ANICETO CARRANCIO. MONJE, ROMERO E INVENTOR

Aniceto Carrancio Baena, monje cartujo, viajante e inventor español, no pasó a la historia de las enciclopedias y de los gruesos tratados góticos, mudéjares, platerescos ni de cualquier otra época, porque en este país de azadón y yunta, ni nos ha interesado la Historia, ni la Literatura ni ninguna de las Artes clásicas.
Al monje cartujo Aniceto Carrancio Baena, se le apareció San Bruno, en su celda de la casa monacal de Cazalla de la Sierra, en la serranía sevillana y echó a andar, tal como le pidió el fundador, un pasito tras otro, como romero atravesando la France y media Italia.
Tras muchas penurias, llegó a Le Puy en Velay, lugar donde partió el obispo Teodomiro, como primer peregrino a Santiago y, de allí, partió hacia La Grande Chartreusse, en Isere, junto al macizo de Grenoble donde, tras recibir alojamiento y cuidados en sus maltrechos pies, pagó su estancia con la creación de un licor, resultado de macerar 130 hierbas distintas y que bautizó con el nombre de Chartreusse en honor a la abadía.
El monje Aniceto siguió su camino y llegó, finalmente, a Roma donde se quedó siete años hasta que reemprendió el camino de vuelta a España.
Pasados los años, un sobrino tataranieto del monje Aniceto, el Aniceto Carrancio Sotoluenga, entró a servir a la regla cartuja en el monasterio de Chinchón, cercano a la capital de España. El Aniceto, que conservaba los escritos de su antecesor, inventó un licor blanco, derivado de la Pimpinella Anisum, que en España llamamos matalahugá, más una base de badián, hinojo y anetol, y al que llamó Ani, abreviatura de Aniceto y que, con el tiempo, conoceríamos como Anís. El Aniceto Carrancio, que era un portento del marketing, envió su bebedizo a Italia, donde tuvo un éxito enorme. Allí le llamaron Anice –léase Anise-, abreviatura de su nombre. Tras implantar el licor en Italia, y una vez cobrados los derechos de propiedad, abandonó la orden y marchó a Francia, donde conoció a una mujer vasca, natural de Valmaseda que se llamaba María. La María era una mujer  recia, como buena vasca, que gastaba barba e incluso patillas de hacha, como si fuera un monosabio o un bandolero. A la María, se conoce que por aquello de la barba (que ya son ganas de señalar), la llamaban María Bizarra –léase Bisarra-, no por lo valiente ni por lo atrevida, sino por las barbas. En Francia le puso el nombre de Anisette Marie Brizart, porque los gabachos no saben pronunciar bisarrak. Algunas malas lenguas dicen que la María Bizarra consiguió la fórmula del anisette de un marinero antillano en una noche de vinho verde y calor, como si fuera aquella otra María de Portugal. El Navegante de El Burgo, que sabe bien la historia, niega la mayor con lo del antillano.
Asentada ya la empresa y con el furor del invento, el Aniceto se propuso pasar a la Historia –hazaña que la Historia negó a su tío tatarabuelo- con un invento a lo grande. Como ya estaba inventado el ferrocarril y el automóvil, decidió inventar la Agencia Estatal de Meteorología. En la oficina de patentes y marcas, un funcionario medio masón y algo sarasa le negó la patente y tuvo que inventarlo con el nombre de Instituto Central Meteorológico.
Lo primero que hizo fue comprar una pizarra y contratar a un hombre que sabía innumerables refranes del tiempo, las borrascas y los chuzos de punta. El Instituto vendía a la prensa los boletines con la predicción para el tiempo lo que le dio algo de fama entre los inventores y los periodistas.
Hasta el invento del Instituto Central Meteorológico los hombres, sobre todo los militares, antes de empezar un desfile levantaban la palma de la mano para ver si llovía. (Ver fotografía)

DESFILE
Cuando pudo pagar la pizarra y la ciclostil con la que hacían los boletines contrató a un hombre que dibujaba muy bien las borrascas y los vientos con una tiza. Este hombre, llamado Mariano Medina, se hizo muy famoso en otro tiempo y acuñó el nombre de “El hombre del tiempo”. Mariano le enseñó a su hermano Fernando los arcanos del dibujo de las tormentas, los rayos y los truenos y ambos hicieron collera debutando en la televisión, invento que se le escapó al Aniceto por un descuido.
Con la muerte de Mariano Medina las mujeres comenzaron a informar sobre el tiempo. La primera de ellas, Minerva Piquero, estaba un poco verde en los secretos de la lluvia pero, por el contrario, estaba buenísima. Eso ayuda mucho, la verdad, cuando no se está muy puesta en las tormentas.
Una vez retirada de la información de El Tiempo la bella Piquero, Antena 3 fichó, para su información meteorológica a Brasero, que tiene apellido invernal y, como es eléctrico a la hora de informar, acaba el informativo en un pis-pas.
El resto ya lo conocen ustedes. La información meteorológica se está imponiendo en los informativos ocupando, en la actualidad, más tiempo que los deportes o que los propios sucesos, que para un país como el nuestro, ya es ocupar. Por fin la Historia, así, con mayúscula, hizo honor a ambos Anicetos. Valga pues esta pequeña crónica laudatoria para quienes, por mor de la ignorancia patria, no tuvieron el reconocimiento que merecían y que, modestamente, desde aquí restañamos.

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4 Respuestas a “ANICETO CARRANCIO. MONJE, ROMERO E INVENTOR

  1. Siempre se aprenden cosas que pensamos desconocíamos.
    Todo esta hilado, en el fondo relacionado y un buen rato hemos pasado.
    AGA

  2. Venancio Buesa

    A esto se le llama un momento de inspiración.

    Un buen 2013 para todos, o, al menos, para los visitantes de este lugar.

    saludos

    Venancio

  3. alegría

    Esperemos que el ya cercano 2013 venga con pocas borrascas económicas y con mucho sol de alegrías, aunque nos obliguen a brindar con los anisetes de María Bisarra que me imagino que habrá sido también la que creó el “Perfecto Amor”. A ver si os saca de la duda D. Angel.

  4. Efectivamente, Alegría. El Parfait Amour es un licor de color púrpura que se emplea bastante en la elaboración de cóckteles, principalmente por su coloración. Podría, incluso, decirse que es licor apropiado para obispos y deanes con mando en plaza.
    La empresa holandesa Lucas Bols reclama su creación, teniendo su versión como base el curaçao, y aromatizado con pétalos de rosa, vainilla y almendras. Marie Bizarrak, usa como base el Burdeos, obteniendo un producto de sabor similar. Otra versión, elaborada por DeKuyper, emplea otro destilado como base, añadiendo limón coriandro y violetas1 como aromatizantes.