ME LA ENVAINO

pirulo hapy

Tras el aluvión de mensajes de todos ustedes reclamando la continuidad del blog y -aquí viene la madre de cordero- la bronca de Mutriku pensando que, a partir de ahora, me iba a tener que aguantar en casa aburrido y tumbado en el sofá, he decidido recoger velas y seguir dándoles a ustedes la tabarra con mis desvaríos. Vean un ejemplo:
Doña Obdulia Carraspio de la Higuera, esposa que fue, hasta que se divorció, de don Régulo Mascareñas Torrubia, se lió una tarde la manta a la cabeza y puso a la venta el negocio que el don Régulo heredó de su padre, el señor Asterio. La doña Obdulia, sobre ser mala consejera era tal desastre que hasta el pobre don Régulo tuvo que quitarle la bolsa y llevar él los gastos de la casa.
Mira Régulo, le dijo un día a su esposo, ese negocio de bragueros y parches de bicicleta de tu difunto padre se ha quedado anticuado.
¿Y en qué pretendes reconvertir el negocio cuando sólo me faltan dos años para la jubilación?
En una coiffure proffessionalle
En una peluquería, vaya
¡Ay, hijo!, dicho así, suena hasta hortera y ordinario. De peluquería nada; se va a llamar Coiffure Soeurs
¿Una peluquería para monjas?
¿Conoces alguna en Madrid? ¿eh?, di… ¿Conoces alguna en Madrid?
Pero si las monjas…
Calla, calla; mamarracho
La doña Obdulia, por las noches, dedicaba su tiempo libre a subrayar palabras que leía en el diario y que, si las encontraba lo bastante rebuscadas, las utilizaba –en formato de barra libre- al día siguiente.
Déjame conciliar mi vida laboral y desarrollar todo el exponencial que llevo dentro.
Dos meses después, como era de esperar, por la coiffure no pasó ni Soeur Citroen y la doña Obdulia tuvo que cerrar el negocio.
La culpa ha sido tuya por gafarme. Tuya y del Clero, que está más anticuado que la decoración del rancho de Bonanza.
Pero mira, Obdulia…
Déjame. No quiero saber nada de ti. Voy a pedir el divorcio. No te quiero volver a ver más.
Y qué es lo que vas a alegar.
Incontinencia de caracteres.
¡Ah!, claro.
La doña Obdulia se divorció del don Régulo y se gastó todo el dinero del traspaso y del saqueo de la cuenta y los bienes del don Régulo en operaciones de cirugía estética. Se operó de todo aquello que alguien pueda operarse.
¿Y el don Régulo?
El don Régulo, el hombre, por aquello de la costumbre y debido a que ya no tenía la tienda de bragueros para refugiarse, acompañó a la doña Obdulia en todo el proceso de recauchutado.
¿Tienes ganas de ver cómo he quedado, Régulo?
Me da mucho miedo, Obdulia. Mira, a mi las mujeres, como las urtas y los besugos, me gustan salvajes; no de piscifactoría.
¡Pero qué inconsiderado eres!.
Desconsiderado, mujer. Y no. No soy desconsiderado. Lo que ocurre es que yo ya estaba acostumbrado a ti. Imagina que ahora te quitan el disfraz de momia y has quedado como Alicia Sánchez Camacho.
¡Qué horror!. Calla gafe. Mira que te gusta desinhibirme.
Es que a mi esto de la cirugía estética…
Pues muchos hombres también se operan.
Sí, pero es para alargarse el pene. Y todos lo hacen para contentar a sus parejas.
Claro, como el señor no ha hecho nunca nada de lo que yo le he pedido…
El don Régulo vio el campo abierto para acercarse nuevamente a su Obdulia.
¿Qué te gustaría que hiciera? Dímelo y yo lo hago.
No. Si luego no lo vas a hacer…
Que sí; mujer. Yo por ti, lo que me pidas.
¿A que no?
Dime y lo verás.
A que no te alegrarías el pene.
Alargarías, Obdulia. Se dice alargarías y bueno… verás… es que yo…
¿Lo ves? ¿Ves como no ibas a hacerlo?
Es que a mi, esos aparatos mecánicos que te ponen, me dan dentera. No sé… yo, es imaginarme ese hierro subiendo y bajando de forma hidráulica y sin ningún dominio de él…
Si ahora ya no se hace así. Ahora se utilizan trozos de donantes que son del mismo grupo sanguinario
Sanguíneo, Obdulia.
Qué más da. Ahora te ponen, como a las mangueras de riego, un trozo con una especie de rosca, pero por dentro, y te queda perfecto.
Pero yo…
¿Lo ves, Régulo?. Ya sabía yo que no me querías
El don Régulo cruzó el rubicón. Dime donde y cuando y yo me opero.
¿De verdad?
Llama al médico y pídele hora.
¿Está usted seguro, don Régulo?, le preguntó el médico.
¡Claro que lo está!, doctor. ¿Verdad que sí, Régulo?. Dígaselo usted, doctor, ¿verdad que la operación no tiene contradiciones?
Contraindicaciones, Obdulia. ¿No las tiene, doctor?
Bueno, verá usted. Toda intervención tiene un riesgo. Lo que ocurre es que, este tipo de cirugía ya ofrece una seguridad en sí misma por la experiencia y la preparación de los médicos.
Bueno; se dijo don Régulo. Que sea lo que Dios quiera.
Pasaron diez días desde que al don Régulo le operasen en la clínica. A la doña Obdulia ya le habían retirado las vendas y, a decir verdad, daba menos miedo que antes pero aún así, esa lucecita peligrosa del fondo de ojos, no se lo consiguieron quitar.
Hoy te quitan la venda, Régulo ¿tienes ganas de ver cómo has quedado?
No; Obdulia. Miedo es lo que tengo. Mira que como se me vuelva loco el mecanismo en el metro…
Calla. Gafe; que no haces más que disfuncionar la realidad.
A ver si podemos operarte también de la lengua, Obdulia…
La entrada del doctor contribuyó a relajar la tensión entre el matrimonio.
Bueno, don Régulo. ¿Está usted preparado?
Bueno, vamos a ver
El doctor fue retirando las vendas poco a poco. El don Régulo no quiso mirar hasta que no le avisasen de que estaba todo al aire. No quería ni imaginarse cómo podría estar aquello tras la operación.
¡Oh!, dijo la Obdulia. ¡Vaya pirulo!
¡Obdulia!. No sean soez ni barriobajera
Si es que menudo pirulo te ha quedado. Mira, mira…
El don Régulo abrió los ojos y quedó como alelado
¡Pero Régulo! ¿Qué te pasa? Te has quedado plastificado.
Petrificado, Obdulia. Dijo como un autómata.
¿Pero tu has visto eso? ¿Se puede saber qué es?
El trasplante, Régulo. ¿No te gusta?
Pero si parece….
¡Un pirulo!, Régulo. ¿Verdad que sí?
Pero que pirulo, ni que niño muerto. Si parece la minga de una cebra. ¿Se puede saber qué me ha hecho usted, doctor?
Su esposa eligió al donante. A ella le hacía ilusión que el donante fuera de raza negra, y los dos trasplantes se los pusimos en el orden que su esposa dispuso.
¡Obdulia!. ¿Qué me has hecho?
Verás cuando vayamos a casa y se lo enseñes a las vecinas y a los amigos. Vas a ser la comidilla del casino; Régulo. ¡Qué feliz me has hecho dándome el capricho!.
El don Régulo no supo qué decir. Lloroso miraba el trasplante y, como en un flash, le vino a la mente aquello que la doña Obdulia no paraba de repetir: el helado Pirulo que la doña Obdulia relamía entre horchata y horchata en los veranos de Javea.
En fin, que a mi, con el blog, me ha pasado, aunque en otro orden de cosas, lo que al don Régulo con el pirulo. Menos mal, que tanto el don Régulo, como yo, vivimos en un piso bajo…

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11 Respuestas a “ME LA ENVAINO

  1. viejecita

    Supongo que ahora tendremos que entrar y decir alguna cosa ad-hoc, para demostrar que hemos venido a leer…
    Pues no pienso, que esos “arreglos” me dan dentera. Con decir que me encantaba Doña Sofía, y que después de ver sus últimas apariciones en los vídeos de su visita a D.J.C. en la clínica, me estoy pasando a Merkel…

  2. Muchas gracias, María, por tu visita. No es preciso, fue una mala interpretación a una “alubiez” del Navegante.

  3. Jose Maria

    !leches si ahora va a ser el Navegante el culpable jijiji!

  4. Je,je, prometo , como viejecita, poner algún comentario por aquí. José maría mira que no t’enteras, seguro que no te habías lavado las orejas…

  5. Diosssssss. Si mi mujer me sugiere algo así, no se lo que haría. Menos mal que nunca me casé 🙂

  6. Ah, no. Hoy toca no comentar, para fastidiar, 😉

  7. ¡Grande!, Plaza.

  8. Fresita Magenta

    ¡Hay que joderse! ¡Casi me mata Ud. de la risa! En espera del pase a mejor posición de Dª Obdulia, me pongo a acelerar inmediatamente el cambio de sexo para ponerme a los pies de D. Régulo… Ja, ja, ja, ja,…

    Bueno, bueno… ¡Lo suyo no tiene perdón de dios D. Ángel! Darnos esos sustos para después salirnos con estas… (siga, siga, no pare)

  9. Venancio Buesa

    Pirulo rima con atún.

    No cuadra con el post, pero por lo menos anima.

    ¿O no?

    saludos

    Venancio

  10. Fantástico, me ha encantado la historia, pobre hombre…lo que se llega a hacer por Amor, jaja.
    También me alegro mucho de que siga escribiendo Ángel, así podremos seguir leyendo historias únicas como esta.
    Yo he llegado hasta aquí gracias al Navegante (a través de Facebook)
    Saludos.
    Rita

  11. ¿Pero Ángel, como se te ocurre hacer caso al Navegante? jajajaja (es una broma, José Maria). Me alegro muchísimo que hayas recapacitado si sigas deleitándonos con tu fabulosos posts.