DESNUDISTAS, PÍAS SEÑORAS Y SORIA AL FONDO

DESNUDISTAEl mayor Charles C. Edward-Hodge dejó escrito en su manual del comportamiento humano “Psicosomatización de la actividad natural, apareo, entorno y estructuras modulares en los cestodes de la orden Cyclophyllidea y otros endoparásitos en documentales televisivos” que una sociedad que, tras la ingesta de un cocido de tres vuelcos, se tumba en el sofá y se papa “Cifras y letras” y luego el documental de La 2, no sufrirá ni de hemorroides ni del rijo propio de los rifeños de Abd el-Krim. Sí que es posible, y esto el mayor Charles C. Edward-Hodge no pudo aseverarlo, que sufra de insomnio por las noches y se las pase bebiendo agua anisada del botijo.
Don Ludovico Megías Guidotti era partidario de la helioterapia y del desnudismo integral o caminar, por decirlo más a la ligera, en porreta picada. Además de ello era partidario furibundo de la ingesta de vegetales crudos o dieta crudífera. Al don Ludovico, pues, ni le afectaba la televisión, ni el cocido, ni los endoparásitos dado que, él estaba acostumbrado a comerlos entre la penca del apio y las barbas del puerro puesto que ni lavaba los vegetales ni las verduras. El insecto que se quiera bañar, que lo haga, decía él todo lleno de razón…
Don Dictino Nicolás Villamagna, por el contrario, se metía entre pecho y espalda dos tazones de caldo con su fideo cabellini; un plato abundante de garbanzos con aceite de oliva y vinagre y, de tercer vuelco, otro plato de garbanzos fritos de esos que llaman ropavieja. Después del flan de huevo con nata se volcaba sobre el sofá y hasta que no acababa Cifras y letras y el documental de bichos o, en su defecto, la carrera de bicicletas que llaman Tour de France no abría los ojos.
La María del Divino Corazón de Jesús, que era la esposa del don Dictino era ver a su marido volcarse sobre el sofá y cogía el velo y el misal y se echaba a la calle para llegarse hasta San Saturio y decir una misa para que su Dictino cogiera tirria al televisor. Se conoce que la María del Divino Corazón de Jesús pedía sin mucho fervor porque el don Dictino cada día se acostaba antes.
El Ludovico, por su parte, era cascarse una docena de puerros con sus barbas y su tierra, y salía a tomar el sol en el Monte de las Ánimas. El ser partidario de la helioterapia y del desnudismo en Soria es algo de mucho mérito. Sobre todo una vez que se pasan los Santos y se acerca el nevazo.
¡Pero oiga!, tío marrano. ¿Se puede saber a donde va usted en cueros, como si fuera un animal?. Vacceo, huno, troglodita; le gritaba la María del Divino Corazón de Jesús. Será posible… La pareja; ¿dónde está la pareja?, preguntaba a voz en cuello la bigotuda esposa del don Dictino.
Ahí la tiene usted, señaló otra de las pías rezadoras, señalando a una escuálida pelirroja que se aculaba tras una zarza.
¡No, mujer!. La pareja de la guardia civil. No la hembra del animal ese. La pareja de la guardia civil.
El don Ludovico y la Sonsoles, la pelirroja, que era algo novia del don Ludovico salieron corriendo como alma que lleva el diablo hacia el barrio de Los Pajaritos.
¿Te das cuenta, Sonsoles?. Esto en países avanzados, como Islandia, no ocurre. Allí anda todo el mundo en canicas y, si alguien protesta, como la inquisidora de antes, va a la cárcel como han ido el presidente de la república y los banqueros.
¡Lo que nos queda aún por aprender, Ludovico!.
Y tanto, Sonsoles. Y tanto.
La María del Divino Corazón de Jesús llegó a casa tras tenerse que detener en seis boticas para que la dieran sales a oler. Cuando consiguió abrir la puerta el don Dictino se estaba espabilando.
¡Qué disgusto, Dictino!. ¡Que disgusto!
¿Pues qué ha ocurrido?
Un hombre y una mujer. Como dos zulúes. En pelota con todas sus cosas colgando y sin ningún pudor. Como dos bárbaros. ¡Que escándalo!.
¿No estarían rodando algún anuncio, o alguna película de Torrente?
¡Siempre con el televisor!. Te vas a condenar. Vas a ir al infierno de la televisión.
Mira…, se dijo el don Dictino por lo bajinis. ¡Dios la oiga!
Le he llamado por teléfono a Jesús para que arregle esto.
¿A Jesús? ¿A qué Jesús?
A Jesús Posada. A quien va a ser si no…
¿Pero tu crees que el presidente de las Cortes está para arropar a un desnudista?
Pues ha sido muy amable. Ha llamado a Antonio Pardo para que mañana les tiendan una celada y podamos pillarlos con las cosas en la masa…
A la tarde siguiente, cuando Jordi Hurtado apareció con esa sonrisa escayolada de cada tarde el don Ludovico y la Sonsoles salieron de casa con una menguada camiseta y un pantalón de hacer deporte. Por su parte la María del Divino Corazón de Jesús se pertrechó con su velo, su misal y un paraguas de doble ballestas y salió en dirección al Monte de las Ánimas. Los helioterapeutas se quitaron la camiseta y se bajaron el pantalón. Doblaron el mismo junto a una zarza y comenzaron a hacer gimnasia. Sobre las puntas de los pies; brazos estirados y una… y dos… y tres…. No les dio tiempo a llegar al cuarto. Desde detrás de unos chopos salieron media docena de guardias civiles, otros ocho guardias municipales, las dos beatas y hasta el santero de San Saturio. Al grito de ¡A por ellos!, se abalanzaron sobre el don Ludovico y la Sonsoles que se vieron sorprendidos.
El presidente de la Excelentísima Diputación Provincial, el que fuera turuta en la banda de El Burgo de Osma, excelentísimo señor don Antonio Pardo Capilla, envió un christmas a la María del Divino Corazón de Jesús en el que San José y la Virgen atendían a un pequeño niño regordete. Por indicación expresa del señor Obispo de El Burgo se habían retirado el buey y la mula para no molestar al Nuncio. El texto era muy amable y simpático. Querida doña María del Divino Corazón de Jesús, aprovecho para felicitarle a usted y a don Dictino las Navidades. Saben que me tienen a su disposición para detener sátiros, heliotropistas y gimnastas. Quiera Dios, Nuestro Señor, que nos dé la suficiente salud y tiempo en el gobierno para acabar con todos ellos. Su amigo, Antonio. Firmado y rubricado.
La María del Divino Corazón de Jesús colocó el christmas sobre el tapete de ganchillo del televisor mientras que el don Dictino gruñía para que no se colocara entre el sofá y la sonrisa blanca, casi un rictus, de Jordi Hurtado.
Sonsoles. ¿Sabes qué te digo?
Dime, Ludovico.
Que si el mayor Charles C. Edward-Hodge hubiera vivido en Soria, en lugar de dejar escrito su manual del comportamiento humano “Psicosomatización de la actividad natural, apareo, entorno y estructuras modulares en los cestodes de la orden Cyclophyllidea y otros endoparásitos en documentales televisivos”, hubiera escrito una encíclica. ¿No te parece?
Eso si no le hubieran quemado, por hereje.
Pues sí. También es cierto…

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