EL VIEJO PASEANTE EN GREDOS

HELADA

Al viejo paseante le acontecen cosas, y se le presentan paisajes que le sirven, en el calor del hogar, de inspiración para sus relatos. Al viejo paseante le gusta echar la mañana caminando las trochas y veredas del campo castellano, mientras la inclemente escarcha de la umbría, permanece intacta a ras del suelo. La niebla, con su fantasmagórico velo gris es, apenas, rasgado por los suaves rayos solares. La niebla se irisa y, del suelo blanquecino se eleva una bruma como un humo purificador de la madrugada. A través de los montes, los baldíos y la imperceptible línea del macizo galayar se escapa la humienta noche y el tibio sol descubre el atrezzo de la Naturaleza en todo su esplendor.
Rebollos, quejigos y otras variedades del roble –que en Galicia llaman carballo- se mezclan en promiscuo amontonamiento en el verde laberinto del monte con un sinfín de encinas. En la llanada algunas pequeñas parcelas presentan un viñedo sin sarmentar. Las vides, desnudas sus hojas y cortados los sarmiento, asemejan cadáveres mal enterrados que elevan sus manos de ultratumba reclamando al Cielo. En el canchal, la aromática y pegajosa jara todo lo puebla. A un lado y a otro, el tomillo y la mejorana conviven con la aulaga amarilla que ni el más cruel de los hielos consigue arruinar.
El viejo paseante llega a un riachuelo; casi un manadero, donde el helazo ha cubierto de una ligera capa transparente el agua que, en escorrentía, baja alegre y vivaz a unir su caudal al Tietar. Bajo el agua helada el viejo paseante observa el picante berro y ve bailar su imaginario hula-hop a la ova. También descubre a la esquiva trucha parada, contra la corriente, a la espera del andarríos descuidado o la araña tejedora. El viejo paseante, que es friolero y de secano, da gracias a Dios, Nuestro Señor, por no haberle creado pez o almeja e incluso carramaro. Tan solo de pensarlo le da repelús.
Tras dos jóvenes enebros aparecen, de forma fugaz e inesperada, una familia de corzos  que  lucen  sus  blancos  culos  en cuanto descubren al intruso. El macho –noblesse oblige– se vuelve, una vez iniciada la huída, para ladrar al viejo paseante. ¡Qué susto me han dado los cabrones de ellos!.
Al viejo paseante, que ya le cuelga un hilillo helado de la nariz, comienza a caerle una nevada fina y heladora que le enrojece las orejas y la punta de la nariz. Entonces toma el camino del caserío, que se adivina por la presencia de la cigüeña matrona, enseñando al cigoñino el atávico arte de la caza del gusano y del sapo cantarín.
Del pueblo, llega el aroma dulzón, revitalizador del leño del enebro puesto en la chimenea. El viejo paseante acelera el paso al pensar en el reconfortante café con leche y en sus sopas de pan de hogaza. El café con sopas le trae recuerdos infantiles al viejo paseante. Dulces recuerdos de rebanadas de pan de hogaza tostada al fuego y con una capa de natas de la leche recién ordeñada y ligeramente azucarada. Hace frío; mucho frío y la nieve arrecia.
El viejo paseante sube el labio superior hasta tocarse la punta helada de la nariz. Teme que se le quede pegado. El viejo paseante abre los ojos y, descubre para su solaz y gozo ambos brazos desnudos a cada lado del cuerpo; casi como dos solomillos congelados. El viejo paseante descubre, finalmente y con gozo infinito, que todo ha sido un sueño. Nítido y entrañable; eso sí. Pero sueño a fin de cuentas. El viejo paseante, sudando bajo las tres mantas palentinas, se da la vuelta y mete los brazos bajo el embozo. ¡Qué bien se está en la cama!.
¿El señorito no va a salir hoy a pasear?, pregunta la criada del mesón.
El señorito se va a quedar en el cama como un señorito, contesta el viejo paseante que, ante la viveza del sueño anterior, prefiere ser más viejo y menos paseante.

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5 Respuestas a “EL VIEJO PASEANTE EN GREDOS

  1. alegría

    Que bonito paseo por mas que onírico sea……y que dado el trancanzo que se manejaba un viejo paseante hace unos días, de ser cierto y no soñado merecería un calificativo que de piropo no tiene nada: “inconsciente” .

  2. Este viejo paseante me recuerda a alguien, ¿verdad don Angel?

  3. Efectivamente, Alex. Esto del paseo es, como muy bien dice Alegría, un sueño. De la gripe ando mejor, pues Mutriku se ha quedado mi constipado. ¡Da gusto tener alguien al lado tan caritativa!. Gredos está muy bien… desde la chimenea, con un copazo de buen vino y mirándolo desde la ventana, Pero el paseo… ¡vaya que si es un sueño!

  4. viejecita

    Me ha encantado el paseo por el campo, Don Angel. Y lo de que, al final fuera un sueño, más todavía. Porque en ese campo, el paseante no pisaba plastas de vaca, ni se torcía el tobillo, ni se enganchaba la cazadora nueva con un espino, ni le sorprendía un jabalí, ni una víbora, ni se resbalaba y se caía a un charco…

    El campo está muy bien para pasear en sueños por él, para verlo en el cine, o en la tele, o detrás de la ventana de un 4 X 4.
    ¡ Y encima, no hay ni una maldita tienda !

  5. En efecto, Viejecita. Ya sabía que eras de las mías.