VARÓN, BLANCO, HETERO Y GORDO. CUATRO VECES DISCRIMINADO

Antes de ser un hombre frustrado, Carlitos, el hijo de don Carlos Borromeo fue un niño incomprendido. Es lo que tiene marcarse unos objetivos en la vida; que luego se incumplen y acaba marcándote para siempre.
¿Qué vas a ser cuando seas mayor”, le preguntaban los amigos de sus padres.
Jubilado; contestaba él.
No; ¡hombre! le decían, ¿qué vas a ser cuando tengas que elegir oficio?.
¡Ah!, decía Carlitos muy serio y circunspecto. Rey Mago. Quiero ser el rey Baltasar.
Pero si tu eres blanco. ¿Cómo vas a ser el rey negro?.
Los mayores son insensibles y despiadados y enseguida desmontan tus sueños. A los mayores les importa una higa que los niños tengan sus aspiraciones y sus anhelos para comenzar su andadura en la vida. Los mayores siempre quieren quedar encima, como el aceite, y no dudan en hacer fracasar las infantiles aspiraciones.
Pues si no puedo ser rey negro, no quiero ser nada.
Pero Carlitos, le decían los amigos de sus padres y las visitas pesadas y besuconas, búscate otro oficio. No sé, decía don Pancracio, que era tradicionalista y algo de las JONS. Un oficio que te sirva para hacerte un hombre el día de mañana y te haga sentir útil al servicio de la Patria.
Entonces, decía Carlitos, quiero ser niño de San Ildefonso.
Eso ya es otra cosa, ¿ves?
El papá de Fidelino, tu amiguito, es patrono del Real Colegio de San Ildefonso y verás como no tiene inconveniente en que puedas estudiar en él.
No, si yo no tengo ninguna ilusión por estudiar en ese colegio, dijo Carlitos, que ya para entonces tenía 22 años y pesaba 21 arrobas.
¿Entonces?
Es que, siendo niño de San Ildefondo, se trabaja solamente un par de semanas al año, entre el entrenamiento y el día 22. El resto del tiempo se está uno tocando las narices. Además, dijo Carlitos, siendo antiguo alumno del Colegio de San Ildefonso puedo ser miembro de La Real, Muy Antigua e Ilustre Cofradía de Caballeros Cubicularios de San Ildefonso y San Atilano.
¡Huy!, decía su padre. ¿Y eso que es, Carlitos?
Pues no lo sé, padre. Pero ¿a que ninguno de tus amigos y de tus visitas es caballero cubiculario de San Ildefonso y San Atilano?
No; esa es la verdad.
¿Y no preferirías ser paseante en Cortes, o diputado por el Tercio de Familia?
¡Padre!, repórtese usted, que soy su hijo. ¡Mira que pretender que sea político!. Menudo baldón en la familia. En nuestra familia todo el mundo ha sido honrado y ha vivido de su trabajo. Unos más, y otros, como yo pretendo, menos. Pero siempre, viviendo de su trabajo. En nuestra casa nunca ha habido un político ni ninguna porquería de esas. ¡Habrase visto, qué ejemplo para un hijo!
Perdona, hijo. Tienes razón. Es que la duda me tiene en un sin vivir y no sé ni lo que me digo. Entonces, ¿quieres que hable con el papá de Fidelín para ver si te puede buscar una plaza en el colegio?
Ya veremos, padre. Tengo que pensarlo muy bien. Tengo, además, otras opciones que estoy estudiando.
¡Qué ilusión, Carlitos, hijo mío!. ¿Cuáles son esas otras opciones?
Quiero ser banderillero
¡Pero hijo!, que eso es muy peligroso. Además…, con tu peso… No sería mejor picador.
Ya sabes que me dan miedo los caballos.
¿Y no tienes otra opción?.
Pues sí; tengo una última opción: me gustaría ser cantante de country, como Dolly Parton.
¡Plaf!. Don Carlos Borromeo cayó al suelo como si le hubiera dado un uppercut el mismísimo Paulino Uzcúdum.
Señorito, huela usted estas sales, le decía la Petronila mientras le pasaba un frasquito de vidrio bajo la nariz.
¡Desde luego, Carlitos, no tienes caridad cristiana con tu padre!. ¡Hay que ver!, le riñó la Petronila mientras volvía a su cocina.
Don Carlos Borromeo nunca más volvió a hablar del futuro con su hijo. Una mañana, mientras leía la Hoja del Lunes, vio a Carlitos más abatido que de costumbre.
¿Qué ocurre, hijo?
Vengo de hablar con el Defensor del Menor.
Y que te ha dicho.
Que con mi edad tenía que hacerlo con el Defensor del Pueblo.
¿Y…?
Pues que he ido a verle y no me ha solucionado nada. Dice que, el mío, en un caso típico de triple discriminación. Por razón se sexo, de raza y de peso, que aunque, en este último caso, no está tipificado en el Código Penal, está en ello la vicepresidenta del gobierno, que también está de buen ver.
¿Y va a tomar medidas?
Pues dice que no. Que el mío es un caso raro. Dice que de ser discriminado por ser negro, mujer o por no tener un 18% de índice de masa corporal, tendría alguna posibilidad. Pero que siendo hombre, blanco y gordo lo tengo pero que muy mal.
¿Y que tengo que hacer?, le he preguntado.
Y me ha dicho que no lo sabe. Que si fuera gay, tendría una oportunidad en la televisión. Pero que mi caso es muy raro.
Desde luego, hijo. Mira que ser varón, heterosexual, blanco y gordo…
Y que lo digas, padre. ¡Y que lo digas!

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