DON ANSELMO LAREIRO MOAÑA, LAÑADOR PROFESIONAL Y ESCULTOR ABSTRACTO

El mal tiempo desluce mucho las meriendas en el campo. A veces, el tiempo se encabrona y desluce mucho las meriendas. ¡Claro que sí!. Don Anselmo Lareiro Moaña, lañador profesional y escultor abstracto siempre que iba al campo a merendar le caía la del pulpo. Al señor Anselmo no le gustaban ni las mujeres, ni el fútbol, ni los toros. Al señor Anselmo sólo le gustaba la paella en el campo y la escultura abstracta.
Mire usted, señor Anselmo, le decía el señor Domingo, usted, de poco tradicional que es, parece nórdico. Si en lugar de ser bajito y moreno fuera alto y rubio parecería usted un nórdico de Bulgaria o de Rumania.
Pero si esos no son un países nórdicos, le contestaba el señor Anselmo.
¡Hombre!, serán más nórdicos que Portugal o Andorra ¿no le parece?
Bueno. Desde esa óptica, amigo Domingo, sí que lo es.
Un día en que el señor Domingo estaba cortando jara para hacer una paella, le dijo al señor Anselmo.
Oiga usted, dilecto amigo Anselmo. ¿Por qué no hace usted una escultura que refleje la salida del astro sol por las cumbres nevadas del Guadarrama?
Por que no me sale de los cojones; contestó el señor Anselmo.
¡Huy!. Vaya contestación –se quejó amargamente el señor Domingo-.
El señor Anselmo le pegó un patadón a un avispero en dirección a la paellera y fue a caer sobre el asa de la misma. Al señor Domingo -se conoce que de rebote- le cayeron sobre el tupé dos cangrejos de río y un mejillón sin su concha. Las avispas, ávidas de marisco y enfurecidas por el patadón le picaron hasta en la goma del calzoncillo.
¡Mala suerte!, amigo Domingo. Lo único que toca ahora es resignación. Mucha resignación, Bálsamo Bebé y polvos de Azol para las picaduras.
Ya, ya; amigo Anselmo. Si usted me lo permite, yo quisiera hacerle una pregunta si es que a usted no le parece mal…
No, hombre. Cómo ha de parecerme mal. Diga, diga.
¿Usted dirigió el avispero hacia mi?.
¡Hombre!, Anselmo, ni que fuera yo el Puskas ese del que habla el periódico. Ya sabe usted que a mi esto del fútbol y los toros no me va. ¿Cómo habría yo de saber dirigir el avispero hacia su persona?. Eso son casualidades. Igual Dios Nuestro Señor, en su magnificencia, decidió que debía castigarle a usted por sus pecados.
Pero…
Ni pero, ni gaitas, dijo el señor Anselmo, mientras echaba un ojo a un orinal que había junto a la pata de la cama.
No, Anselmo, el orinal no, dijo el señor Domingo mientras se cubría la cabeza con el codo.
Le he traído este libro, Domingo, para que vea que no le guardo rencor por chafarme la paella con eso de sus dengues con las avispas.
Usted siempre tan amable, amigo Anselmo. Traiga, traiga, que lea el título.
Recolección y secado del te rojo en Ceilán. ¡Interesantísimo!. Señor Anselmo. Muchas gracias… No tenía usted ningún tipo de obligación.
Eso ya lo sé, contestó el señor Anselmo. ¡Estaría bueno que tuviera obligaciones con usted después de venir hasta aquí para visitarle!.
Por eso lo digo, amigo Anselmo, por el esfuerzo que ha hecho usted en venir a visitarme.
Esto de tomar el te, amigo Domingo, es cosa de personas… ¿como le diría yo…?. Así como usted. De poco fundamento. Los hombres somos otra cosa ¿sabe usted?. Nosotros somos más de vermú y de coñac con seltz; pero ¡claro!, tratándose de usted ¿qué mejor que tomar el te?
¡Que bien me conoce usted!, amigo Anselmo.
Usted, Domingo, por su forma de ser, será muy de Chopin ¿verdad?. Que si valses, que si polonesas, que si mazurcas, que si nocturnos y, cuando menos lo espere, ¡zas!, una lagarta como la Varonesa Dudevant se lo lleva a Mallorca y acaba usted tísico como un mico.
Pues no, amigo Anselmo yo, como bien sabe usted, soy romántico, ¡como voy a negarlo!, pero las mujeres no se me han dado nunca bien; esa es la verdad. Sin embargo usted sigue célibe también pese a no ser un romántico.
Yo estoy casado con mi arte, Domingo. Con mi arte y con las lañas y el barro y las tallas y no admito injerencia de nadie en mi vida privada ¿estamos?
Pues sí, amigo Anselmo. ¡Claro que estamos!. Espero que no se moleste conmigo.
Otra cosa es que hablase usted de mis obras. Eso sería crítica y no injerencias.
Claro, claro…
Se da usted cuenta, Domingo, que si en lugar de repartirse las avispas sus menguadas carnes, se hubieran cebado con los ojos, hoy sería ciego y tendría asegurado el trabajo con lo del cupón.
¡Caray!, Anselmo. Dicho así…
¿Y cómo habría que decirlo?. Usted siempre con los paños calientes y simulando sorpresa con cada cosa que le digo. A fin de cuentas, y ya que le han picado, podrían haberlo hecho sólo en un sitio. Si usted prefería librar los ojos, podría elegir cualquiera otra parte del cuerpo. No sé…, los brazos, por ejemplo. Mire usted, en Mutriku, como no hay ciego han habilitado a un cojo para que venda el cupón.
Si, amigo Anselmo. Pero es que yo preferiría seguir con todo mi cuerpo como antes de las picaduras. Aunque no tenga trabajo.
Así va España. Aquí no trabaja nadie. Aquí solamente trabajamos los lañadores, y algún que otro escultor de éxito.
¡Ya está lloviendo otra vez!. ¿Lo ve usted?. Ha esperado hasta el sábado para chafarnos la paella. Esto es un conspiración de los hombres del tiempo. ¿No le parece?
Yo, Anselmo, si a usted no le parece mal, preferiría no volver al río a hacer la paella. Igual todavía siguen allí las avispas. ¡Menuda furia, las condenadas!.
¡Y hasta cuando tendremos que esperar para comer paella otra vez!. ¿Ve como es usted un espíritu vano?. ¡Hay que tener más agallas, hombre!. Me pone usted enfermo todo el día lamentándose de no sé que cosas…
Hombre, Anselmo. De no sé qué cosas; no. ¡De las avispas!.
De las avispas, de las avispas… ¡le daría así!
El orinal no, Anselmo. El orinal no…

Anuncios

Una respuesta a “DON ANSELMO LAREIRO MOAÑA, LAÑADOR PROFESIONAL Y ESCULTOR ABSTRACTO

  1. Oiga don Angel, anda usted un tanto surrealista. Me rio y disfruto leyéndolo a pesar de lo loco que es lo escrito….