilidad de entenderse con el maestro Yousouf. Abatido dio varias vueltas alrededor de la cama. Una ráfaga de frío se coló por la ventana y le entró por la espalda enfriándole la osamenta. El don Obdulio se estremeció y se apartó, maquinalmente, de la cama.
La muerte saltó por la ventana llevándose el alma de la Esperancita. El don Obdulio de Guarro y de la Cerda, alias Lechón miraba fijamente el hueco por donde la parca, con su sudario negro y su afilado dalle había salido llevándose el ánima de la Esperancita.
A lo lejos, el telón de la noche escondía al grillo y al topo; al raposo y al cárabo; a la liebre y el lebrato que miraba a la luna hipnotizado. Los montes grises y morados; los árboles verdecidos y copudos y la niebla levantándose desde el río daban sentido a la noche. Daba su sentido a la noche, salvo para el don Obdulio, que no entendía como el profesor Yousouf no tenía una secretaria o un ayudante que hablase el castellano.

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2 Respuestas a “NOCHE DE BODAS

  1. alegría

    Oiga don Dimas esta historia parece película francesa por lo abrupto del final, y encima es tristísima.

  2. Sobre todo para el don Obdulio.