DIÁLOGO DE BESUGOS

El rey galaico tenía los dos ojos autónomos. El de babor lleno de pitarrosas legañas y el de estribor con un derrame sanguinolento. Al rey galaico, se conoce que para que curase en poco tiempo, le dieron una inyección de trementina, que como todo el mundo sabe es la resina pegajosa del lentisco de Quío y que se emplea como perfume y en la preparación de barnices.
¡Anda!, pues yo pensaba que fluía de los pinos, abetos, alerces y terebintos.
¡Y usted qué coño sabe!
Pues también es verdad.
El rey galaico, se conoce que a por efecto de las inyecciones de trementina le salió la barba azulada y moteada como el lomo del asno de Buridán.
¿El del teólogo escolástico discípulo de Guillermo de Ockham, defensor del libre albedrío y de la posibilidad de ponderar toda decisión a través de la razón.?
El mismo que viste y calza.
¡Qué tío!
Si no deja usted de interrumpirme me voy con la música a otra parte.
Usted perdone. Siga, siga.
El rey galaico silabeaba cuando hablaba y no se sabía si iba o venía cuando miraba de frente. El rey galaico tenia un paje que, al ser mujer, resultaba sota más que paja. La sota del rey galaico era hija de Soria.
¿De Soria el del blog?
No, hombre. ¡Cómo va a ser de ese Soria! De la provincia de Soria. De Berlanga de Duero, para ser más exactos.
¡Ah, bueno!.
Como decía, la sota de espadas había sido panadera lo que le confería mucha miga a sus decisiones políticas. La sota del rey galaico era tan bajita que en lugar de sota parecía el siete de espadas.
No me diga…
¡Silencio!
Perdóneme. Siga. Siga
El rey galaico tenía además, otra sota –la de oros- casada con un pongo y que era manchega de conveniencia aunque nacida en la Villa y Corte.
¿Qué es un pongo?
Un marido al que ponía y quitaba de distintas empresas públicas para que le alegrara las cartillas de ahorros y las cuentas corrientes que, en el caso que nos ocupa, eran de todo menos corrientes.
El rey galaico no hablaba más que el céltico continental, el galaico y el irlandés. El rey galaico no hablaba ni el inglés ni el francés que son idiomas de subsecretarios y gente de poco pelaje como bien se sabe. Con el resto de los reyes de la Europa continental y hasta insular, el rey galaico hablaba valiéndose de señas y dengues con gran soltura y fluidez. En esto han ganado los reyes europeos ya que, con el rey leonés, no encontraban manera de entenderse pues, al ser de pellejo estrecho, parecía que todo le hacía gracia.
El rey galaico regala hospitales, ambulatorios y clínicas como si fuera el cuarto rey mago al pongo de la sota de oros, según cuentan los periódicos y las lenguas de doble filo. El rey galaico hace las cosas con mucha tristeza y contra su voluntad, pues a él lo que le gustaría es cumplir con su programa y subir los sueldos, las pensiones y hasta las subvenciones a todos sus súbditos, ya sean estos empresarios del ramo del caterín y la caña con limón o sindicalistas a la fuga. El rey galaico, por ello, sufre y pone carita de circunstancias cuando aparece en los telediarios.
El rey galaico es alegre y gasta la boca grande y deslabazada y los ojos –según ya quedó dicho- autónomos y sin control. El rey galaico cuenta, además de con las dos sotas, con dos recaudadores que le administran la miseria de la caja fuerte. El uno, burgalés de voz afinada y chillona como la de las tiples del teatro de La Latina y el otro, madrileño y con el pelo transparente. El recaudador burgalés tiene la cara rara, como la del mago Tamarit, aunque, eso sí, sin chistera y sin su habilidad para los trucos. El recaudador madrileño del pelo transparente es de aspecto más áspero y torvo y acojona cuando te mira. El recaudador madrileño, fue cocinero antes que fraile y a él no le extrañan los vaivenes de las bolsas y los mercados financieros. El recaudador madrileño tiene suerte con que este año sea seco. Al tener el labio inferior un palmo más salido que el superior podría ahogarse si lloviese.
El rey galaico conoce las ciencias ocultas y fueron discípulos suyos Zoroastro, -de quien Plinio el Viejo dijo que había nacido con una sonrisa en los labios lo que le auguraba una sabiduría divina-, Visnu, Brahma y la señora Obdulia que abandonó la ciencia oculta para dedicarse a la reparación de mancaduras y otras tisanas para adelgazar.
El rey galaico…
Oiga usted. A mi me parece que el rey galaico este que usted cuenta es un poco pichafría ¿no le parece?
Pues podría usted haberlo dicho antes y me había ahorrado el darle toda la explicación. Estamos buenos. Media hora contándole a usted los arcanos del advenimiento del rey galaico para que me corte cuando llegábamos al final con eso del pichafría.
Usted perdone, pero es que se habla usted como una Singer y yo lo que estaba haciendo era esperar el autobús 150 para ir de Sol hasta el Pinar de Chamartín. Mire por ahí viene, así que tengo que dejarle a usted.
¿Y ahora que pretende usted que haga yo?
Pues mire usted, aquí este joven, que tiene rasgos orientales tendrá mucho gusto en escuchar su explicación. ¿Verdad joven?.
Yo buscal autobús Fuenlablada. Polígano Cobo Calleja…, dijo el chino.
¡Anda!, pues ahora que lo dice usted, le voy a contar la historia del señor Cobo Calleja, padre del anterior vicealcalde de Madrid, don Manuel Cobo…

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